Todos por Papá – Capitulo XVI- Una Gran Familia

24 Jul


1.-  Capítulo I    – La despedida de Mu (El inicio de las  desgracias)

2.- Capítulo II   – Confesiones.

3.- Capítulo III  –  Y las Desgracias continúan

4.- Capítulo  IV  – Una Estrella Para Aries.

5.- Capítulo V     – El Recuerdo Más Preciado

6.- Capítulo VI   – Entre Amores y Venganzas

7.- Capítulo VII  – Padre Maestro y Amigo

8.- Capítulo VIII –  Respuesta al Tiempo Cambio Y Fuera

9.- Capítulo IX     – Entiéndeme

10.- Capitulo X –  Un Incidente Inesperado

11.- Capítulo XI – Un Dios Para El Santuario

12.- Capítulo XII –  Los dioses deben estar locos

13.- Capítulo XIII – Un ocaso para un mañana

14.- Capítulo XIV – Hijos míos

15 .- Capítulo XV- El Camino que debemos  recorrer

16.-Capítulo XVI – Una Gran Familia

CAPITULO XVI

Una Gran Familia

El emperador de los mares en el asiento de Athena y el patriarca escuchando un discurso sobre las buenas costumbres de los guerreros marina por más de miles de años.

– Nunca, ni una sola vez en mi divina vida se atrevieron a desobedecerme y ahora un chiquillo de 15 años que alguna vez se postuló para patriarca abandona la preparatoria sin decir nada?

Una gran familia

– Aioros debe tener una justificación para…

– ¿Justificación? -la voz severa de Poseidón hacía eco por cada uno de los rincones del amplio salón, su mirada destellaba en cólera y sus cabellos caían en desorden por los movimientos de enojo. – ¿Qué pasaría si algún dios se revela y nos ataca mientras hablamos?

– Primero debemos escuchar sus razones y luego…

– ¡Este es un santuario, no una guardería!

– Es la primera vez que Aioros tiene esa conducta. Estoy convencido que fue por una emergencia que…

– ¿Una emergencia? Ya veo lo que está sucediendo aquí. Ellos creen que porque tienen su respaldo pueden hacer lo que les venga en gana y desobedecer para hacerme entender que nunca seré su dios.

– Se equivoca, ellos tienen mi respaldo pero si obran mal también es mi deber…

– Voy a darle un consejo. Ser patriarca es un trabajo muy serio, supone sacrificio y ser un santo es estar a disposición completa e inmediata toda la vida al igual que un dios. ¿O acaso crees que mientras dormía dejaba de cumplir mis obligaciones? ¡No! Eso nunca pasó, al contrario, cuando tuvieron problemas con Hades desperté por unos segundos y pregunté: ¿Sorrento dónde están las armaduras? y las envié de inmediato de lo contrario ustedes serían historia. Y voy a decirle una cosa más patriarca…Estar a la cabeza de los santos de Athena implica responsabilidades que…

Luego del florido discurso las palabras del emperador aún resonaban en la mente de Shión en cuanto bajaba por las escaleras en absoluto silencio y sin expresiones de furia en su rostro, mas por el contrario, presionaba sus puños pensando para si: “Pase lo que pase, prometí cumplir con sus mandatos Athena”.

En la suntuosa mansión Antzas, el joven santo de sagitario fija su mirada reflejando absoluta perplejidad.

– ¿Dices que debo probar todos estos manjares?

– Asi es. Necesitabamos una persona de gran confianza con paladar exigente para esta misión. – Se escuchó de la señorita Antzas.

– Veo que Afrodita es exigente en todo – Comentaba el santo de Sagitario en reclamo a Piscis.

– No me arriesgaría a perder la figura. En mi cuerpo estos manjares son una amenaza. Pero en tu cuerpo adolescente no provocarán nada.

– Afrodita, ¡que irresponsable!-reprochaba el dorado de sagitario también con la mirada – ¿Acaso no sabes que estoy perdiendo clases?
– ¿Es más importante que perder la figura?
– Si el Patri… – se detuvo en seco cambiando sus palabras -. Si nuestro padre se entera que falté a clases me castigará.

– Descuida, me comunicaré con él.- Afrodita sacando su teléfono móvil marcó sin perder el tiempo y esperó la respuesta del patriarca. Fue en vano, pues solo timbraba para luego pasar al odioso mensaje de la contestadora -. Bien, lo intentamos – dijo el santo pez sin ningún remordimiento, cerrando su teléfono y conduciendo a Aioros hacia la mesa del bufette. – Vamos, mientras más pronto comiences, más rápido terminarás. Luego te llevaré a la escuela y aquí nunca pasó nada.

Una mesa interminable, colmada de suntuosos manjares adornada con las mejores vajillas y cubiertos con exquisitos candelabros, copas, variedades de vinos, y el santo dorado más valiente degustaba los suculentos platos con un fondo instrumental suave, mientras tanto Afrodita y Minerva observaban minuciosamente cada gesto del menor, haciendo apuntes cada que el castaño mostraba desaprobación.

– Veo que tiene muy buen apetito -comentó Minerva -. Es increíble. ¿Cómo logra mantener ese físico?

– Él está acostumbrado-respondió.

El guardián del doceavo templo sonrió demostrando mantener todo bajo control; en tanto, los ojos de la dueña de la mansión deslumbraban con fascinación extrema al observar al santo más bello del santuario.

– Agradesco tu ayuda Afrodita. – Sonrió la hermosa mujer con coquetería, acercándose más al santo de Piscis -. No sé como lo haces, pero siempre tienes todo bajo control. No solo por Aioros. También por Camus, que realmente es un magnífico gourmet.

– Es el mejor en toda Grecia. – Afirmó esbozando una sonrisa al recordar cómo el santo de Acuario le ayudó a salir del apuro.

Horas atrás, en plena madrugada en el templo de Piscis, se escuchaba la voz desesperada del santo más bello hablando por teléfono.

– Tenga piedad. Por favor, solo estoy solicitando un banquete multicontinental para mil personas dentro de cuatro horas… No me diga que es mucho pedir. – Del otro lado del auricular solo se escuchaban las negativas del personal de turno -. Claro que estoy en todos mis sentidos-respondía el hermoso pez, intentando controlar sus emociones -. ¿Comida china?… ¿Trucha frita, pasta y helado? ¡Porque no le aumenta también un cerdo montes a la parrilla!… ¿Que también está incluido? – suspiró y colgó subrayando de su lista la última esperanza. Con ambas manos en el rostro comenzó a emitir pequeños quejidos producto de la desesperación. – Me trató como a un loco-. Susurró.

Unos pasos silenciosos llamaron la atención del santo de Piscis.

– Detente Camus. Será mejor que guardes tu distancia de lo contrario no responderé si duermes durante las próximas doce horas.

El santo de acuario descalzo y vistiendo solo un níveo pantalón hizo caso omiso de las advertencias del pez acercándose a él.

– Preparar un banquete para mil personas no significa nada para mi. Caballero de Piscis ¿Tienes en mente algo especial?

La esperanza volvió asomarse a los ojos del sueco, sintiendo como perdía un gran peso de encima.

La presidenta Antzas, sin resistir la curiosidad sobre el francés preguntó-: Dime Afrodita, ¿cuánto tiempo llevas saliendo con él?

– ¿Saliendo con Camus? – repitió inconscientemente recordando la plática que sostuvo con el aguador en plena madrugada.

El santo más bello al haber solucionado su problema agradeció con emoción, siendo interrumpido por Camus.

– He sido testigo de tu honorable valor al enfrentar los problemas. No olvides que los santos de oro estamos para apoyarnos. Además de eso, nunca permitiría que algo tan trivial pueda angustiarte. No obstante… Voy a pedirte algo a cambio.

Teniendo en cuenta las numerosas citas a ciegas y en algunos casos salía hasta con grupos completos, el santo de Piscis respondió resignado la pregunta de su presidenta.

– Saldré con él este fin de semana- bajando la cabeza con pena.

– ¿Entonces ya no tienes nada con el chico italiano? – preguntó con curiosidad evidente.

– No. En realidad Death… Es algo complicado. No lo entenderías. Pero… – volvió la mirada para la presidenta, mientras de fondo se observaba como Aioros hacías señas de emergencia y los sirvientes hacían lo imposible para auxiliarlo. Muy ajenos a todo, escuchó a Minerva decir:

– ¿Nunca te gustaron las mujeres?

– Ma vie, tout est prêt (Mi vida, todo está listo.) – se escuchó del francés quien desabotonaba uno a uno los botones de su traje.

El guardián de Piscis se preparó para contestar cuando una voz varonil interrumpió su diálogo.

– Minerva. – Saludó Paolo Dianz besando las niveas manos de Minerva Antzas, en tanto recorría la habitación con la mirada. De pronto sus ojos azules se detuvieron al observar al francés, y cortando la conversación con un ligero – Permiso -, con hábiles pasos se dirigió al guapo francés cuando los cabellos castaños y los verdes ojos del santo de sagitario llamaron su atención, recordando entonces las facciones de un jovencito que conoció hace algún tiempo atrás. Pensó algunos microsegundos antes de dejar salir de sus labios-: ¿Nos conocemos de algún lado?.

Aioros estudiando fijamente al guapo pelirrojo respondió con un indiferente “No” para seguir degustando de los exquisitos manjares.

La mirada estupefacta del pelirrojo fuera de mostrar enfado por quien en el mundo pudiese responderle de esa forma, mostró fascinación por el muchacho. Y era asi, nunca nadie le había hablado de esa manera.

Afrodita, que había observado todo deformó su hermosa carita con un gesto de desaprobación. Era muy seguro que luego de desocuparse se encargaría personalmente de corregir a su “hermanito” por tamaños modales. Estaba pensando en las mil y un maneras para llegar a domar al centauro salvaje cuando escuchó la voz de la Presidenta Antzas.

– Ella es Marin del Águila, mano derecha y asistente de Paolo Dianz, que es uno de los hombres más influyentes en el mundo de los negocios.- Pausó un segundo para continuar de mala gana – Quizás no lo sabes pero Paolo es mi primo.

– Conosco a Marin.

– ¿No me digas que también son hermanos?

El venenoso santo saludó a la amazona con un beso en la mano, sin tomar en cuenta las consecuencias. Sintió de pronto como el cuerpo de la amazona del Águila caía ante él, sorprendiendo tanto a Minerva como a Paolo, que fijaron sus miradas en el Pez Celeste y quien solo atinó a decir con una sonrisa nerviosa:

– Suele suceder.

– Vaya. – Se sorprendió aún más Paolo Dianz-. Eso nunca sucedió conmigo. – Miró fijamente al santo de Athena preguntando: – ¿Cómo dijiste que te llamas?

– Soy Afrodita.

– Afrodita… – susurró estudiando al hermoso santo y fijando la mirada de reproche a Minerva -. ¿De dónde vienes?

En aquel momento el jovencísimo Aioros interrumpió presentando una lista e indicando los manjares a servir; no conforme con eso ayudó a Minerva y Afrodita organizando cada detalle del evento.

Sin embargo, la mirada insistente de Paolo reprochaba su intromisión; sintiéndose desplazado, pues el chico resultó ser realmente un prodigio en todo, incluso haciendo las labores de enfermero con Marin.

– Hice lo que querías – dijo Aioros con seriedad acomodando la posición de sus lentes.
– No es necesario que te vayas. Al ser hermano de Afrodita eres uno de mis invitados de honor.- la hermosa presidenta Anzas trató de persuadir al santo adolescente, tomándolo de un brazo, haciendo que Aioros se sintiera como todo un hombre al lado de tan preciosa mujer, escapándosele una sonrisa boba por unos segundos para luego reaccionar.
– Se lo agradesco, pero debo cumplir con mis obligaciones. Cuando menos debo informar a mi padre que estoy aquí. – La mirada del santo de sagitario fue muy clara al mostrar su decisión sorprendiendo a la bella Minerva por su determinación.
– Afrodita, veo que tu padre infundió muy buenos valores en ustedes. Debe ser un hombre extraordinario. Si tan solo… -se escuchó en su voz un deseo tan profundo, que se asemejaba a una niña pidiendo que se le conceda sus gracias a una estrella fugaz-. Si tan solo pudiera conocerlo… sería un sueño a cumplir.
Afrodita sonrió cordialmente afirmando el deseo de la dama, en tanto una mancha verde a lo lejos se abría paso entre los invitados que apenas llegaban.
– Espero que el día llegue, pronto – Se escuchó la voz nerviosa del santo pez y en sus pensamientos rogaba porque esa mancha verde no fuese quien él pensaba. Poco a poco pudo reconocer el rostro de aquel hombre extraordinario que cuando se enojaba era terriblemente severo. Reaccionó pronto tratando de ocultar el cuerpo del delito quien muy contento aún seguía tomado del brazo de la presidenta. – Señorita Antzas, acompañaré a mi hermanito a la estación.

– Es una lástima. Me habría encantado tenerlo como uno de mis invitados. – Respondió con verdadera pena -. Puedes enviarlo con alguna limosina, sabes que puedes usarlas cuando gustes.

– Acabo de cambiar de opinión. Me quedaré. – Afirmó el santo de sagitario aferrándose más a Minerva y muy a su gusto; siendo observado por Afrodita quien comenzó a demostrar por primera vez en su vida celos. Comprendió entonces cuan cruel había sido con Milo.

– No gracias Aioros. Debes volver a clases- insistió.

– Pero mis clases ya terminaron. – respondió cual gatito ronroneando junto a Minerva, recibiendo muestras de afecto por parte de ella.

– Recuerda los buenos valores y costumbres que nos inculcó nuestro padre – dijo el Santo Pez entredientes y a punto de perder la paciencia. – Minerva, no se preocupe a él le gusta tomar el metro de regreso a casa. -se escuchaba en tanto Aioros lo miraba más que con extrañeza con ganas de querer reprochar la paga por su ayuda.

– ¿Viajaré en metro? Qué es eso de…

– Es un ferrocarril que transporta de manera masiva a los pasajeros y aveces no hay asientos. -Respondió Afrodita mientras apresuraba los pasos de Aioros tomándolo del cuello de la camisa, sin dejar pasar la oportunidad para decir: -Apresúrate Aioros llegarás tarde a clases.

– Ya te dije que terminaron. Quiero quedarme. – reprochaba en jovencito aflorando su lado adolescente.

– Entonces ve hacer tus tareas y ponte al día de las clases perdidas.

– Que jovencito tan responsable… – Se escuchó la voz de un señor de muy buena presencia que llegaba acompañado por…

– ¿Death? Quiero decir ¿Ángelo? ¿Qué haces aquí? – Exclamó el guardián del doceavo templo.

– ¿Ma cómo qué hago? ¡Cáspita Afrodita! Io me llamo Death y estoy acompañando al Ministro de Economía – respondía el santo de cáncer cortando sus palabras al notar la presencia de la presidenta Antzas. “Quella serpente venenosa”, dijo a regañadientes cruzando chispeantes miradas con ella.
Minerva no fue indiferente al comentario que escuchó con oídos de tísica y comentó también: “el maldito vividor”.
– Ministro, Death, por favor tomen asiento. Dentro de poco dará comienzo la ceremonia. – Los gestos de Afrodita indicaban a una de las señoritas anfitrionas para que dirijan a los dos invitados a sus asientos correspondientes.
– Un momento -. Se escuchó del señor Ministro. -Yo te conosco de algún lugar – hablaba para Aioros mientras Afrodita tan solo deseaba escapar al sentir los pasos firmes del padre del santuario dirigiéndose a ellos.
– Soy Aioros de Sagitario.
– Eres el joven prodigio y campeón en destrezas físicas… – respondió el señor Ministro -. Pero, no deberías estar en clases a estás horas ¿Qué haces aquí?
– Esa también es mi pregunta. – el tono grave de la voz del patriarca acompañada por la rigidez en sus expresiones hicieron palidecer a Afrodita.

Lejos, muy lejos, en algún lugar recondito del mundo donde solo yacen los olvidados…

– Nadie me da un no por respuesta. – El gemelo menor reía llevando consigo una bolsa grande en forma de pallar.

Una fuerte carcajada y el santo de Athena a toda prisa iba galopando por los campos verdes del lugar. Mientras tanto no muy lejos de la Taberna, lugar de perdidos y antro infernal…

– ¡Les dije que cuidaran de él! ¿Cómo logró escapar de ese calabozo? – se escuchó de un majestuoso hombre que era nada más y nada menos el dueño del garito más lúgubre de aquella zona remota.

– No lo sabemos señor. Nunca antes alguien escapó de la prisión del viento. – el sirviente respondió tembloroso ante la ira de su señor.

-Humano iluso ya me habían advertido sobre tí,esta vez la historia será distinta. – El Dios del viento, pensando en voz alta estaba cuando de pronto otro sirviente arremetió contra la puerta hablando exaltado:

– ¡Señor! ¡También se llevó al viento del este!

Los pómulos del hombre que hace un par de horas servia las copas como el feroz cantinero y ahora majestuoso dueño se inflaron soplando de manera disimulada dejando escapar a Céfiro, quien con alas de mariposa inicio un vuelo juguetón.

– Ve con ellos, ya sabes que hacer.

En las afueras de la mansión Antzas, una lujosa limusina trataba de pasar desapercibida.
– Alfred, estacionese aquí por favor. – se escuchó la voz de mando proveniente de la parte trasera. Sorrento elevó los divisores para obtener la privacidad necesaria para poder hacer de las suyas con el santo de escorpio.
– ¿Qué haces?
Alfred escuchó la voz de Milo.
– Es ahora o nunca.
– Pero Sorrento… Ya hablamos al respecto.
Una pausa silenciosa y de pronto se escuchó del escorpión:
– ¿Estás loco? No es de mi gusto.
– No es nada de otro mundo.
– Para mi lo es.
Minutos después el vehículo comenzó a balancearse de manera sinuosa, como si se llevara a cabo una batalla campal. .
– Ten cuidado, duele.
– Cómo no te va a doler si te estás moviendo.
– ¡Auch! No seas violento me aprieta.
– El señor Julián lo hacía con normalidad todos los días.
Alfred se sorprendió ante tal revelación. Los quejidos ahogados del escorpión eran escuchados por un sonrojado conductor, quien tan solo preguntó:
– Señor Milo, señor Sorrento… ¿Está todo bien?
– Sí Alfred, estamos bien. Solo unos segundos más – la voz esforzada del guardián marina respondió. – Ya terminé.
– ¿Entonces puedes quitarte de encima?
El valet parking haciendo su trabajo abrió la puerta de la limusina en tanto Alfred corría para evitarlo. Sin tener éxito, solo observó tanto a su amo eventual como a su asistente muy elegantes. Este último refunfuñaba arreglándose el traje.

– Usualmente solo me tomaba cinco minutos anudar la corbata del señor Julián, pero con usted…

– Ya te dije que me llames por mi nombre. Nada de usted. – El santo de escorpio hablaba aflojando el nudo de la corbata. Sorrento sin perder la oportunidad la volvió a acomodar apretando con más fuerza el nudo victoriano al puro estilo de la familia Solo.

– ¿Qué tenían de malo mis cadenas y las ropas que llevaba?
– Si lo dejaba asistir vestido asi, la reputación bien ganada de la familia Solo se iría por los suelos. – Esta vez el guardián marina arreglaba la solapera del saco, para luego detenerse a observarlo con fascinación. – ¡Es increíble! Se ve usted muy elegante. – Pensaba para si cuan parecido y cuan diferente era a su dios Poseidón – Señor… Quiero decir Milo. Debemos ingresar al salón. – Los ojos de Sorrento suplicaban lo que la voz callaba. Después de todo esta sería la primera reunión en sociedad para el bichito dorado-. Recuerde hacerlo tal y como ensayamos.

La postura de Escorpio era glamorosa, sexy y deliciosa y al mismo tiempo sencilla. Nadie podía poner en duda la buena cuna del actual representante de la familia Solo. El parecido con el heredero del imperio marino era innegable. ¿Sería acaso un hijo? se preguntaban obteniendo la respuesta inmediata de otros: “Eso es imposible”, ¿un hermano? era probable pero el apellido de Escorpio descartaba toda posibilidad. La sola presencia del santo de Escorpio hacía florecer la quebrada fortuna del imperio Solo, creando oportunidades nuevas con círculos sociales que antes resistían a entregar su amistad, todo debido a la sencillez y carisma del santo dorado más tierno. Platicas de negocios, cotizaciones del bolsa y poco a poco descubría el buen empresario que llevaba dentro. Una fría brisa apenas perceptible y el inconfundible olor del perfume francés hicieron que desviara su atención a una figura que pasaba con el mismo glamour que el destellaba.

– ¿Camus?… ¿Mi Camus?

Acelerando sus pasos buscaba a la visión de su amigo, cuando un hombre robusto se atravezó en su camino.

– Mil desculpas. Eu não vi.

– ¿Aldebarán? Pero…¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó extrañado al observar a su compañero de Tauro degustando del banquete.

– Eu sou o contador da editora. – respondió en tanto escogía los manjares en su plateada bandeja.

– ¿Eyitora?…Eyitora – se preguntaba Milo haciendo memoria -. No la conosco.

– Quiero decir: De la Editorial. – Habló el santo de Tauro dejando de lado su natal portugués y haciendo escuchar su impecable acento griego.

– ¿Dónde está Camus? – El escorpión reaccionó obsesionado. Sin dejar responder al tierno Aldebarán se adentró a la cocina encontrando a unos revoltosos santos de bronce que jugaban.

– ¿Ustedes aquí? ¿Qué se supone que están haciendo? No deberían estar…

– Deberíamos – Respondió Shiryu batiendo una mezcla de dudosa procedencia con seriedad.

– Pero relájate mientras el patriarca no se entere de nuestra ausencia en la preparatoria no hay ningún problema. – Comentó Hyoga, siendo interrumpido por Milo.

– ¿Cómo justificaron su falta en la escuela?

– Bueno, June tiene una amiga, que tiene su tía que trabaja en el hospital que es colega de mi hermano y amiga del director y también del portero que llamó a la escuela y habló justificando nuestra falta. Dijo que no podíamos asistir por que posiblemente estaríamos contagiados de viruela.

– ¿Ikki lo sabe? – Preguntó el santo de Escorpio.

– No lo sabe. Y es mejor que no se entere. De lo contrario meteríamos en problemas a Afrodita.

– Así que Afrodita ¿Eh? – El tono de voz del dorado denotaba malicia. Un brillo especial invadió su mirada y dejó la cocina con una sonrisa traviesa.

Una hermosa mujer desciende de un lujoso auto e ingresa a la fiesta del brazo de un hombre importante y de porte imponente.

No muy lejos el santo de Virgo observa de manera obsesiva cada uno de los movimientos de aquellas personas, pues hoy su ángel malvado había faltado a clases y ahora Shaka sabía porqué. De pronto pensó en cuales serían las verdaderas razones por las que un hombre como el rector pediría a Shaina que le acompañase a una reunión de esa naturaleza. Seguro no resultaría nada bueno de eso.

Su traviesa ya había sido lastimada una vez y no permitiría que nadie le vuelva a poner un dedo encima.

Solo le tomó un par de segundos para arreglar su impecable terno y con la postura, elegancia y encanto que le caracterizan se aferró del brazo de una dama de sociedad que también llegaba sola a la fiesta; sorprendiéndola y ella fuera de mostrar oposición quedó encantada con él.

– Señorita Minerva – se escuchó del rector de la Universidad de Athenas.

– Profesor Araya Koubias, es un honor tenerlo como uno de mis invitados.

– Ella es la Señorita Shaina de Ophiucus, representa la belleza e inteligencia de las alumnas de nuestra universidad.

– El es mi asistente Afrodita de Piscis y… ¡Vaya que me representa! – contestó Minerva y hasta se podía escuchar una tonada de saxofón sexy al mirarlo de los pies a la cabeza.

– Ya veo que siempre obtienes lo que quieres. – El rector sonrió – Siempre fue así.

– Señorita Minerva, la necesitan en el jardín izquierdo. – se escuchó interrumpiendo la conversación.

Ya en los jardines, cinco hombres de seguridad sujetaban al castaño de leo que traía hojas en los cabellos por haberse lanzado desde lo más alto de las paredes a los jardines, burlando todo tipo de alarmas, cámaras, perros, etc. Solo por seguir de cerca al rubio de Virgo.

– ¿Aioria? – preguntó Afrodita sorprendido y a la vez apenado.

– Afrodita, ¿conoces a esta persona? – la presidenta Antzas dirigió su pregunta al Pez Celeste.

– Así es. – Afirmó – El es…

– Su hermano. -Respondió el León Aioria.

– ¿Aioria? – preguntaron Marin y Paolo al mismo tiempo y con la misma emoción, llevándose una mano al corazón.

– Por favor Minerva, deja que él sea parte de esta reunión. – Intercedió Paolo.

La presidenta Antzas observando el rostro compungido de Afrodita no mostró oposición. Llamando a una de sus sirvientas a través del intercomunicador del pecesito dorado, dando órdenes expresas para vestirle de etiqueta para estar a la altura de la reunión social. Los invitados no eran para poco personajes de perfil bajo en la sociedad de Grecia, sino, grandes empresarios, ministros, diplomáticos, profesionales afamados y otros.

Minutos más tarde…

– Bienvenidos, me alegra que hayan podido venir. -Hablaba la mujer más hermosa de la fiesta – Es un gran placer contar con la presencia de tantos invitados distinguidos este día. Como todos saben cada cierto tiempo presentamos al representante de la honorable familia Antzas. Es un gran honor para mi ceder la palabra a nuestra nueva cabeza de Familia.

En tanto la nueva cabeza de la familia daba sus palabras de bienvenida, Aioria observaba como Paolo susurraba palabras a Marin, pero no sentía ninguna clase de emoción, era como ver a una de las tantas parejas desconocidas en las calles susurrándose “cositas” y él ajeno a toda envidia. Pero al lado de Paolo se encontraba el hombre más cercano a Dios que no pasaba desapercibido para nadie y que se encontraba sentado junto al rector de la universidad, Shaina y al lado de ella, Death; al frente Aldebarán, Milo, Sorrento y el patriarca Shión. Mientras que Paolo no fue indiferente al efecto que Shaka causaba entre todos los invitados, pues también se mostraba pendiente de las necesidades del rubio sonriendo de cuando en cuando. Por otro lado la mirada de Camus para el santo de Piscis no se despegaba y si los ojos hablaran…Hace mucho se habrían escuchado muchas frases del romántico francés.

Terminada la presentación, seguía el ansiado primer baile. Los violines iniciaron el compás y Minerva tomó las manos de Afrodita, quien por precaución llevaba un par de guantes.

Se trataba de un espectáculo único, con derroche de elegancia pero sobretodo belleza. Tanto a Minerva y Afrodita la música los envolvía en una atmósfera de ensueño. Sus miradas se correspondían y eso no pasó desapercibido ni para Camus, ni para Death, ni siquiera para Milo y menos para el Pope Shión. Todo era perfección, pues nadie se atrevía a dejar de observarlos; hasta podría decirse que algunos dejaban de respirar por tan magnifico escenario.

Minerva contemplaba extasiada la perfección física de Afrodita, deteniéndose en sus rasgos finos, únicos y varoniles.
– Rosas- se dijo la dama embriagada del aroma que el santo desprendía- veo rosas alrededor suyo, la razón empieza a desvariar – pensó al darse cuenta de las intenciones que tenía con él sorprendiéndose de sus propios pensamientos. Inconscientemente una de sus manos inició tocando los hermosos cabellos celestes que muy graciosamente respondían a sus caricias ensortijándose entre sus dedos; de manera atrevida comenzó a tallar desde el hombro hacía el brazo sintiendo sus músculos muy bien formados. Estos movimientos alertaron al santo de la doceava casa que de manera sutíl alejaba esas manos delicadas de su cuerpo dando ligeras volteretas; sin embargo, de cuenta nueva ella se las ingeniaba para seguir explorando terrenos que no le correspondían. De seguir así era seguro que terminaba envenenada y muerta. Adelantándose a cualquier desgracia no vio mejor opción que hacer un cambio de pareja y quien mejor que su viejo amigo Death.

El santo de Piscis maldecía para sus adentros su cruel destino y al veneno que corría por sus venas que sin su cosmos resultaba una pesadilla. En tanto el rostro del santo de Cáncer fuera de mostrar encanto por la belleza de su acompañante, lucía desencajado y por demás aburrido. Muy pronto el intercambio de palabras entre Death y Minerva se hizo presente.

– Al menos finge que te gusta mi compañía. – Minerva reprochaba sin hacer notar su incomodidad, fingiendo una gran sonrisa.

– Sus deseos son órdenes señorita – dijo con sarcasmo dibujando la mejor de sus sonrisas en sus tiempos de psicópata, atemorizando a más de uno.

– No entiendo cómo alguien como tú puede ser amigo de Afrodita.

– Ahora comprenderás por qué – respondió el santo de la cuarta casa trayendo el cuerpo de la presidenta hacia él; quedando muy juntos, tan juntos como ella habría querido tener al guardián de Piscis, pero la mirada azul y loca de Death también llamó su atención.

– Felizmente la pieza termina en tres minutos. – Observó una de las manos del santo de Cáncer y advirtió con voz seria – ¡Deja de tocarme!

– Pero qué podría tocarte si solo veo huesos. Ademas siento decir esto, pero usted señorita no es mi tipo.

– ¡Que grosero!

– De acuerdo, quizás me excedí. Siendo sincero, debo decir que usted logra traer a mi mente deseos y pasiones de antaño. – Terminó con un brillo especial en los ojos, mirando la perfección del rostro femenino que se reflejaba en sus salvajes pupilas.

Sin darse cuenta habían pasado bailando la segunda pieza, donde todos los invitados también participaban y así seguirían por un tiempo más.

Sinuosamente Paolo Dianz se acercó al santo de Virgo abordándolo con una profunda conversación.

El león furioso no se contuvo al ver la escena y sin pensarlo dirigió sus pasos hacia ellos siendo interceptado por Aldebarán.

– ¿Por qué me detienes?

– Que caso tiene levantar tus puños contra Paolo. Entiende que a partir de este momento ya no tienes ninguna posibilidad ni con Marin, ni con Shaka. Ya no hay nada más que puedas hacer.

– Eso ya no tiene importancia. Ahora ese tipo no solo se contenta con Marin, sino que también quiere algo con Shaka.

Quitó su mano con cólera, cual niñito resentido de Aldebarán.

– Aioria, él ni siquiera considera la idea de tener algo contigo.

– Ya estoy harto de escuchar negativas. En esta ocasión mi paciencia llegó a su fin, nada podrá detenerme. Pueden haber un millón de motivos por los cuales Shaka no quiere nada conmigo, pero si no me convence ninguno, no descansaré hasta tener una oportunidad. Ese Paolo es solo un aprovechardor que quiere lo mejor del mundo a sus pies!

– Ya tuve suficiente. – Se escuchó la voz del santo de escorpio al observar como Paolo esta vez platicaba amenamente con el mago de los hielos. – ¡Ni crea que permitiré que se aproveche de mi Camus!

– ¡Milo! – Exclamó el santo de Acuario a distancia.

– Milo, que no se te ocurra hacer nada. Bien sabes que aquí se encuentran los hombres más importantes del mundo de los negocios. -Reprendió Sorrento.

– ¿Crees que me iba a quedar quieto a sabiendas que Paolo fijó sus ojos en Camus? Es solo un chico riquillo que quiere utilizarlo para elevar su vanidad. Pero no lo permitiré. No permaneceré impasible ante ese hecho. Primero Afrodita, ahora este modelo de ropa interior lo quiere para él. Se agotó mi paciencia. Nada me detendrá ahora. Me desharé de ambos aquí mismo y todo terminará.

-¡Milo! ¡Aioria! Guarden la compostura caballeros – El rubio de Virgo reprendia con severidad.- Recuerden que no estamos solos o en el Santuario.

– Shaka… Tengo que hablar contigo. – El guardián de Leo bajaba el tono de su voz.

– Aioria, no quiero discutir. Estos dialogos nunca te llevarán a nada.

– Ya sé que las cosas no van bien, pero cambiarán. Será como al principio; lo superaremos, sé que tienes paciencia.

– Ya eh tenido bastante paciencia. – se tocó las sienes y buscó la paz dentro de si. Sin lograr serenarse continuó-: Aioria, nunca hubo un principio. ¡Deja de seguirme!

– Entonces, ¿no sientes nada por mi?

– Son necesarias muchas cosas para hacer florecer el amor. Sobretodo tenerse mutuo respeto. Y yo no sé vivir con alguien que no respeto. – Cerrándo los ojos con elegancia el santo de la sexta casa se abrió camino entre los presentes.

– Aioria. – La voz de una mujer lo sacó de su embelesamiento de ver a Shaka.

– Marin…

Un jovencito muy elegante observaba cada una de las escenas en silencio. Aioros al notar el interés que demostraba aquel joven por sus compañeros decidió socializar.

– Soy Aioros de Sagitario. No creí encontrar a alguien de mi edad por aquí. – Saludó ofreciendo la mano.

– Un gusto. Me llamo Valentino Kourti y soy familia de Minerva Antzas-Contestó correspondiendo al saludo.

– Eh notado que no dejas de mirar a mis hermanos y quería saber por qué-dijo Aioros sin ocultar nada.

– ¿Son tus hermanos?-respondió extrañado observándolo con curiosidad-. No son comunes. En especial ese chico de cabellos celestes. Sabes, Minerva lo aprecia mucho. – Volvió la mirada al gran salón observando analíticamente cada una de las escenas de cuenta nueva, dejando salir en un susurro- Alguien estuvo jugando por aquí.

En el templo de Capricornio: Shura vistiendo como todo un abogado y con portafolio en mano, llegaba con menudas fuerzas hasta su amplia cama, dejándose caer pesadamente; rendido por los líos propios de su profesión y los juicios del santuario. Una oscura nube se formó encima de él apoderándose de todo su cuerpo. Este hecho no pasó desapercibido para Saga que también llegaba al santuario después de su jornada laboral. Sin perder mucho tiempo se apresuró en llegar hasta Capricornio, escuchando los quejidos ahogados de Shura en sus sueños.

– ¡Joder no!… ¡Hombre! ¡Eso no es posible! Os dejo todo incluso mi cabrita ¿vale?

Continuará…

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6 comentarios to “Todos por Papá – Capitulo XVI- Una Gran Familia”

  1. angelica septiembre 16, 2012 a 3:50 pm #

    ola quiero dicir q son mui divertidos, muy bonitos y algo enrredados. los capitulos
    muy buen trabajo, t felicito 😉

  2. Iris Ferrufino Prada septiembre 5, 2012 a 8:20 pm #

    Me encanto, me encanto, quiero saber como va a terminar todo esto, sobre todo ver o bueno leer a Aioros adolecente un sueño echo realidad

  3. silver price agosto 23, 2012 a 8:21 pm #

    Máscara de la muerte echó a reir a carcajadas, su amigo Mu era el blanco de las chicas inglesas y también el blanco de sus novios celosos y de uno que otro gay, pero el carnerito era realmente inocente, en todo sentido era muy puro, entonces comprendió el porqué Shaka y Shión le tenían tanta consideración. No era solo aire de inocencia, era realmente un santo.

  4. tatiblink agosto 11, 2012 a 3:04 am #

    hay que alivio, por fin aparece mi ansiado capítulo, me parecio muy emocionante por lo que pueda pasar en el próximo capítulo, no, esta muy bueno y lo que le esta pasando a los caballeros en este enrredo, esto se va a poner muy bueno especialmente por Afrodita y Minerva, otravez te felicito por tus excelentes capitulos continua con ese carisma que me encanta ver en estas historias.

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