Ceder a la Tentación


Bueno, este pequeño relato lo soñé y lo escribí pensando en Mu y Shaka luego de todas las guerras habidas y por haber. Espero les guste, en tanto me voy a descansar, disculpen si cometí errores y háganlo saber. Buenas noches.

Disclaimer: Los personajes son de Masami Kurumada y ToeiAnimation. Escribo por diversión y sin fines de lucro😄.

Buscando en el Tubo encontré el opening adecuado para este fic.

CEDER A LA TENTACIÓN

Después de tantos años regresé a mi casa. Esta era la primera noche luego de mucho tiempo que disfrutaría de mi antigua cama. Tomé mi lista de apuntes para añadir alguna actividad nueva para el día de mañana. Anotaba yo cuidadosamente las cosas que debería hacer, cuando me vino a la mente, “Shaka el santo de Virgo” sonreí al saber que aún recordaba los días que me embromaba constantemente, el por qué escribía yo mi programa de trabajo; pero ¿cómo iba a cumplir con mis quehaceres cotidianos si no los organizaba la noche anterior?. Sonreí un poco al recordar sus bromas y termine mi lista antes de ceder a la tentación del sueño. “Mañana sería un día como siempre atareado”.

_ Buenas noches Shaka.

Por la mañana ni bien abrí los ojos le di un repaso a mi lista, destacaba al inicio, “limpiar el desván” cogí mis prendas y me dirigí a tomar un baño. Luego de despejarme ya muy presto a iniciar el día me dirigí a mi primer quehacer.

_ ¡Por Athena!, ¡limpiar el desván! _ si debía ocupar nuevamente la casa de Aries, debía hacerlo. Sin ánimo alguno comencé a sacar uno por uno los objetos viejos y empolvados que acumule por años. Encontré antiguas herramientas celestes, seguramente provenientes desde la era del mito, algunos zapatos cuyo par se había perdido, fotografías antiguas y algunos retratos, a las que por falta de tiempo nunca logre colocarlas en un álbum o encontrarles un lugar en la casa. Hallé también en un rincón el cálido marco de un asador campestre, seguí limpiando sin mas remedio distraído y termine por darme un duro golpe en la cabeza contra un estante del cual algunas bolsas se descolgaron.

_ ¡que dolor! _ exclamé en tanto uno de los bolsones llamó mi atención.

Recordé así, las risas que a los 12 caballeros y a mi nos había causado el día que compramos esta bolsa. Fue antes de la guerra con Hades cuando tan solo en sueños podíamos darnos un ligero descanso como tanto anhelamos “todos juntos”. La muerte era misión nuestra y la aceptamos como nuestro destino, sin embargo, al final de cuentas ese día seguimos nuestras fantasías al llevarnos ese enorme tejido hindú cálido y suave como ninguno.

_ El día menos pensado nos veremos juntos sobre esta hermosa colcha, todos juntos disfrutando de la paz que reinara en nuestras vidas. _ Nos prometimos. No era una mentira, era sólo un lejano sueño.

Al llegar a casa nuestro sueño fue depositado aquí, en el desván del primer templo del santuario.

Me tome un tiempo para meditar mientras terminaba con la limpieza, una sola idea ocupaba mi mente, “se acabaron las guerras”. Sin embargo el rigor del santuario no había cambiado en lo absoluto, al contrario todos habíamos madurado y dejado de lado esos sueños adolescentes para vivir en la realidad. ¿Acaso no luchamos para lograr y defender la paz a cualquier costo? Es cierto que ganamos, lo logramos, es cierto que seguimos vivos, ¿entonces?…

Con gran sorpresa mía, salí de casa al encuentro de un brillante y hermoso sol. Eché un vistazo a mi jardín, no se comparaba con el enorme y bello jardín de Afrodita, pero el mío era hermoso sin duda. Coloqué el Asador entre el verde césped, tal y como algún día soñé que sería; cargué conmigo el bolsón con el algodón hindú tejido a mano y disfrutando de aquella suavidad lo extendí a la sombra de los arboles. “Si, así debía ser” suspiré al ver todo en su lugar.

Interrumpió mi ensueño la voz de mi pupilo Kiki, había pasado parte de la mañana y por andar divertido se me olvido el desayuno. Un rubor se hizo sentir en mis mejillas, mientras mi discípulo disculpó mi falta con una sonrisa. Kiki siempre tan a comedido traía consigo una fuente con una jarra helada de zumo de naranjas. No es por ensalzarme, pero definitivamente mi pequeño pupilo era el resultado de un buen maestro. Miré con detenimiento mi lista de obligaciones.

“Es el momento de tu entrenamiento habitual Kiki”. Pero por esta vez, me dije, no sin cierto sentimiento de culpa.

_ Tu y yo descansaremos mientras desayunamos aquí. _ encendí la parrilla y preparé algo para mi discípulo quien con asombro no discutió la orden y me acompañó en silencio, por primera vez en mucho tiempo Kiki cayó y se relajó a mi lado sintiendo nuestra compañía placentera mientras admirábamos los mágicos rayos del sol caer sobre la sombra, haciendo que el momento sea único. Mi pupilo me observaba y sonreía, de vez en cuando cerraba los ojos y apreciaba el paisaje. Tenía el presentimiento de que algo quería preguntarme, pero, no lo hizo y los minutos corrieron como la hermosa luz que caía sobre el jardín.

Disfrutaba de la brisa y me deleitaba con el primer producto de aquella asadera, me sentí inundado de un sosiego absoluto. Al rato, el sentimiento de culpa me acometió: “este mundo, obra de Dios, seguirá aquí mañana”, pero:

_ ¡Kiki necesitara del entrenamiento hoy mismo! _

Así que sin mas remedio, terminé mi momento de sosiego. Ya transcurrían las 4 primeras horas de la mañana cuando al regresar del entrenamiento me encontré con los gemelos de la tercera casa.

_Hola Saga, hola Kanon.

_ Ya era hora de que regreses Mu _ respondió el gemelo mayor. Brindando seguridad a sus palabras.

_ Acabo de instalarme apenas ayer. Esta vez me quedare por más tiempo. _ respondí sin dejar de caminar hacia la salida.

_ Cuando quieras pasa a visitarnos. _ Escuché de kanon.

Ya casi terminaba de pasar su casa cuando una espina se hundió en mi corazón al imaginarme a los gemelos descansando en mi precioso jardín: “ellos debían recordar” me dije.

_ Si desean, pueden acompañarme a mi templo. Preparé algo especial y…puedo compartir con ustedes. _ Ambos hermanos se acercaron mirándome con curiosidad. Sentí recorrer los nervios en mi cuerpo por la sorpresa que se darían y sin esperar respuesta alguna los teletransporté directo a mi jardín.

_ Es tal y como lo… _ Saga no pudo terminar esta frase ya que reconoció de inmediato aquella colchita hindú junto a sus promesas.

_ ¿Imaginé? _ completó el menor.

_ Hermano, después de todo aún estamos vivos _ Ambos hermanos se miraron por unos segundos en los cuales aquellas miradas relataron su vida entera; luego de aquella mirada eterna ambos se abrazaron, en tanto mis ojos brillaban como nunca saboreando la escena. La mano de Kanon interrumpió mi espectáculo al tomarme por un brazo y hacerme participe de aquel abrazo, a los pocos segundos Saga esbozó una sonrisa junto con una línea de lágrimas tirando de nosotros directo a la colcha. Caímos y reímos por un rato. Por un momento me sentí parte de los gemelos, se diría que éramos “trillizos”. Suspiramos y callamos mientras dejamos que el sol y las hojas del árbol jugaran con nuestros rostros.

Las responsabilidades habían sido tantas, que al despertar de la muerte seguimos con la rutina implacable del santuario. Sin haber caído en cuenta de aquel hermoso don que nos había sido devuelto y sin disfrutar del maravilloso deleite que es cumplir tus sueños.

No pasó mucho y nos encontramos jugando a las verdades. Siendo los gemelos las víctimas perfectas debido a su pasado. Era momento de enterarme de alguna que otra verdad.

_ Así que es verdad o mentira que… _ esa mañana me entere de muchas cosas. Los gemelos en cambio llevaron consigo mi más preciado secreto. Se diría que esa mañana los lazos de amistad se estrecharon de gran manera, no solo compartimos la muerte y resurrección, sino también estrechos lazos de confianza.

Antes de despedirnos, recostados en la colcha, empecé a sentirme un poco extraño, ya que los gemelos ambos tenían las cabezas apoyadas en mi pecho. No tengo idea de como llegamos a compartir un pequeño y cálido sueño. Me sentí ruborizado ante la escena y a la vez pensaba en “como pueden este par de angelitos haber sido la causa de más de un dolor de cabeza para los dioses”.

Al despertar, los tres decidimos pasar mayor tiempo juntos en cuanto nuestros deberes lo permitieran. Tomé mi lista de tareas y continúe mi día.

A las cuatro de la tarde oí las despaciosas pisadas del caballero de la onceaba casa. Alcé la mirada y observé en su rostro una expresión desolada. ¿Para dónde se dirigía?

_ ¿qué pasa Camus?

_ nada caballero_ repuso, poco dispuesto a hablar. Creí que no me contestaría, pero, algo dentro mio me instó a continuar una conversación.

_ Mira _ le dije, indicándole desde el templo _ Allí tengo una sorpresa. Camus se tocó el rostro dándome la espalda fingiendo que miraba a donde dirigí mi mano.

_ ¡caramba! ¡Qué bueno! ¿Podemos sentarnos un rato?

Su rostro reflejaba tal contento que reprimí el impulso de decirle “ahora no, por favor, ahora no”. Y Camus y yo pasamos al jardín. Definitivamente algo andaba mal. ¿El santo de acuario siempre tan reservado exaltando alegría? Enojo o apatía seria lo clásico, pero esto removió mucho de lo que esperaba de esta tarde: “Yo pensaba en… yo quería encontrarme con… ¡No! ahora no es momento, Camus me necesita.

Bajo la sombra de los árboles la brisa de la tarde se hacía más fresca. Saqué entonces algunas botanas mientras Camus cogía del cooler para bebidas un par de sodas. Debía conseguir abrirme a mi compañero de alguna manera. Así que, al fin sentado sobre esa majestuosa colcha hindú de finos bordados eché un brazo al cuello de mi amigo. No lo había estrechado tan cerca en mucho tiempo. La verdad nunca. Me causó asombro que no intentara apartarse.

_ ¿Sabes? Algo me pasó con Milo _ comenzó a decir, quejumbroso. Debí imaginarlo Escorpio era la causa, había trastornado la pasividad de mi amigo. ¡Increíble!. _ Milo me ha estado molestando, lanzándome burlas de sus locas fantasías. Y hoy, delante de los demás trató de besarme. Y entonces yo…

Los repentinos sollozos de Camus sacudían el árbol. El caballero de Escorpio me enfurecía, pero al mismo tiempo me alegraba, ya que Camus me había abierto su corazón. Este santo reservado, que rara vez daba expresión a sus sentimientos, me confiaba la fragilidad de su ser íntimo. Debía hablar con Milo en cuanto se diera la oportunidad, era evidente lo que sentía por el santo de la onceaba casa pero su conducta sólo hacia sufrir a mi amigo. Encontraré la solución, en cuanto solucione lo mío.

Al anochecer Shaka volvía del trabajo sumamente cansado, “la rutina puede volverse una carga pesada con el pasar de los años”, me dije al verlo en semejante estado. Casi arrastraba las piernas por las escaleras. Si no lo conociera diría que no quiere llegar a mi templo. Lo invité a pasar, era mi determinación hacerlo y él no se negaría. Entonces encendí una lámpara para apenas iluminar el jardín. No pude evitar tenderme en la colcha y contemplar, al lado de mi santo favorito, aquella hermosa noche la salida de la luna.

Recordamos nuestros sueños pasados. Estuvimos charlando durante muchas horas y nos sentimos más cerca uno del otro de lo que nos habíamos sentido en largo, larguísimo tiempo. Su rostro se reflejaba ante la luna que majestuosa se elevaba, fue entonces que el Santo de Virgo no dudo en ese momento en abrir los ojos. Eran hermosos, aquellos ojos cual luceros formaban un triángulo conjunto a la luna, no pude evitar el sonreír al verlo sentí la tibieza de su presencia mientras me confesaba ante la luminosa noche. Shaka por su parte me miraba fijamente respondiendo a mi sonrisa con un beso cálido y lleno de magia. Esta noche, la segunda noche de mi llegada, deseaba pasarla entera así, solo con él . Los dos santos cubiertos por esta enorme colcha hindú que representaba los sueños y la vida que algún día habíamos ansiado.

Una tormenta me despertó a la mañana siguiente, debí quedarme dormido y me encontraba en mi habitación envuelto por aquella amiga que me había regalado un día inolvidable. Un aguacero caía de un cielo color acero. Volví la mirada a la mesa de noche y vi una nota que me había dejado Shaka.

“Incluye el jardín en la lista de tus quehaceres para esta noche

¡te lo ruego!”

Había entonces aprendido la lección. Durante unos momentos estuve siguiendo con la mirada el serpentear de las gotas de lluvia al deslizarse por los vidrios de la ventana. Decidido rompí entonces mi lista de tareas y llamé a mi discípulo Kiki.

_ ¡Ven Kiki! ¡Corramos al jardín a saborear la lluvia!

Capítulo II – Mi adorada Tentación

10 comentarios to “Ceder a la Tentación”

  1. Susana varas marzo 3, 2016 a 10:54 pm #

    Escribe mas sobre muy de aries y como hasces para sacar esas imaginaciones

  2. Mela Neko abril 20, 2013 a 2:55 am #

    ESCRIBE MÁS COSAS DE MU POR FAVOR!! LO AMO! OwO es mi amorcito sexy Lo Adoro!!❤

  3. shaki leo octubre 12, 2011 a 5:02 pm #

    jiji asi me encantan mis santos!!!!!
    amo como escribes, de donde sacas tantas historias, estoy por finalisar lo de todos por papa, pero no he podido segir😦
    ha y soy yo yanxd este es mi nuevo apodo y asi se quedara……
    ME ENCANTO BEY

  4. blazze diethrik enero 22, 2011 a 11:28 pm #

    eres muy bueno en esto! te ruego que sigas escribiendo.

  5. Eladio San Román junio 22, 2010 a 12:24 am #

    Me parece precioso. Y divertido.

    Gracias por escribir.

    Un cordial saludo.

    San román

    • janniceg junio 26, 2010 a 4:06 pm #

      Gracias San Roman. Es grato que te tomes un tiempo para leer , eso me alienta a seguir escribiendo.

  6. Juan junio 9, 2010 a 8:39 pm #

    Hola Janniceg.

    ¡¡¡Pedazo de sueño!!!

    ¿Realmente crees en el destino?

    Saludos.

    • janniceg junio 11, 2010 a 6:16 am #

      Lo escrito, escrito esta, pero, conmigo siempre llevo un borrador por si acaso.

      Gracias por comentar.
      Felicidades por tu blog amigo. “LA VIDA DE SHARF PRADO ELLIOTT” me llama mucho la atención.Te mereces los premios obtenidos, escribes muy bien.

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  1. CEDER A LA TENTACION (Yaoi) « Janniceg Frankfurt - junio 9, 2010

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