Demasiada Prisa III


1.- Capítulo I –  Demasiada Prisa.

2.- Capítulo II –  Demasiada Prisa.

3.- Capítulo III –  Demasiada Prisa.

4.- Capítulo IV –  Demasiada Prisa.

5.- Capítulo V –  Demasiada Prisa. (no publicado)

Capitulo III

Horas mas tarde…EL Hotel tiene un clima familiar, cálido. Hay algo que Camus nota en seguida.

– ¡Milo! has vuelto antes de lo previsto. – Un joven simpático y endiabladamente confianzudo se colgaba del cuello de Escorpión.

– Si gatito – susurro el Escorpión para corresponder al abrazo. – ¿como estás?

– (¿Esta es la fiera?)- se preguntaba Camus estudiando de pies a cabeza al gatito- (es muy guapo, me recuerda un alguien … ¿Por qué el verlo me molesta?) – Observaba Aquarius en solitario, el rostro de Escorpión era algo que antes nunca vio. Estaba verdaderamente feliz.

– Aioria, te presento un auténtico aguafiestas . – Aioria fijó la mirada en Camus sin soltar a Milo – Un Periodista. Se llama Camus. En el Fondo, no es tan antipático.demasiada prisa fanfiction milo aioros

– Si lo dices tú, te creo – respondió Aioria. – Bienvenido, Camus.

Pasaron entonces al extenso piso, Milo se acomodo de inmediato.

– ¿Nos hospedas esta noche? estoy demasiado cansado para llegar a casa.

– ¡Milo no me lo habías dicho! – Fue la inmediata queja de Camus, ya era bastante incómoda la situación para él (¿como puede pedir hospedaje estando en la misma Athenas?).

– ¿Por qué me consultas Milo?. Si tú no tienes otra casa más que está – respondió divertido Aioria. – Puedes quedarte donde siempre, y tu también Camus.

– Yo no. Yo tengo donde llegar, gracias. Milo no me consulto esto. Disculpa. – respondió de manera modosa el francés

– Perdona Camus, tienes razón. Pero cada vez que vuelvo a Grecia me quedo a dormir aquí.

– Es una especie de costumbre – agregó Aioria.

– Aioria tiene óptimas habitaciones, todo este piso es reservado para nosotros, siempre.

– Bueno, yo pensaba llegar a casa esta noche… y- no terminó su oración cuando…

¡Hola! Me esperaban ¿Verdad? – Los Tres Amigos voltearon al escuchar el saludo-Tengo más hambre que un lobo.

– Como Siempre .- Fue la Respuesta de Milo

– ¿Aioros?

– ¿Sorprendido Camus?. Aioros y Aioria son hermanos, notaste el parecido ¿cierto? – Milo resolvió la interrogante.

– Lo imaginé.

La cena ha sido sencilla, pero exquisita, Camus ha notado que tiene mucho apetito y que se encuentra a gusto en compañía de los presentes.

Ya entre copas, la conversación seguía…

– El tuyo sí que debe ser un trabajo interesante. Viajaras mucho, supongo. – Interrogó Aioria

– Bueno, no mucho. El trabajo de periodista, las más de las veces, se hace detrás del escritorio. – se explico tomando luego un sorbo de su copa y continúo – Yo sí que te admiro a tí Aioria. Llevar adelante un hotel como este, casi tu solo, debe ser difícil.

– Y lo es. Te lo aseguro -respondió Milo – Aioria es un faro para los viajeros . Lo queremos mucho.

– Bien se ve. – dijo esto el francés con un tono seco – Y debe ser bonito tener tantos amigos. Esto no ocurre en la revista.

– A propósito Milo. El loco ha regresado. Hizo de las suyas en Varsovia. – Acotó Aioros.

– ¡No digas! Hacia mucho que no se hacia notar. – Milo tomo interés en lo mencionado por Aioros.

– ¿El loco? ¿de que hablan? – preguntó Camus con el mismo interés de Milo.

– De algo que sería mejor no escribieras en tu artículo. – aconsejo Aioria- El loco es un personaje que nadie ha podido identificar, de vez en cuando se divierte trabajando como sicario para algunas empresas que desean eliminar a la competencia.

– Tiene un Jet privado, y nadie sabe quien es, ni para quien trabaja, lo oculta muy bien. – continúo Aioros – Sin embargo, cuando aparece, varias compañías caen en cuestión de días. De vez en cuando aparece y nos corta un viaje, al llegar encontramos todo hecho un caos. Una vez me lo encontré tratando de regresar a su Jet, estaba bien cubierto, quise detenerlo, lo tomé de un brazo al ver que evitaba mis preguntas. Su reacción fue violenta, por poco quedo hecho trizas dentro de las turbinas. Algunos guardias de seguridad acudieron en mi ayuda o no estaría ahora hablando contigo. El loco simplemente subió a su Jet y desapareció. – Aioros veía como las facciones de Camus cambiaban de acuerdo a la narración y el interés que mostraba le gusto. -Pero Milo que es el mejor de nosotros, ha dicho que se las hará pagar. Tarde o pronto, El Loco perderá ante Milo

– Lo de su trabajo me tiene sin cuidado, pero el que haya intentado matarte, no lo perdono. No volverán a separarme de mi Familia. – Los recuerdos del coma de Aioros, volvían a la memoria de Milo reviviendo espantosos momentos. – Ojalá fuese tan fácil acabar con el Loco. En todo caso, nunca le he visto. Y puede que no lo encuentre nunca. – Camus observaba un poco sorprendido las reacciones de Milo. – Bueno, es tarde ¿nos vamos a acostar?- dijo esto mirando a Camus.

– Ven conmigo Camus – Se adelanto Aioria llevando de la mano a su nuevo amigo por los pasillos de su piso, haciendo doblar de risa a Aioros, quien observaba la escena. – esta habitación te gustara -dijo Aioria abriendo la puerta de una habitación mediana – Por lo que veo eres una persona de peculiares gustos, puedes encontrar la biblioteca familiar al lado tuyo. Fue lo poco que pudimos rescatar luego de la muerte de nuestros padres. A ellos les hubiese gustado que le den buen uso.

– gracias.

– No tienes porque… ya empiezas a agradarme. Buenas noches.

– bonsoir.

Camus se instaló y decidió tomar un paseo entre la biblioteca, repaso los títulos, era una biblioteca bastante completa. Tomó un libro que parecía bastante usado y se dirigió a su habitación. Luego de un rato, ya acostado, tomó la libreta de apuntes y escribió un resumen del día, era agradable escribir algo intimo de Milo. La familia que tenía era acogedora y eso le gustaba, se sentía cómodo, por primera vez encajaba.

– Bien. He ordenado mis apuntes. No es mucho, pero debo reconocer que ha sido bastante divertido… – De pronto El lapicero que llevaba en manos se detuvo en sus labios y así se quedo por algunos minutos – Ademas está él. No Comprendo, no logro encuadrarlo, pero comienza a gustarme. Abrió por fin el libro e inicio la degustación de su escrito, hasta el momento en que una hoja de papel se deslizo fuera del libro.

– veamos ¿que es esto? … ¿Kanon? ¿quien es Kanon?

Al Día Siguiente:

– Muy buenos días.

– Hola Aioria. Buen Día. Milo ¿se ha levantado?

– Hace horas que se ha ido. Creía que lo sabías.

– ¿Se ha ido? Tenia que acompañarme a casa – Pensó por reflejo – No. Claro que no, ni que fuera una niña -.. Es Igual, no tenía por que dejarme así. – Increíble me ha dejado como a un paquete.

– Muy buenas Camus, – Escucho detrás suyo

– Aioros hola.

– Te acompañaré yo. Milo ha tenido un contratiempo.

– Bien – Aioria se acercó a Camus y lo abrazó para despedirse – Adiós. Espero volver a verte pronto.

– Y yo, son todos muy amables y simpáticos. De Verdad. – dijo al sentir que Aioria estrecho el abrazo. Reacción que causo gracia a Aioros.

– ya Aioria, a Camus no le agrada mucho el contacto físico. Al menos eso parece.

En el auto…

– ¿Quieres decirme por qué se ha escapado tu amigo? Es muy raro ¿sabes?

– No. Es un tipo muy generoso. – Aioros detuvo un momento el auto para poder conversar bien – Hay una mujer que conduce una Empresa pequeña. Una viuda que para seguir adelante continúo la cartera que fue de su marido. Pero tiene un hijo pequeño y a veces, no puede con todo el trabajo. Cuando podemos la ayudamos. Milo es el primero.

– ¿Y hoy…?

– Milo a ido a realizar las tasaciones y cuadros para los siguientes días. Fue directo a Suiza. Milo es así.

– Y acaba de concluir un viaje agotador de cuatro días, apenas duerme unas horas (¿Cuantas cosas descubriré aún sobre tí Milo? ¿Cuantas veces deberé pedirte perdón por lo que antes pensaba de tí y de tu mundo?)

Retorna Camus a su vida, al trabajo de siempre, al ambiente de siempre, pero algo ha cambiado.

– ¿Por qué no me ha llamado todavía? El viaje a Suiza habrá terminado. Aioros dijo que se trataba de pocos días .- pensaba en voz alta Camus, en tanto Mu lo veía divertido.

– Hola Camus – se escuchó, y Camus supo de inmediato quien era, porque Mu tiró su porta lapiceros accidentalmente – ¿Todavía ocupado con el asesor del reportaje?

– Sí Saga, acabo de empezar.

– ¿Quieres un consejo? No Pierdas demasiado tiempo. No vale la pena, en este momento. Hay algo que se acerca y es más serio.

– ¿Que dices?

– Te lo diré en su momento.. Un amigo mío es editor de varias revistas, necesita gente que valga. Le he dado tu nombre.

– Muy amable.

– Nunca lo seré bastante contigo. – Dijo esto tomando a Camus de las manos – ¿cenamos juntos hoy?

– Lo siento Saga. Estoy cansado y debo terminar un artículo para mañana. Otra vez ¿Oui?

– Como quieras. Te llamo yo. Y alguna vez piensa en mi.

– No lo creo.

– Lo hará … ¿verdad Mu?- Mu solo contesto estirando una sonrisa.

Al volver a casa, Camus recibió una sorpresa.

– Camus. –

Milo estaba pegado a una de las columnas antes de ingresar al departamento de Camus, parecía llevar un buen tiempo esperando.

– ¿Que haces aquí Milo?

– Vine a pedirte perdón. No estabas y me he quedado esperándote.

– No sabía a donde habías ido a parar. Aioros me dijo que ibas a Suiza…

– Sí. Un favor a un amigo. Nada importante. Espero que no te hayas enfadado.

– ¿Por qué? Comienzo a comprender como eres.

– Me alegro. En el fondo contigo no se está tan mal. – Dijo sonriendo Escorpión.

– ¡Que gran cumplido!. Tampoco contigo. – Camus respondió y por primera vez, Milo pudo ver dibujado en el rostro del francés una sonrisa, tan sincera y franca, que deseaba detener esos segundos por el resto del tiempo.

– Gracias. – dijo luego de quedarse observando- Pasado mañana proyecto otro viaje. ¿Cuento contigo?

– No lo perdería por nada del mundo.

– Bien. Te llamaré para darte la hora exacta de salida

– Bien.

– Bien

Todo apuntaba a que debían despedirse, pero al parecer ninguno de los dos quería dejar de ver al otro. Milo fue el primero en reaccionar y dar la vuelta. Caminó de prisa. En tanto Camus aún no podía moverse

(Tengo ganas de que llegue pasado mañana. Quiero estar a su lado.) se dijo.

Ha llegado el momento esperado. Otra vez en el avión.

– Tu trabajo comienza a gustarme.

– ¿Sí?

– Sí. antes estaba prevenido; casi me molestaba el tener que escribir estos artículos. Pero ya me estoy divirtiendo. Estoy bien contigo.

– Me alegro ¿Y marcha bien tu trabajo?

– Sí, pero me falta algo… tu historia personal, por ejemplo. – Miró el francés por el rabillo del ojo esperando alguna respuesta. Al cabo de unos segundos. Luego de escuchar unos cuantos tecleos en el portátil…

– No hay nada que decir. – ¿por qué no quería contar nada de su vida? todos tenemos una, por más aburrida que sea, siempre hay algo que contar. ¿qué esconde Milo?

– No lo creo. Aioria, por ejemplo, me ha dicho que estuviste casado.

– ¡Ah!, todavía estoy casado. Pero hace dos años que no veo a Afrodita. Ni siquiera se donde está. Es una historia bastante triste y banal.

– ¿Quieres contarme?

– ¡Espera un momento! – se levanto Milo del asiento al mirar por la ventanilla – ¡Si. Es él! ¡vamos a la cabina! – corrió de prisa tomando a Camus por el brazo – Por fin, le he encontrado. Camus te comunico que el Jet que nos acaba de pasar pertenece al “Loco”.

– (El jet es increíble. Supera con gran velocidad el avión de Milo).

– Déjame conducir. – Milo desplaza al piloto, y enciende el contacto por radio. – Aqui AIRBUS 319 CJ N° 145267A2 – Responde …¿quien eres? El Jet disminuye considerablemente la velocidad y cuando está a la par de la cabina se ubica en la delantera del avión haciendo escapar un poco de combustible, El cual mancha el exterior de la cabina e inmediatamente desaparece de la vista de los presentes. – ¿Quiere burlarse de mi? Ahora mismo le demuestro quien soy – Milo aceleró un poco el vuelo.

– ¿Que harás?

Agárrate bien Camus, es hora de divertirnos.

– ¡No!

– ¿Eh…?

– ¡No! – recalcó con fuerza- Si Quieres demostrarle quien eres; un tonto duelo en el cielo no demostrará nada. ¡Enséñale quien eres en el campo laboral!.

– Esta bien, discúlpame. – Milo dejo los controles y continúo – Debí haber pensado en tu fobia. Cuanto lo siento.

En Realidad debió haberlo hecho, Camus que no soportaba volar, estaba prendido de las cortinas de la cabina, todo pálido. Aun así fue extremadamente valiente al seguir a Milo hacia la cabina. Una carrera por los aires, podría haberlo infartado. A Milo la vergüenza lo invadió, se había dejado llevar como un adolescente sin importarle nadie más. Fue aquí que tomó de los brazos a Camus e intentó separarlo de las cortinas. cosa difícil, ya que los músculos del francés estaban agarrotados y no abandonarían las cortinas. Al ver que arrancarlo del Lugar sería imposible Milo se colocó detrás del francés y lo abrazo suavemente.

– Discúlpame, fue culpa mía. – poco a poco fue tomando confianza en la cintura del francés y entrelazo los dedos- Esperaba este momento desde hace mucho. – dijo encajando un poco más en el cuerpo de Camus.

– Por favor Milo, no hagas bromas .- Trató de detenerlo Aquarius, ahora que no solo estaba agarrotado sino que también temblaba de miedo.

– Así está bien. Quédate quieto, deja que te abrace – continúo Escorpión, embriagándose en los cabellos de su acompañante.

– ¿Acaso, tengo opción? – respondió un poco ruborizado el francés.

– Ninguna. Me quedaré contigo… aquí, hasta que termine el vuelo. – Al terminar esta frase, encajó la quijada en el cuello de Camus, quien pudo sentir el calor de su respiración mezclarse entre sus poros y el aire le empezó a faltar y su cuerpo comenzó a estremecerse, ya en otra ocasión, saldría corriendo de aquel lugar, pero esta vez estas sensaciones le agradaban.

El piloto se encontraba totalmente avergonzado, al observar la bella escena, los cabellos rubios y carmesí se entrelazan en aquel abrazo, ambos estaban quietos y en silencio, Milo cerró los ojos y aspiró el perfume del francés, mientras Camus había dejado de sentir miedo al vuelo y escuchaba su corazón latir desenfrenadamente. No quiso moverse. Y como dijo Milo, no se separó del francés hasta que el vuelo toco tierra. Y hubiesen seguido así de no ser porque el piloto al salir de su cabina y tratar de ser cuidadoso para no interrumpir se tropezó y rompió la magia que se daba entre asesor y periodista.

Ya en tierra ambos jóvenes bajaron del avión sin siquiera dirigirse la palabra, ninguno miraba al otro. Se escuchaban los ruidos del tráfico en la pista, la gente hablando y los dos parados muy serios en espera de un taxi. Los minutos pasaban y no existía en esa ciudad un taxi vació para salvarlos de aquella incomodidad.

– Cuánto lo siento Milo. Quien sabe cuando encontraras al loco de nuevo…- murmuró Aquarius.

– No tiene importancia.

Otros cinco minutos y aún no paraba ni un taxi, ambos hombres ya no tenían de que hablar.

– Bonito aquí. – Dijo Milo, como si fuese la primera vez que viajaba a Francia, tratando de arreglar el momento.

– ¿No retrasamos un poco tu programa del día? – Preguntó Camus

– Horarios, duelos … ¿Crees que me interesan esas cosas en este momento? – Milo volteó buscando la mirada de Camus

– ¿Es que es un momento particular, este? – Preguntó Camus levantando la mirada, reflejándose en los ojos de Escorpión.

Milo le toma de la mano y Camus siente que su toque es fuerte, amable..

– Sí. Muy particular. – fue acercándose hacia Aquarius. – Hace mucho que sueño con este momento.demasiada prisa milo camus fanfiction

Terminó el párrafo para besar al francés, quien sutilmente correspondió. Milo, al sentir que era correspondido afianzó su cuerpo estrechándolo como lo hizo en el avión, clamando pasión; y por todos los dioses que la recibió, Camus dejó escapar un gemido, exaltándolo. – Camus. – intentó decir, pero la cordura desaparecía en cuestión de segundos al sentir los movimientos demandantes de labios de Camus que tatuaban su alma, y se dio cuenta entonces que desde que lo vio por primera vez, había dejado de ser dueño de sí mismo. Su existencia se basada en aquel francés, y esa rebeldía y desinterés de un inicio, no fueron más que burdas pataletas por intentar escapar de la realidad. ¿Cómo fui enamorándome de tí?… se decía. Y las promesas internas brotaban a raudales sellándose al calor del apasionado beso. Luego ambos se separaron un poco – Perdóname.

– ¿Por qué, yo te bese también?.

– Te amo.- Escuchó Aquarius.

– Yo … – Camus no sabia que decir ni que pensar, por primera vez, dejo que hablara el sentimiento antes que la razón – solo quiero estar contigo siempre. A tu lado soy feliz.

Milo besó entonces la frente de Camus en señal de confianza.

– Vamos. Debemos Trabajar.

También ese Viaje terminó, con sus días llenos de amor.

En el Hotel de Aioria. Camus y Milo no saben que postura deben tomar .

– No cabe duda; son dos personas distintas. Tienen una mirada muy diferente.

– Aioría no exageres, somos los mismos de antes ¿no Camus? – Acuario no respondió ¿Como hacerlo? si era evidente lo que ocurría y no quería negarlo.

– Milo, quieres ser esquivo como siempre. Pero sabes que la máscara se te ha caído. Eres un romántico enamorado y bien se ve. – Aioria no podía ser engañado, conocía muy bien a Milo como para no darse cuenta de la relación que se había formado entre asesor y periodista.

– De acuerdo. Me rindo. Pero no lo digas por ahí, sino adiós reputación.

Milo se ha ido dejando a Aioria y Camus solos. Lo que es aprovechado por Aioría …

– ¿Lo quieres mucho? – preguntó sin rodeos el griego.

– Sí. He estado ciego antes, al no darme cuenta. Pero lo amo.

– Yo también estuve enamorado de él, y creo que lo habías notado. Pero es difícil no querer a Milo. Tu eres la única persona en los dos últimos años que ha enternecido su corazón.

– ¿Te refieres a su esposo?

– Sí. Milo sufrió muchísimo cuando él lo dejó. Pero no era la persona adecuada. Afrodita era ambicioso y egoísta. Le hacia mucho daño. – Las palabras de Aioria dejan sumido a Camus en sus pensamientos – Permanece a su lado. A veces Milo es como un niño y te necesita. Vamos que cuando lo conocí eramos puro lío, nos desafiábamos cada que podíamos. Aún recuerdo a Escorpión- Aioria recordaba la adolescencia en Grecia, las rivalidades de entonces y no pudo dejar escapar un suspiro- No pierdas la suerte que has tenido.

– (Suerte. ¿Sería suerte o un milagro?. Camus Aquarius, aquel que no confía sus sentimientos a nadie. ¿En una relación?). – cuando más daba vuelta al asunto, Camus menos lo creía.

En la puerta de casa de Camus…

– ¿Quieres pasar?

– Espero que este viaje no te haya cansado demasiado. Mejor nos vemos mañana.

– No seas tonto. – respondió Camus atrayendo a Milo hacia él con las manos en el cuello del arácnido, suavemente lo beso. Un beso tras otro, a los que Milo correspondió pasionalmente. – No quiero separarme de tí.

– Entonces, no lo pienses, no nos dejaremos nunca.

– No… – respondió Camus besándolo con mucha intensidad, agitado – Nunca.

Levantó entonces a Camus mientras abría la puerta del departamento. Ambos ingresaron entre besos y caricias. No encendieron la luz, no la necesitaban; aunque tropezaron con todo a su paso, llegaron a la habitación, donde tampoco necesitaron de la cama pues terminaron en la alfombra. Entonces dejaron que sus aromas se impregnaran entre ellos, esos besos eran demasiado cálidos, las prendas fueron descubriéndose una a una, dejando espacios para su deleite. Inicio por su cuello al recordar que alguna vez le fue prohibido, recorrió largo y tendido aquellos músculos que se estiraban a su paso, deleitándose con las reacciones obtenidas, triunfando sobre territorio desconocido.

La excitación aumentaba, ambos se retorcían, gemían y suspiraban. Tiemblan con el roce de las manos y los dedos, sus labios se exploraban y conquistaban reclamando para sí todo del otro. Camus podía jurar haber oído entre gemidos un ” te amo”. Eso detuvo la marcha inmediatamente, Milo tomó el rostro de su amante con ambas manos, posiblemente esperando respuesta, pero al no obtenerla, lentamente beso la frente del francés que parecía paralizado, al poco Camus en respuesta, también dió un beso en la frente a su amante, para luego aferrarse a su pecho y besar el corazón de Milo, escuchando como si fuera este, el portador del tesoro más grande de su existencia. Como si con ese beso pudiera llevarse consigo el significado de las palabras que lo hacían estremecer.

Iniciaron entonces un nuevo compás, uno más arduo, exigente, las embestidas aumentaban en ritmo y fuerza. Ambos se adoraban y si pudieran darían más de si. Llegaron al límite, ya sin aire, sin un sólo pensamiento en mente, exaltándose, arrebatándose en una entrega total.

– Te amo. Milo, Ni siquiera quiero imaginarme cómo sería la vida sin tí.

Continuará…

Una respuesta to “Demasiada Prisa III”

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  1. Demasiada Prisa – fanfictión Saint Seiya – AU « Janniceg Frankfurt - septiembre 29, 2011

    […] Demasiada Prisa III […]

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