Capitulo XIII – Un ocaso para un mañana – Todos por Papá fic.

22 Sep

1.-  Capítulo I    – La despedida de Mu (El inicio de las  desgracias)

2.- Capítulo II   – Confesiones.

3.- Capítulo III  –  Y las Desgracias continúan

4.- Capítulo  IV  – Una Estrella Para Aries.

5.- Capítulo V     – El Recuerdo Más Preciado

6.- Capítulo VI   – Entre Amores y Venganzas

7.- Capítulo VII  – Padre Maestro y Amigo

8.- Capítulo VIII –  Respuesta al Tiempo Cambio Y Fuera

9.- Capítulo IX     – Entiéndeme

10.- Capitulo X –  Un Incidente Inesperado

11.- Capítulo XI – Un Dios Para El Santuario 

12.- Capítulo XII –  Los dioses deben estar locos

13.- Capítulo XIII – Un ocaso para un mañana

Capitulo XIII

Un ocaso para un mañana

—Uno a uno los santos de Athena se sentían burlados por las mentiras y engaños de Kanon; bajando la mirada o bien observándolo con resentimiento y rabia acusaban al gemelo basándose en los antecedentes que todos conocían y que marcarían su vida para siempre.

El emperador de los mares a través de su cosmos habló únicamente a Kanon: “El traidor resultó traicionado. Pagarás muy caro por manipular a un dios”. “Por tu arrogancia sentirás mi furia, vas a sufrir”.

Tan pronto terminó de hablar una sonrisa esbozada en el rostro del gemelo menor sorprendió al dios, desafiando sus palabras respondió también:

Kanon  tridente poseidon

“No resultará difícil escapar de tu castigo, recuerda que logré sobrevivir a la prisión de Cabo Sunión y gracias al perdón de Athena volví a pelear por ella en sus filas; Athena me enseñó cosas que tu jamás lograrás comprender. Poseidón, debo reconocer que esta vez fuiste muy astuto al beneficiarte de mis deseos y buenas intenciones por querer salir de la difícil situación que atraviesa el santuario, pero no debes olvidar con quien tratas”.

Al escuchar las últimas palabras Poseidón habló en voz alta:

—Un traidor nunca deja de ser un traidor. Así nació y así será siempre. Quien podría querer a alguien como tú, que no solo indujo a su hermano al camino del mal. Traicionaste a quienes te dieron la oportunidad de continuar existiendo como lo que deberías ser, un caballero. Es una deshonra tenerte en el santuario.

—Cuida tus palabras Poseidón—interrumpió enérgicamente el patriarca – Kanon, al igual que todos los presentes es un santo que luchó por Athena. Cualquier equivocación que cometió en el pasado fue perdonado por nuestra diosa. Tener a otro dios en este templo…no, en este santuario que fue dedicado únicamente para adorar a la deidad que siempre veló por la paz en la tierra es una deshonra. No queremos tu presencia en este refugio.

– Santos de Athena. Realmente ella los tiene muy engreídos. Pero todo esto acabará pronto – el dios de los mares ante la mirada atónita y la impotencia de todos, utilizó su cosmo en contra de Kanon, alzándolo con fastidio hasta caer por las gradas que se encontraban fuera del templo.

– ¡Maldito seas! – increpó Saga.

Sintiendo el dolor de las palabras dichas por Poseidón y por la duda que generaba en los corazones de todos sus compañeros. Kanon cerró los ojos, ocultando su mirada envuelta en humillación, deshonra, desgracia, vergüenza pensó “Digan lo que digan, Athena purificó mi cuerpo y mi alma con su perdón”. “Aunque ella no esté más entre nosotros velaré por sus deseos”.

– Bajo las órdenes que me dio el dios supremo del Olimpo, no puedo permitir que ustedes que ahora se encuentran bajo mi poder presenten conductas inadecuadas.

Tanto santos como patriarca no lograban comprender las palabras del dios. Ante este silencio, con tono de verdadero fastidio, dijo:

– No hay mucho que decir. A partir de ahora, yo soy su nuevo dios. Esas fueron las órdenes de Zeus y fueron acatadas por su diosa; por su venerada Athena. ¿Entienden? El revelarse a mis órdenes es como revelarse a ella. Nada pueden hacer.

Todos los presentes incrédulos solo se limitaban a observarse entre si. Murmullos que dejaban oír la resistencia que oponían; ante este cambio Shura rompió el silencio forzando a una explicación.

– ¿Athena? ¿nuestra diosa dio su permiso? Vaya tío, creo que te fuiste de copas. Va a ser que sí.

Ante estas últimas palabras algunos santos no contuvieron sus risas; enfureciendo al señor de los mares; sintiéndose invadido por una sensación dolorosa el emperador prosiguió.

– Rían ahora tontos ridículos. Sus vidas me pertenecen y por esta ofensa e irreverencia sufrirán como si vivieran en el mismísimo Hades.

Los cuerpos de cada uno de los presentes fueron quedando inmóviles y todo rastro de sonrisas desapareció al mostrar el dios del mar la prueba contundente de lo que decía. El objeto más preciado yacía entre sus manos. Tenía a la diosa de la Victoria consigo. Al báculo de Athena.

El sol se ponía ante el asombro de todos. Era algo ridículo. Sin embargo la tenue luz naranja teñía todo el ambiente. Para los santos tan solo habían pasado unos minutos, sin embargo afuera habían transcurrido muchas horas.

La luz que resplandeció del símbolo divino hacía Poseidón fue entendida como un mensaje de aceptación hacia su nuevo dueño. Solo Zeus podría tomar tan sagrado objeto y enviarlo a seguir cumpliendo con su noble tarea.

No quedaba duda alguna; su diosa estaba detrás de todo. Shión entendió entonces que las palabras de Poseidón eran ciertas y volviendo la mirada a todos los santos presentes, dijo:

– De ahora en adelante todas sus órdenes serán acatadas sin la mínima resistencia. Yo, el patriarca Shión de Aries así lo exijo.

Las quejas, reclamos e inconformidad no se hicieron esperar, de un conjunto de voces se llegaba a escuchar:

– ¡Pero su santidad!

– ¿Acaso habéis perdido el juicio?

– ¡Qué sinsentido está diciendo!

– Jamás, nunca podríamos considerarlo como nuestro dios.

No solo fueron protestas de los santos de oro, también los de plata y bronce manifestaban su descontento.

Para muchos su querido patriarca había sufrido un ataque senil; lo cual, le impulsaba a actuar así.

Una escena rompió el barullo del momento. Era Seiya quien abriéndose paso llegó hasta el patriarca y Poseidón haciéndose visible ante todos. Los ojos puestos en ellos y todos los presentes se prohibían la respiración para no perderse el más mínimo detalle.

Impulsivamente el dios elevó su cosmo, haciendo que los azules de sus ojos crecieran, presionó entonces levemente el báculo de Athena, como deseando aferrarse a la mano de aquella “mocosa” como la llamaba. En ese entonces pensó: ¿Cómo se dejó convencer para terminar así?; es decir: nuevamente casado, en santuario ajeno, dejando de lado su orgullo milenario y lo que ni en sueños imaginó ser, convertirse en el flamante, primero y único “esposo de Athena”, que es como todos ahora lo conocían, pues nadie se atrevía llamar a la diosa como “esposa de Poseidón”.

Ya contaba sus últimos minutos. El santo de Pegasus que derrotó a tantos dioses vengaría tal atrevimiento, de eso no quedaba duda.

Todos están a la expectativa del actuar de ambas figuras. Cuando de pronto…

– Poseidon, desconoces muchas cosas porque jamás has sufrido por ellas. ¡Son los dioses tan poderosos!, ¡nos creen los dioses así de insignificantes!

– ¡Seiya! – exclamaron Shun y Hyoga.

– Sin embargo los humanos tratamos de vivir con todas nuestras fuerzas. ¿Que son los dioses entonces, que no protegen a aquellos que intentan vivir?, comprender a los humanos y apoyarlos en sus errores. ¿Que es un dios si no es eso? ¿Que es un dios si no es capaz de amar a las personas? Un dios así no es necesario. Ahora quiero hacerte una pregunta Julián Solo – Pegasus exigio la presencia del mortal, pues si bien es cierto la rivalidad por Saori Athena no era con el emperador de los mares.

El dios del mar se apoyó en el trono de Athena; con visible cansancio dejó caer su cuerpo con pesadez en el asiento dando a entender que era Julián quien respondería la pregunta. El santo de Pegasus al convercerse de tal cambio continuó:

– ¿Aún estás dispuesto a cumplir tu promesa?- Escudriñó el caballero en las profundidades añiles del mortal hecho dios.

– La palabra de un miembro de la familia Solo no debe ser cuestionada – fue la respuesta del humano que albergaba el alma de Poseidón.

Sin mencionar nada Seiya se inclinó ante el patriarca y en silencio abandonó la habitación.

– Pero qué… – se escuchó del santo de Aries que volvía en si; aún aturdido por el dolor que le imprimió el golpe, intentó reincorporarse y encontró entonces a su leal amigo Shaka siendo tomado a fuerzas por el guardián de leo. – Cómo… ¿cómo puede ser posible?, no puede ser así. Todo carece de sentido.

-Asi es caballero Mu. Realmente carece de sentido. Finalmente lograron comprender cual es su lugar en este santuario – comentó el dios Hermes quien hasta el momento se mantenía en silencio – Poseidón, es una pena que prefieras pasar tus días aquí en la tierra en lugar de disfrutar del Olimpo. Veo que aún sigues obsesionado con este lugar. Sin embargo puedo comprenderte. Me divertí. Hacía mucho que no me causaba tanta gracia la vida de los humanos. Son como muñecos – una sonrisa torcida se marcó en el rostro del dios alado y como si se tratara de una gorgona presagió – Debo advertirte que estos chicos acabarán contigo. No tienen idea del respeto. Por Zeus en qué…en qué estabas pensando al casarte con Athena. Sabía que te dejaría al cuidado de sus santos – hablaba dejando en silencio al dios Poseidón mientras las sandalias aladas elevaban su cuerpo graciosamente por los aires; muy sonriente se despidió haciendo un ademán con la mano, cuando violentamente volvió la mirada, cambiando su expresión risueña a una de completa seriedad – Si necesitas una niñera… No cuentes conmigo. – advirtió perdiéndose por los altos cielos.

El sol se ocultaba perdiéndose en el mar. Mientras en el mundo emocional de los caballeros peleaban un sin fin de emociones nerviosas por su nueva situación. No pasó mucho tiempo para que las cosas en el santuario volvieran a la normalidad, si así podría decirse.

Todos los santos aceptaron a regañadientes las órdenes de Shión. Como era su pontífice, sabían que cualquier decisión y órden suya no sería en vano.

– Un nuevo dios. Me siento algo desubicado – se escuchó de Albiore de Cefeo quien decía en voz alta lo que pensaba para Orfeo de Lira – Que terco era ese pibe; se mantuvo más firme que mugre de talón. Mirá como nos dejó. – hablaba recibiendo la afirmación silenciosa del santo de lira quien prestaba más atención a los comentarios sobre Kanon que salían de una inesperada reunión dorada.

Volteó entonces para contestar a Albiore.

– ¡Mañana va a estar tan claro y caluroso como antes! – dijo – Mira esa puesta de sol. Hoy todo es distinto. Siempre puedes predecir el tiempo por las puestas de sol.

Se detuvieron en el camino de las largas escalinatas mirando a través de los interminables dominios del santuario. Ahora que el sol se ocultaba sentían como retornaba el airecillo fresco y perfumado de antaño matizado por la brisa del mar.

Avanzada la noche en el templo de Géminis, Kanon atendía sus heridas fisicas en soledad, aunque el verdadero dolor lo llevaba en un aura de sufrimiento interno y emocional, cuando oyó unos pasos conocidos por él y apresuradamente se dispuso a que su rostro adquiriera placidez. No había que hacer sospechar a su ilustrísima que algo pasaba con él. Muy pronto las puertas del templo se abrieron con lentitud, dejando escuchar su crujir.

– ¿Se puede?

Kanon se volvió hacia el patriarca con estudiada despreocupación, aliviado de que no hubiese mirado su rostro afligido por la angustia que representaba saberse la escoria del santuario. Sin embargo no contó con que sus secretos eran los secretos del patriarca también, pues para el antiguo lemuriano sus ojos eran como aguas cristalinas por las que podía ver claramente.

– Su Ilustrísima… – respondió

– Hijo. – el pontífice caminó donde él – Escuché lo que te dijeron Saga y los otros.

– No sabe lo triste que me siento. Yo…pensaba tener una familia pero no es así.

– Hijo, ven – el pontífice direccionó los pasos del gemelo menor muy cerca de él – Kanon, no quiero que me digas nada, solo quiero que me escuches. Llegaste a mi vida cuando apenas eras un bebé y aún me acuerdo de tu mirada, de tu sonrisa inocente; yo desde ese momento empecé a quererte como a un verdadero hijo.

– Si, pero no como a Saga o Mu…

El hermoso lemuriano mediante un sonido sutil busco menguar los reclamos del gemelo.

– Cada hijo es distinto y la manera como te identificas con ellos también, pero el amor de padre es el mismo, el deseo de querer y cuidar a los hijos es uno y me da igual si alguna vez fuiste un aliado de Poseidón, para mi eres mi hijo y lo serás siempre – hablaba mientras observaba la mirada de pesar en Kanon – Está bien, está bien, para ti es incomprensible cómo puede el patriarca Shión de Aries no entender y comprender tu forma de ser. Julián…quiero decir Poseidón, ahora siembra en tu corazón, la semilla de la cólera, el resentimiento y egoísmo, pero hoy eres responsable de tu vida. No él Kanon. Lucha por tu propia vida, nadie te buscara parar encerrarte en Cabo Sunion otra vez; tu tienes la oportunidad de cambiar todo eso. Hoy Saga fue quien pidió a todos que te diéramos una nueva oportunidad porque es tu hermano y te ama; y Dhoko siente un cariño por ti profundo. Eres mi hijo Kanon y yo también te amo. Lo que yo te ofrezco hoy no tiene nada que ver con riquezas, sino algo profundamente trascendente y poderoso como lo es el amor. Tiene que ver con el amor Kanon, la protección de la familia, está en ti – puso la mano en el hombro, imprimiendo seguridad al gemelo. – Está perdido, cuando uno reconoce que se ha equivocado, pero si tienes el valor y la determinación para seguir adelante se puede empezar de cero, re inventarnos de nuevo.

– Algo… algo así me dijo Saga – respondió Kanon con pesar.

– ¿Y sabes por qué?- dijo esto levantando el rostro de su pequeño hallando la respuesta en sus ojos – Sí, lo sabes también.

el silencio se hizo presente haciendo reflexionar a kanon y dando paso a las palabras que tanto anhelaba escuchar.

– Es porque te amamos. Y todos te estamos ofreciendo un nuevo comienzo. pero es tu decisión. Ahora dime ¿Dices que no sabes de qué está hablando Poseidón? Kanon, te invito a que si lo sabes lo digas ahora por el bien de todos, porque si Poseidón es tu dios no ha sido uno bueno contigo, un dios amoroso no haría algo así con uno de sus súbditos. Ahora, Julián solo piensa en él, y a todos los demás incluyéndote… los ha utilizado, los ha usado, por favor no te lo permitas no te hagas cómplice de alguien así. Sí, el también te traiciono y eso no lo hubiera hecho un dios que sepa amar. Kanon recuerda que uno realmente esta con los que ama, su familia. Por favor lucha por tu vida. Te quiero, te amo hijo mio.

Se despidió brindando un dulce y cálido beso en la frente del gemelo quien no resistió mas y se mostró visiblemente reconfortado.

– No perderé el sentido del porqué estoy aquí. Tengo una misiva que debo cumplir.

En el templo de Cáncer, luego de muchos intentos por librarse de los abrazos del ahora amoroso Aldebarán, Death Mask termina por despedirlo de sus territorios bajo amenazas de muerte y empujones; sin embargo esto no fue un impedimento para el santo de la segunda casa quien con una sonrisa en los labios le hizo una promesa de amor eterno y dio su palabra para un pronto encuentro, causando en el canceriano un estremecimiento por demás atípico. Ese día había sido un verdadero caos. Ahora no solo tenían un nuevo dios, sino también nuevas conquistas y para colmo la incertidumbre de permanencia en sus trabajos, pues sin saberlo el día había llegado a su fin y ninguno de ellos asistieron a sus centros de labores.

Por un instante consideró la injusticia de todo esto. Cuan rapidamente pasaba el tiempo y ellos aun no habian logrado juntar lo necesario para salir de esta crisis; ahora con un nuevo dios las cosas se complicarian mas. Miró furtivamente en torno a él tras escuchar el abrir y cerrar de las puertas de la alacena, estantes, roperos, muebles, etc.

-¿Ma che haces Aioria? – preguntó al ver al santo de leo en un afán obsesivo de búsqueda.

– Acaso no lo ves. Busco a Shaka

– Te aseguro que no lo encontrarás dentro de los muebles. Menos en aquel baúl.

– En la India la gente puede doblarse y caber en uno de estos cajones – hablaba registrando hasta los minimos cajoncitos.

– Esto ya es demasiado – lo agarro por los hombros y cargó con el cuerpo del leoncito obsesivo hasta llevarlo a la puerta del templo – Es malo que perturben la paz de mi templo… – cortó sus palabras en seco al darse cuenta del término que acababa de utilizar “Paz”, sus ojos demostraron rareza y sin ánimos de seguir contemplando al león cerró sus puertas. Gradualmente se fue sintiendo mejor. En un minuto estaria bien del todo y entraria a la sala de baño. Tratando de relajarse tomó un largo baño encontrándose con el rostro de Aldebarán, cual gato lo observaba desde la ventana.

– ¡Toro maledetto! ¡malato mentale!

Gritó con todas sus fuerzas logrando deshacerse de la presencia del santo, tras un certero golpe en el estómago.

– ¡Fuori di qui! Tu sei un necio, solo estorbas. Estoy harto di te.

– Athena – habló el santo dorado de tauro en voz alta para si – Sabes porque o anjo está furioso comigo?

– ¿Angelo? – repitió sorprendido – ¡Mataré a Afrodita! Io lo matare.

Suspirando y haciendo caso omiso de las palabras de Death el tierno Aldebarán se despidió diciendo:

– Mas vale passar um minuto a teu lado, que uma eternidade sem ti. Eu retornarei.

Death mask y Milo  , escorpión y cáncer

Después del baño interrumpido y más de una intimidad ventilada, el santo de cáncer aseguró una nívea toalla a su muy bien formado abdomen; aún con fastidio entró a su habitación encontrando a Milo el Escorpión echado muy cómodo sobre su cama.

– Ma che cosa… ¿Ahora no tengo vita privata? Bicho, ¿Che cosa stai facendo qui?

Milo con notable cólera tiró del cobertor dejando la cama destendida, logrando desorbitar aún más los ojos de Death.

– Bicho… Perché questa atrocità? !Esa actitud è talmente ridicola e patetica que deberías implorare a Afrodita para una terapia de ira.

– ¿Rogarle a Afrodita? Primero muerto – dijo muy desafiante. Por la mente del canceriano no pasaron muchos motivos por el cual Milo de Escorpio se encontraba así. Siempre se mostró alegre y sensato, más el arranque al desordenar su habitación hizo que perdiera la paciencia casi de inmediato, haciendo frente a su provocación.

– Pensate que adottando esa actitud lograrás intimidarme? – en su pose de defensa observaba a Milo, recordando algunos de los consejos de su psicólogo: “Death, no todo el que llega a tu templo quiere matarte. Pueden existir otras intenciones”. A esto se preguntó: “¿otras intenciones?” pensó entonces “Milo debe estar bajo los efectos de la flecha igual que Aldebarán”. Bajó la guardia y cambiando su expresión lo miró con amabilidad, hasta sonriendo.

– Capisco. Comprendo veramente – se acercó al santo de la octava casa – Io te gusto… ¿certo? Milo, esto sonorá duro. Ma io non ti voglio. Io gusto de las mujeres.

– Vengo a advertirte de algo – Dijo el escorpión con tono imperativo con la mirada de “obviaré lo último que dijiste” – ¡Te advierto que lo que diré no te agradará en nada!

– Nada a la forza. Io dejé de creer que la justicia es poder. Ma hace molto que no escucho cosas raras. – se burlaba de su compañero dorado.

– Mas te vale que cuides de Afrodita.

– ¿D’ Afrodita? ¿Ma che tiene?

El santo de escorpión esquivó la mirada y muy pronto su rostro tomó el color escarlata. Ante esta actitud no perdió la firmeza en su voz y continuó:

– Te enojarás cuando te diga, pero esto ya superó todos los límites. – la actitud del escorpión desconcertaba aún más al canceriano.

– Entonces libera tu veneno escorpión ponzoñoso. Che sabes de Afrodita para que vengas hablar así.

– Mira, todos saben en el santuario que tu compartes todo con Afrodita y yo con Camus. ¿No es así?

– Vero.

– Bien, de un tiempo aquí Afrodita quiere quitarme a ¡MI CAMUS!

– ¿Tu Camus? Io veo que estás confundido.

– Debe ser duro que sea yo quien tenga que decirte esas cosas, pero… la verdad es esa. Ni modo, él se lo buscó.

– ¿Ma per ché dices eso?

– Es cierto. Afrodita te estuvo ocultando muchas cosas. Como si no hubiera en el santuario otros 87 santos a los que escoger. Tuvo que poner sus ojos en MI CAMUS. Y si vine a decirte es porque ya no estaré en el santuario y alguien tiene que hacer algo.

– Cómo sabes que Afrodita anda detrás de… ¿tu Camus?

– ¡Porque más va a ser! Yo los vi. Mira, mientras evitabas a Aldebarán, tu delicada rosa estaba pegada a mi osito polar. Luego en el jardín de Afrodita los vi muy juntitos hablando muy bajito y como siempre yo debo cuidarlos pues de ti ni tu sombra.

– Tienes un mal concetto di Afrodita. Muchos pueden decir muchas cosas ma…

– No entenderé de peros, solo doy fe a lo que veo. Y si tú no le pones un alto a todo esto se lo voy a poner yo.

– Milo, ¿serías capaz?

– ¿Yo? ¡De qué no sería! En primer lugar inmovilizo su cuerpo para luego darle 30 veces Antares, le doy una entrada de golpes, cuatro llaves inglesas y luego barro su templo con él. ¡Por Athena que lo hago! – la determinación de Milo hizo visualizar a Death la escena y una sonrisa asaltó su rostro, una pregunta lo sacó de sus pensamientos – ¿Cuando hablarás con Afrodita?

– Io non sé. Hablaré en el momento preciso.

– Entonces yo también hablaré con él. ¿No te molestas?

– Ma que dices. Por supuesto que puedes defender tus derechos de único amico. Y si decide ignorarte no te vayas a dejar, descuéntatela.

– Death Mask a pesar de haber sido un maldito asesino me caes muy bien – afianzó su amistad con un golpe ni duro ni débil, fue lo suficiente para hacerle sentir en confianza.

– De acuerdo Milo pero ten cuidado, no vaya a ser que termine convirtiéndome en tu mejor amico – respondió el guardián de Cáncer despidiendo a un alegre escorpión. Impactado por la actitud que demostró al defender su amistad como único amigo. Susurró entre dientes “Su Camus…¿eh?”. Un pequeño sonido le recordó que tenía algo pendiente por hacer.

– Ya escuchaste Afrodita. Guerra informata no mata gente. Deja a “su Camus” en paz. ¿Va bene?

– De acuerdo – dijo el santo de piscis saliendo de la habitación contigüa – Pero debo aclarar que esa es una amistad que no pienso terminar.

– Faites l’amour, pas la guerre (haz el amor y no guerra) – respondió el aguador que salía también de la habitación contigua, haciendo que Death estampe su palma en la frente mirando a Afrodita quien se encogió de hombros.

La calma aparentemente reinaba aquella noche; uno a uno los templos iban quedando a oscuras, unicamente siendo iluminados por los potentes rayos que la luna les podía ofrecer. El templo de aries permanecía iluminado y dos santos dorados platicaban después de mucho tiempo.

– Mu, agradezco tu amabilidad al acogerme en tu templo – el santo de virgo se mudaba de ropa para reposar.

– Conozco a Aioria. Es muy terco. Pero descuida, conmigo estarás a salvo. Yo compartiré habitación con Kiki.

El silencio que Shaka guardó fue inesperado para el hermoso lemuriano, quien podía interpretarlo correctamente. Con temor creciente preguntó:

– ¿Qué sucedió con Kiki?

– Tu discípulo fue enviado con los niños del orfanato. Tiene gran amistad con ellos. De momento, será mejor para él permanecer fuera del refugio hasta recuperar todo lo perdido – La voz serena de Shaka logró calmar al santo de aries, pero no fue sino hasta observar como su amigo de toda la vida esquivava la mirada y le volvia la espalda que decidió preguntar:

– Alto, no me mientas. Quiero saber la verdad Shaka.

El santo de Aries puso en jaque al representante de virgo; el silencio fue la mejor respuesta que este último pudo ofrecer. Unos pasos firmes rompieron el silencio y una voz imponente se dejó escuchar.

– Mu, cómo te atreviste a desobedecerme.

– Qué… ¡Su ilustrísima! – el respeto a su maestro y padre lograron desatar un sentimiento de culpa en el lemuriano más joven.

– ¿Acaso olvidaste quién soy? – tal cual niño que comete la travesura y guarda temor a las acciones de su padre se encontraba Mu, temiendo lo que sería de él tras la furia del bondadoso pero a la vez estricto patriarca – ¿Cómo te atreviste a desobedecerme? – escuchó por segunda vez con mayor reclamo – Bien, sabes cual es el castigo por tu desobediencia ¿no es así? Dime que es lo que te pasa. Acaso no escuchaste cuando te pedí…

– Fue un presentimiento – cortó inmediatamente el santo de aries – Me ví en la obligación de volver. Siento mucho haber desobedecido sus órdenes maestro, pero no me arrepiento de estar aquí.

El santo de aries se inclinó hacia el pontífice, cerrando los ojos como cada vez que los nervios lo traicionaban.

– ¿Sabes que no puedes desobedecerme? – el representante de aries lo sabía, era como traicionar a Athena – Mu, lo sabes muy bien. Te daré una órden. Vuelve para Londres en este momento. Puedes hacerlo Mu.

– Su ilustrísima, podría considerar esta visita como una oportunidad. No podemos mantener a Mu al margen de todo lo que está sucediendo – interrumpió Shaka.

– No puedo. Shaka, no puedo ir en contra de las órdenes de su ilustrísima. Sé que ustedes necesitan mi ayuda. Pero, tampoco puedo estar en Londres ignorando lo que pasa aqui.

– Mu, si no eres capaz de entender cual es tu obligación para con los demás, no puedes quedarte aqui. Todos tus hermanos comprendieron el rol de sus vidas. Ellos decidieron hacer de este mundo un lugar mejor; mira a Kamus explota sus dotes culinarios y la pasión que siente por el arte en hielo, Shura que pese a todo lo ocurrido en el santuario y con el poco tiempo libre que dispone ayuda a otros en alcanzar la justicia, Saga y Kanon a pesar de vivir en competencia unen sus fuerzas para concretizar sus más grandes sueños, Milo que lleva alegría y esperanzas con su forma de ser y sus hermosas canciones a todos los corazones afligidos. Estos solo son algunos ejemplos.

– Ves en todos ellos esas virtudes porque te aman y yo también, pero…

– No, solo veo las cosas como son. – puso sus manos en la cabeza de Mu y Shaka- Recuerden que deben procurar vivir de acuerdo a la voluntad de Athena. Mu, hoy tienes la posibilidad, no debes dejarla pasar. Asi, si voy a verlos o si no, quiero recibir noticias de que todos ustedes siguen firmes y unidos en esa promesa, sin dejarse asustar en nada por las cosas que puedan ocurrir. Hijo, tienes un don muy especial. Ese saber, esa genialidad, esas virtudes deben ser explotadas en beneficio de la humanidad. Existes para el bien y serás muy feliz. Nunca lo olvides.

– Estoy consciente de ello maestro. Pero yo solo vine porque no los volveré a ver hasta dentro de cuatro años.

– ¿Qué dices? – se escuchó la voz consternada de Shaka ante esta última revelación.

Aposentos de Athena por seveya    Saga y Kanon

El emperador de los mares con toda su majestuosidad se encontraba sentado en la amplia, cómoda y muy griega cama de Athena. Con una sonrisa dibujada en los labios observaba a sus dos súbditos que se mantenían de rodillas frente a él como acostumbran hacerlo.

– Veamos. El inventario del Santuario del mar es: Una sirena y un sireno sobrevivientes – sonrió.

– Señor. Por favor no me llame de ese modo. Soy el General Marina de Sirena

– De acuerdo, entonces tenemos a dos sirenas sobrevivientes. Pero no debo preocuparme de eso ahora. Tengo a 88 santos bajo mi disposición. Esto es más de lo que podría esperar. Siglos y siglos con siete Generales y ahora soy dueño y señor de todo.

Se levantó de su asiento y sirviéndose la bebida de los dioses en una copa dijo:

– Mis queridos súbditos. Esperé tanto por este momento que debemos celebrar. Tomen una copa y acompáñenme.

Ambos santos marinas obedecieron y se sirvieron la delicia ofrecida por su dios.

– Ya nada será lo mismo, no. La vida es buena ¿No lo creen?

– Asi es mi señor – respondieron con timidez

– Soy el emperador de la tierra y el mar – afirmó con orgullo creciente en sus ojos – ¿Acaso alguien logró tener al mundo a sus pies en toda la historia del Olimpo?

– ¡Nadie! ¡Usted es el mejor mi señor!

– Como dios soy irresistible y como humano terriblemente apuesto. Nadie me rechaza; siempre consigo lo que quiero. Mi salud es buena y mi vida eterna.

– Usted es divinamente bello mi señor – se escuchó de Titis la Sirena.

– Una larga vida a mi señor – exclamó Sorrento.

– Y ademas de ser el amo y señor de tierra y mar, conseguí desposarme con la diosa que jamás se desposaría y es cuestión de tiempo para que sea mia.

El silencio reinó en la sala, sin escuchar ningún tipo de halagos por parte de sus súbditos.

– ¿No es espléndido? – dijo observando la hermosa vista de santuario iluminado por los rayos de luna – Athena me dejó su reino y soy el soberano de todo – la vanidad en su máxima expresión figuraba en el rostro del emperador.

– Sí. Perdóname si no salto de gusto – se escuchó la voz de Kanon quien interrumpió mostrándose notablemente afectado por los golpes – Aun me duele la espalda – sin perder el tiempo los fieles súbditos se colocaron en posición de ataque ante la presencia del “traidor”.

Poseidón con madura calma y sin preocupaciones meneo el contenido de la copa, ofreciendo al gemelo menor una sonrisa de satisfacción. Se levantó entonces y sirvió el mismo la copa destinada al Dragón Marino, extendiendo el brazo y recibiendo este sin oposición.

– Brindemos por la persona que hizo todo posible – el dios levantó su copa – ¡Por Kanon!

– No era necesario recordar mi vergonzoso pasado – contestó el gemelo menor sin probar el vino servido de la mano del dios – Poseidón, no eres más que una mansa paloma que consiguió lo que quería gracias a mis logros. De lo contrario yo estaría muerto. Quieres vengarte de mi y sin embargo me mantienes vivo.

El silencio fue la mejor carta de respuesta del emperador. Tras unos minutos, terminando su copa dejó escuchar: – Kanon, abandona el santuario esta misma noche.

– Lo sé. Solo vine a despedirme. No tengo nada que hacer aquí – el General del Atlántico Norte volvió la espalda hacia el dios caminando unos pasos hasta detenerse y observándolo de reojo advirtió – vine a comunicarte que está vez no haré el trabajo sucio. Tengo en mente otras cosas por hacer. Pero tranquilízate, no estoy abandonando nuestros planes. Mi misión ya está cumplida. Ahora dejo el resto en tus manos. Me voy con la satisfacción de que hice algo bueno por mis semejantes.

El gemelo menor avanzó hasta la puerta ofreciendo una sonrisa a modo de despedida. Lejos del santuario, regaló una última mirada mientras una pequeña grieta se abria en su corazon de la mano de un viejo, desgastado conejo de felpa el cual en vez de ojos tenia dos botones.

-Vámonos Pipito, tenemos mucho que hacer.- la sombra de Kanon se alejaba en tanto un susurro se dejó escuchar. – Saga espero encontrarte con bien hasta mi regreso, llevo a Pipito conmigo. En cambio dejo a Tentación contigo, el sabra cuidarte. Terminando de decir sus sentimientos ocultos, un boton descolgo de la cara del conejo.

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10 comentarios to “Capitulo XIII – Un ocaso para un mañana – Todos por Papá fic.”

  1. sashakileo diciembre 5, 2011 a 12:26 am #

    holaaaaaaa!!!! me perdi por un momento pero es que estoy apunto de mi gaduacion y e estado ocupada per sigo enla espera del sig capy, q sea tan bueno como los otros xxooxoxoxo.
    hasta luego.

  2. Cecilia Hernandez Medina noviembre 10, 2011 a 2:19 am #

    Hola a todos y todas de este foro como ven solos soy una navegadora y por casualidad me entonces este lugar y apenas estoy leyendo este fics y no puedo dejar de llorar tantas desgracias a los pobre santos y luego mas a shion y Kanon y luego la travesura de hermes con los pobres santos pobre de ellos ,auqnue la gota que derramo el vaso fue la despedida de kanon ahi si lloro bastante, pero por favor no lo dejes incompleto contunialo

  3. shaki leo octubre 26, 2011 a 1:41 pm #

    haaaa, q tal, mira pues como tienes tanta imaginacion yo te digo q segire todo lo que escribas, a por cierto GRACIASSSSSSSSS AMO A MI SHAKA Y MI GATICO NO SON UNA MONADA pues mira lo lei todo toditico y espero lo conti, jijiji ahora q me acuerdo porbre dm con aldebaran acosandolo….. jiijiji xd, en que acabaran (no me lo imagino) bueno bey tengo q trabajar xoxoxoxo.

    shakileo

  4. Janniceg septiembre 22, 2011 a 4:31 am #

    Jajajajajajaaa te pasaste. Y pensar que Pipito llego con los goldsaints.

    Gracias por continuar. Solo espero que Afodite no termine en verdad lastimado.

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