Capítulo XI – “Un Dios Para El Santuario”

18 May

1.-  Capítulo I    – La despedida de Mu (El inicio de las  desgracias)

2.- Capítulo II   – Confesiones.

3.- Capítulo III  –  Y las Desgracias continúan

4.- Capítulo  IV  – Una Estrella Para Aries.

5.- Capítulo V     – El Recuerdo Más Preciado

6.- Capítulo VI   – Entre Amores y Venganzas

7.- Capítulo VII  – Padre Maestro y Amigo

8.- Capítulo VIII –  Respuesta al Tiempo Cambio Y Fuera

9.- Capítulo IX     – Entiéndeme

10.- Capitulo X –  Un Incidente Inesperado

11.- Capítulo XI – Un Dios Para El Santuario 

“Un Dios Para El Santuario”

– ¡Dhooookoooooooooooooooooo! – el enojo que el patriarca plasmó en su grito retumbó por cada rincón del santuario haciendo considerar a cualquier ser viviente la posibilidad de huir del inminente desastre.

– Digan lo que digan en mis casi 300 años fui muy feliz – se escuchó del santo de libra a modo de despedida mientras caminaba por el enorme salón del patriarca hablando para si mismo, recordando escenas de su larga vida, acrecentando el sentimiento de culpa ante el hecho de tener al Dios de los mares en el santuario de Athena – Estoy perdido – se lamentaba – Seré recordado como el santo que acogió a un Dios, en el templo de otro Dios, sin el permiso de su Dios, ni la venia de su patriarca – dijo denotando angustia.

– Descuida – se escuchó con total relajo la voz del gemelo menor quien iba tras el santo de libra prestando atención al triste monólogo – Dhoko, ¿Sabes cual es tu problema? – preguntó sin recibir respuesta alguna, solo la mirada difícilmente equilibrada que trataba de mantener el castaño de ojos verdes. Suspirando Kanon continuó – Tu problema es que te preocupas demasiado por nada.

– Y tu problema es que no te preocupa nada – respondió Dhoko, volviendo a angustiarse luego de haber escuchado la sentenciante exclamación del patriarca nuevamente – No conoces a Shión, bajo su apariencia tranquila y paciente se esconde un verdadero monstruo. El santo más noble y gentil también tiene su lado agresivo.

– Descuida, cuando entremos nadie notará tu presencia – dijo abriendo las grandes y muy bien cuidadas cortinas que daban acceso a los aposentos del patriarca, encontrando no solo a Shión, sino también a todos los santos de oro y al Dios de los mares que reposaba en la amplia y cómoda cama enfocando toda su atención en los recién llegados.

Caballeros Dorados, Golden saints - un Dios para el Santuario

– ¡Exijo una explicación a todo esto! – el antiguo santo de aries con enfado estudiaba uno a uno los rostros de sus santos quienes lo observaban consternados, asustados, como si se tratara de un grupo de niños que había cometido la travesura más grande de su vida.

Una a una las miradas delataban parte de culpa en el acto. El santo de Virgo de impecable conducta no pudo contener parte de culpa optando por cerrar los ojos asi como Aioria y Aldebarán de Tauro se mostraban afligidos al igual que Afrodita, Milo y Saga pues siendo santos tan fuertes y enérgicos no detuvieron el ataque del santo de sagitario. Camus y Shura al contrario manejaba la situación con mirada analítica, mientras que Death y Kanon permanecían con los brazos cruzados, apoyados en la pared con una sonrisa en los labios sin mostrar remordimientos. Nunca antes había sucedido nada igual. Ante este espectáculo Dhoko avanzó tratando de imprimir seguridad en sus pasos mostrándose muy cerca al patriarca

– ¿Eres responsable de esto? – preguntó el pope manteniendo seriedad absoluta en su voz.

Esta vez los santos abrían camino logrando que Aioros también se dejara ver ante el padre de los 88 santos quien ahora mostraba absoluto enfado. Frunciendo el seño observó con severidad tanto al santo de libra como al de sagitario como si tratara de descifrar lo infinito. Luego de un momento desvió la mirada hacia los otros caballeros y negando con la cabeza continuo:

– Responde Poseidón – volteó el padre hacia el Dios – ¿Por qué los dioses me castigan con hijos tan insensatos? – preguntó causando gran pesar y tristeza en los santos.

– Shion, escúchanos… – interrumpió Dhoko tratando de calmar los ánimos del patriarca, sin embargo fue cortado por Julián

– A mi parecer fuiste un buen tutor. No es culpa tuya si ellos no aprendieron nada – respondió el emperador de los mares observando a los santos, con fingido fastidio y fijando la vista en kanon continuó – ¡Dioses! ¿quién podría con ellos?

Los santos reunidos trataban de disimular las miradas de reproche hacia el Dios y sus comentarios.

– Padre, la culpa es mía – dijo Kanon dando un paso adelante y borrando la sonrisa del rostro – yo invité a Julián pero no esperaba este resultado.

– No padre, la culpa es mía – se escuchó de Aioros – Yo lo golpeé hasta dejarlo inconsciente. Soy el responsable de todo.

– Responsable. Dhoko, ¿acaso no es el cargo que te dí en mi ausencia? Y tu Aioros, ¿entiendes la responsabilidad que te ha designado tu estrella al momento de nacer? Fuiste designado como mi sucesor y no debes permitir que emociones destructivas te gobiernen.

-Su Ilustrísima, aquel hombre lastimó a nuestra diosa, se burló de nosotros y nos arrebató todo cuanto teníamos. Jamás perdonaré tal humillación, él pagará con su propia vida por tal atrevimiento.- se escuchó del arquero.

– El daño a un dios o a su reencarnación por un chiquillo incapaz de controlarse puede romper el actual trato con los dioses – aseveró el patriarca de manera tajante y sin contemplaciones, mirando a cada uno de los santos formando un ambiente tenso entre los presentes – Si aún no entiendes, tu insensatez esta a punto de echar a perder todo sacrificio realizado por nuestra diosa. ¿Ya deberían saberlo no es así? Ustedes son los santos más fuertes y sin embargo permitieron que algo así sucediera, es una vergüenza. Tenían todas las posibilidades de intervenir y no lo hicieron. ¿No se dan cuenta que al actuar de esa manera se convertían en lo que más odiaban?

– Shión, si hay un culpable ese soy yo – respondió el castaño de libra – Convoqué a una reunión y llamé al emperador de los mares aun teniendo en cuenta los efectos que podría causar en nuestros santos al volver a verlo. Debes dejarlos libres de toda responsabilidad.

Un momento de silencio apresó el escenario, volteando de manera violenta el patriarca ordenó con voz clara:

– Quiero hablar con Dhoko en privado. Retírense.

Nadie contradijo al padre. Todos procedieron a retirarse de manera silenciosa, los pasos acompasados de los santos abandonaron la habitación dejándose escuchar a lo largo del salón hasta ser inaudibles.

– Dhoko sobra decir que no eres un niño para ser tan inconsciente de tus actos. Quiero escuchar ahora mismo, que planes tenías entre manos al dejar entrar a un Dios ajeno a este refugio.

– Shión de Aries ¿Por qué me ignoras? – preguntó el Dios levantándose enérgicamente. Haciendo a un lado las sábanas y ante el silencio del pontífice se puso en pie con la magnificencia y el porte divino que derrocha un Dios, haciendole entender la simpleza de un mortal – Haces la pregunta equivocada a la persona equivocada – dijo – Yo, el Emperador de los Mares revelaré el motivo que me hizo llegar al Santuario de Athena para quedarme por el resto de mis días aquí, en mi nuevo refugio.

– ¿Qué dices? – preguntaron al unísono ambos caballeros de antaño, con los ojos muy abiertos ante esta última revelación y al mismo tiempo poniéndose en guardia.

– ¿Aún no lo saben? O quizás no lo recuerdan – el silencio reinó y un sentimiento de aflicción se apoderó del patriarca quien prefirió guardar silencio para escuchar las razones del emperador sin cometer locura alguna – Soy el dueño y señor de tierra y mar. Soy el esposo de Athena. Dudo que lo hayan olvidado.

– Te equivocas. Eres el esposo de una mortal. Te desposaste con Saori Kido, no con Athena – increpó Shión al escuchar las revelaciones del señor de los mares.

– Los santos dorados de Athena no pueden ser tan ingenuos – respondió mostrando en su mirada la sabiduría milenaria de un Dios – Analicemos. Dos Dioses que controlan a voluntad a sus reencarnaciones no impiden la unión de estos en santo matrimonio, la boda la celebra un juez de inframundo que nada tiene que ver con las uniones de esta tierra. Servimos vino para los mortales e icor para los novios. Ahora saquen sus conclusiones y díganme si el santuario no me pertenece por derecho. Soy dueño y señor de tierra y mar, siempre consigo lo que quiero.

– ¡NO! Ella confió en ti. Aquel día solo Shión y yo fuimos testigos de ello – increpó el santo de Libra al escuchar semejante afirmación. Ambos caballeros recordaron entonces sucesos que en su momento les fueron negados.

Grecia – Isla de Rodas (3 años atrás)

– Athena, aún está a tiempo para… – habló Dhoko siendo interrumpido por la deidad de ojos verdes.

– Dhoko, no hay nada que pensar – respondió Athena sin vacilar, mirando con profundo amor al santo de la balanza.

– ¡Pero Athena! Nosotros tenemos el deber de protegerla. Jamás me perdonaría si algo le llegara a suceder – exclamó Dhoko con angustia reprimida en la voz, en tanto la diosa se acercó al castaño y tomándolo de las manos transmitió toda la tranquilidad y calidez que solo el ser amado puede dar. Elevando sus verdes ojos buscó al padre de los 88 santos quien no era ajeno a la tristeza de su amigo.

– Shión, ¿tu entiendes no es cierto? – preguntó la Diosa observando con tristeza al representante de aries mientras el santo guardaba silencio cerrando los ojos de manera elegante en dolorosa complicidad, sintiendo un nudo en su corazón que con el pasar del tiempo trataría de menguar al recordar su única fuerza. Sus hijos.

– Por eso te amo Shión de Aries. A pesar de saber la verdad absoluta eres el único que domina sus emociones y obedece en silencio mi voluntad – manifestó la deidad pasando revista por todo el ambiente pre nupcial, anhelando la presencia de los santos que no la acompañaron – Confío en Julián, él sería incapaz de traicionarme. Pueden estar tranquilos caballeros – soltó la mano con la que sujetaba a Dhoko para unirse en matrimonio con el ser que siempre la deseó.

La última visión de Shión implicaba a Athena abriéndose camino entre la multitud, con el objetivo de llegar al altar, donde estaba esperando por ella el ser que acababa de convertirse en su pesadilla viviente. Fue entonces cuando nació en él un sentimiento de desesperación, pues no se trataba de otra persona sino de su Diosa la que estaba a punto de desposarse. Apresuró el paso tratando de alcanzarla, pero el tiempo parecía eterno y sus esfuerzos inútiles; escabulléndose entre los presentes logró recordar vagamente que estos traían antifaces perfectamente elaborados, las más finísimas representaciones de arte cubrían a medias sus rostros y al mismo tiempo se interponían en su deseo de alcanzar a la Diosa. La distancia era corta, a pocos centímetros de cumplir su cometido tropezó de manera inexplicable y al levantar la mirada pudo observar la figura de Lune de Balrog con la túnica y la actitud propia de un juez inquebrantable, quien con un enorme libro pasaba delante de él. Recordó entonces la angustia de Dhoko y sus intentos fallidos por evitar tal unión, y la impotencia que él mismo sentía ante un extraño poder que lograba mantenerlo al margen de sus deseos al igual que a su compañero de batallas, mas, las miradas de los presentes parecían juzgarlos. Un grito desgarrador llamó a la Diosa quien parecía haber caído en un eterno letargo. De pronto un ser oscuro se presentó ante él quitándole el habla por completo. Se trataba del novio con Poseidón en él.

– La próxima vez que nos encontremos recordarás todo y caerás en cuenta que yaces frente a tu dueño y señor – escuchó Shión internamente sin la mínima posibilidad de moverse, ni manifestarse; solo sus sentidos fueron testigos de aquel acto que aborrecería al momento de recordarlo.

Las promesas fueron hechas, las alianzas intercambiadas y la bebida servida para los nuevos esposos. Tanto Shión como Dhoko caminaban aturdidos y perdidos entre los invitados enmascarados, quienes los miraban y comentaban entre ellos de manera curiosa, preguntándose la razón de su presencia, mientras al mismo tiempo eran observados por Julián quien dibujaba una sonrisa en su rostro.

Los novios cumplieron su deseo ante los propios ojos de Shión. El acto fue consumado sin reproches por parte de los presentes a pesar de los deseos del antiguo santo de aries, pues lejos de mostrar su desacuerdo celebraban la unión. Todos iluminados por la luz de una hermosa puesta de sol felicitaban a los recién casados mientras tanto en el corazón de Shión y Dhoko se tejía un presentimiento que hasta entonces, en sus casi 300 años de vida había llegado a ser el presentimiento más oscuro y trágico.

El padre de los 88 santos apenas podía creer que fue él quien permaneció al lado de su Diosa en tal acto. Nunca en toda la historia desde la era del mito alguien podría pensar o si quiera concebir la idea de ver a Atenea desposada. Shión fue el primer y probablemente el único y último ser en la tierra que entendía los sentimientos de Athena, pero está decisión estaba acabando con él.

A lo lejos, el santo más devoto a la diosa Athena observaba con gran pesar a la niña por la cual sacrificó su vida teniendo apenas 14 años y un brillante futuro como sucesor del patriarca. Las imágenes de una bebita alegre y traviesa agolparon su mente, aquella bebé ahora se se había convertido en la esposa de uno de los hombres más poderosos del mundo. Volvió la mirada observando al santo de Pegasus quien hasta hace unos momentos había sido el protagonista del grito desgarrador que se dejó escuchar en la boda pero que para pesar del caballero de bronce no tuvo efectos sobre la Diosa. La escena mostraba al santo de pegasus de rodillas, con actitud de derrota. Él no emitió palabra alguna. Sus lamentos silenciosos ahondaron más el sentimiento de tristeza que compartía con el caballero de Sagitario.

Julian solo Poseidon dios de los mares

La revelación fue hecha, los santos de Aries y Libra recordaron a detalle todo lo ocurrido, mientras el dios de los mares caminaba a través de ellos vestido con la túnica propia del emperador, con toda la majestuosidad de antaño tomó el asiento que correspondía a la Diosa Athena. La puerta de la habitación fue abierta de par en par y dos figuras hicieron su aparición. Sorrento de Siren y Titis la Sirena quien traía en manos el tridente que acompañó al Dios desde la época del mito, ambos se pusieron de rodillas ante su amo y señor, la sirena extendía sus brazos alcanzando a su Dios el objeto más representativo del poder del mar.

Este último suceso alertó a todos los santos, puesto que después de mucho tiempo lograron sentir un cosmo tan poderoso que podía cubrir todo el santuario; nunca antes había sucedido algo similar, al menos no en ausencia de Athena. Tanto santos dorados, de plata, bronce y hasta de acero fueron a toda prisa a ver lo ocurrido. Nadie imaginaría que a partir de entonces todos quedarían en manos del poderoso Dios Poseidón. ¿Acaso finalmente logró su cometido?. Ahora gobernaría tierra y mar, por sus propios deseos, libre del manipular de terceros; esta vez lo había logrado. La vida hacía con ellos lo que quisiera.

En una cabaña en los límites con Rodorio, se encontraban los santos de Aries y Virgo aún cuidando de Shaina, la amazona; cuando sintieron el gran cosmo del Dios cubriendo todo el santuario.

La mirada de Mu demostró preocupación y una opresión en su pecho se hizo presente, la cual pasó desapercibida por Virgo quien se encontraba embelesado, observando las facciones de la durmiente. Sin perder más tiempo Mu tomó del brazo a Shaka llevándolo consigo hasta los aposentos del Patriarca.

Llegaron presurosos al gran salón para observar como Shión y Dhoko corrían para atacar al Dios del Mar y como este último respondía emanando su gran cosmo dejando sin efecto el ataque de los santos dorados más antiguos, quienes permanecían inmóviles tal como aquella vez en la boda, sin habla y control de su voluntad. Todos observaban anonadados, furiosos, con resentimiento, rechazando aquella escena y al mismo tiempo sorprendidos ante la presencia inesperada de Mu; lo cual no pasó desapercibido para Shión, quien aún sin poder moverse y hablar preguntaba con los ojos el motivo de su visita, pero antetodo buscaba advertirle del peligro de atacar a un Dios. Mu de aries muy ajeno a todo lo que se había vivido en el santuario sintió en carne propia los golpes y maltratos que le propinaban a su padre y amigos, llenándolo de indignación, reaccionando también contra Poseidón sin tener en cuenta que tampoco contaba con su cosmo; juntando toda su fuerza corrió hacia el Dios intentando arremeter un golpe suficientemente fuerte.

– ¡No permitiré que lastimes a mi padre y que mancilles nuestro honor pisando el templo de Athena!

– ¡Detente Mu! – exclamó Shaka al caer en cuenta que su amigo no contaba con la fuerza del cosmo, solo con la fuerza física. Intentó alcanzarlo corriendo tras él.

Esta vez el Dios con su cosmo lanzó violentamente a ambos caballeros a una de las paredes del templo, dejándolos inconscientes en el acto.

– No es manera de comportarse ante su nuevo señor – habló el Dios Poseidón mirando desafiante a los presentes, quienes no soportaron tal autodenominación y se juntaron para unir fuerzas contra tan ingrata visita teniendo el mismo resultado que con Shaka y Mu. Todos los santos dorados habían sido vencidos rápidamente ante la sorpresa de los santos de plata y bronce que hasta ahora no podían dar crédito de lo que veían. Poseidón no solo se había adueñado del santuario sino también de sus vidas al ocupar el lugar de Athena.

Con una sonrisa victoriosa el emperador elevó su tridente irradiando luz divina, torturando a todo ser viviente en la habitación. Un sin fin de gritos de dolor se dejaron escuchar ante tal destello, desvaneciendolos. Tras terminar, una figura aún se mantenía en pie. Era el santo de Pegasus.

El santo de bronce Seiya había sufrido lo suficiente con la pérdida de Athena como para tener que tolerar al Dios que tanto detestó en los últimos años sobretodo al ver apoderarse del mundo que con tanta entrega y cariño había cuidado batalla tras batalla junto a su amada Diosa.

La mirada de Poseidón se fijó en Pegasus y muy pronto los recuerdos de su último encuentro se agolparon en su mente cayendo en cuenta de la larga lista de Dioses derrotados por aquel mortal: Ares, Hades, Apolo, Eris, los dioses nórdicos, también los dioses de inframundo y su misma persona; el temor por parte del Dios fue reemplazado por aparente serenidad y frialdad en la mirada. Pero este hecho no pasó desapercibido para su fiel marina Sorrento, quien al ver como Pegasus se levantaba y casi lograba traer su cosmo de regreso para atacar a su señor tocó su mortal melodía torturando una vez más a todos los presentes hasta dejarlos totalmente debilitados y desvanecidos, excepto Seiya que nuevamente lograba ponerse en pie y detrás de él los santos del Cisne y Dragón. Los tres caballeros de bronce mostraron determinación en la mirada, logrando no solo intimidar al guardián del Atlántico Sur sino también al Dios Poseidón al observar que su cosmos no tenía ningún efecto sobre ellos pensó: “¿Cómo lo han conseguido? Es imposible. Solo son unos simples humanos. Es como ella dijo: El amor hacia la humanidad hace que puedan lograr milagros. El amor les hace más fuertes e indestructibles de lo que jamás puedas imaginar”.

– ¡Maestro! – gritó Milo el escorpión – ¡Maestro! ¡Permítame responder a esta ofensa! ¡Por Athena!

La mano extendida del santo de Escorpio en dirección al patriarca fue tomada por Camus de Acuario quien tan solo con la mirada hizo comprender que no debía poner en duda la voluntad y el acuerdo que se hizo por Athena.

– ¡Su ilustrísima! – exclamó Shura de Capricornio – ¡Esto va contra toda ley! Es de bien nacido ser agradecido…¡pero este tío quiere llevarse todo! ¡Joder! ¡Eso nos incluye!

– Shura – se escuchó del santo de sagitario – Él nunca será nuestro Dios. Nuestro destino aún antes de nacer fue el de convertirnos en caballeros de Athena. Por ese motivo, no debemos rendirnos. Lucharemos por ella, por nuestra venerada princesa.

– Siempre dije que renunciar a la idea de ganar antes de empezar, equivale a perder sin pelear – dijo el gemelo mayor de Géminis con notable cansancio, levantándose con mucho trabajo – Aún con estas heridas y sin perder las esperanzas, nosotros seremos capaces de lograr lo inimaginable si tan solo si creemos que así será.

Los caballeros de Athena uno a uno se pusieron en pie. El ataque al Dios del Mar era inevitable, aún teniendo a casi todos los santos en su presencia con deseos de acabar con su vida, el Dios no mostró ningún tipo de temor. Con la misma expresión de hace unos momentos se mantuvo quieto en el asiento que alguna vez perteneció a Athena, volvió la mirada hacia Shión y dijo:

– Mira a tus caballeros ¡Ahora yo les enseñaré el respeto que le merecen a un Dios!

Nuevamente el tridente selló los movimientos de todos los presentes, inundándolos de un dolor que iba más allá de lo que un santo podía soportar, sobretodo si se encontraba sin armadura.

La tortura llegaba a su límite, ante los ojos de Shión sus amados hijos eran lastimados, el sentimiento de impotencia se manifestó con un llanto silencioso; la voluntad de Athena no se cumplía y por un momento el padre de los 88 santos pensó: “Si este era nuestro destino, hubiera preferido no callar”.

Aún asi los santos en pie no perdían la oportunidad de demostrar que estaban dispuestos a todo.

sorrento, tetis, titis, sairen, sirene

Sorrento estaba decidido a terminar con la vida de cualquier rebelde en contra de su emperador; los santos de Athena resultaban ser una verdadera amenaza para su Dios o asi lo creía, inmediatamente interpretó la melodía que pondría punto final a sus jóvenes vidas causando más sufrimiento entre los presentes, quienes ya se encontraban dolidos por las heridas fisicas, pero aún más por el dolor que provocaba ver el asiento de Atenea ocupado por otro Dios.

– Detente Sorrento – ordenó el Dios siendo obedecido por el General Marina de inmediato. Dirigió entonces la mirada al caballero de Athena quien pese a las heridas de su cuerpo se mantenía en pie – Pegasus, ¿que piensas conseguir desafiando a tu nuevo Dios?

– Somos los guerreros sagrados de Athena. Jamás permitiré que uses la vida de mis hermanos – habló imprimiendo valor y coraje en sus palabras, siendo escuchado por todos los que yacían malheridos en el piso del templo, animándolos a continuar luchando por sus ideales – Jamás consentiré que maltrates a nuestro padre y pases por encima del poder de nuestra Diosa. Antes que ocurra, ¡te derrotaré!

– Tonterías, no puedes hacer nada en mi contra – respondió el Dios tratando de mantener la tranquilidad, mientras que el santo de Pegasus concentraba nuevamente toda su fuerza en el que sería un ataque mortal si lo acompañara su cosmo.

– Si realmente amabas a tu Diosa deberías pensar dos veces antes de atacar – se escuchó una voz ajena a todos los presentes en el gran salón, logrando que todos lo busquen con la mirada – No es prudente levantar tu puño contra un Dios. Deberías saberlo – se presentó así el mensajero de los dioses, un ser divino provisto de unas pequeñas alas colocadas estratégicamente en su casco y en sus sandalias. El dios apareció ante Poseidón sin vestir túnica alguna, llamando la atención de algunas amazonas quienes no pudieron evitar sonrojarse al verlo.

– Hermes ¿Saludas a un mortal antes que a un Dios?

– Yo nunca saludo – respondió de manera relajada, cortante y sin volver la mirada hacia Poseidón – ¿Acaso el Dios del mar no está dichoso de verme?

– ¿Ahora que quieres?

– Vengo a traer un mensaje… – dijo la deidad tocando la lira que traía entre sus manos – Que aburrido.

– ¿No es esa la lira de Apolo?

– ¿No es ese el trono de Athena?

– ¡Largo de aqui!

– Dije que vine a traer un mensaje – aclarando la voz y poniendo el tono grave del emisor procedió – POSEIDOOOOOON ORDENO QUE VENGAS AHORA MISMO! ¡DE LO CONTRARIO ME VERÉ OBLIGADO A IR POR TI!

El silencio volvió a reinar, las miradas de los santos presentes coincidieron entre si demostrando gran respeto por la voz hasta ahora desconocida; kanon quien a duras penas trataba de reincorporarse con cansancio comentó:

– Ovejas negras…Sucede hasta en las mejores familias.

– Y te atreves a decirlo…Fuiste uno de sus Generales Marinas y lo utilizaste para conseguir tus propósitos ¡Engendro del mal! – exclamó Saga sacando fuerzas de lo inexistente, aún con la voz débil, hasta caer en el piso con pesadez.

– ¡Ya basta con eso Saga! – respondió su gemelo.

En tanto, Poseidón miraba al mensajero con fastidio tras haber escuchado el mensaje. Luego de unos segundos de silencio respondió:

– ¡Un Dios no recibe órdenes de nadie!

– Estas, fueron las propias palabras salidas de los labios de nuestro gran Zeus. Debes obedecer – comentó el dios Hermes con absoluta calma, dejándolo sin opción – Después de ti – dijo haciendo un ademán con la mano.

– Sí, después de mi – respondió el Dios del Mar para luego detener el paso de manera violenta chocando con el cuerpo del mensajero – No necesito tu compañía – el Dios continuó su camino para sentarse una vez más en el lugar que pertenecía a Athena – Te quedarás con ellos hasta que regrese.

– Y que se supone que deba hacer ¿Ponerme a tejer? – respondió el mensajero sorprendido ante esta última petición con carácter de orden.

– ¡Hermes, Hermes, Hermes! Solo son humanos. Usa tu criterio.

El dios Hermes suspiro mientras observaba como Poseidón abandonaba su cuerpo mortal para ir a reunirse con Zeus en el Olimpo. Al desaparecer todo rastro del Dios, Hermes miró de reojo a todos los santos y una sonrisa maliciosa se hizo presente en su rostro. Al mismo tiempo Dhoko y Shión cayeron violentamente al piso siendo vigilados por Sorrento y Titis, quienes inmediatamente los rodearon, llamando la atención del mensajero quien comentó:

– Relájense – explicó acaparando la mirada de asombro de todos los santos, por lo cual continuó – Bien, si sienten la necesidad de amenazarse y destrozarse entre si, pueden hacerlo; pero solo cuando regrese el cascarrabias del tridente – sonrió sin perder de vista a ningún caballero – Señores, yo prefiero divertirme de otra forma.

Continuará…

Anuncios

8 comentarios to “Capítulo XI – “Un Dios Para El Santuario””

  1. Lala junio 15, 2011 a 9:30 pm #

    Escelente.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Capítulo XVIII_ Al Otro Lado de la Puerta _ TxP | Janniceg Frankfurt - mayo 22, 2013

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  2. Capitulo XVII – El Destino de los Dioses – Todos por Papá « Janniceg Frankfurt - noviembre 1, 2012

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  3. Janniceg Frankfurt - julio 24, 2012

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  4. Capítulo XIV – Hijos míos – TxP Fanfictión « Janniceg Frankfurt - diciembre 7, 2011

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  5. Capitulo XIII – Un ocaso para un mañana – Todos por Papá fic. « Janniceg Frankfurt - septiembre 22, 2011

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  6. Capitulo XII – Los dioses deben estar Locos « Janniceg Frankfurt - agosto 1, 2011

    […] Capitulo XI Un dios para el Santuario […]

  7. Bitacoras.com - mayo 18, 2011

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: – Shura – se escuchó del santo de sagitario – Él nunca será nuestro Dios. Nuestro destino aún antes de nacer fue el de convertirnos en caballeros de Athena. Por ese motivo, no debemos rendirnos. Lucharemos por ella, por n……

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: