Capítulo XVII – El Destino de los Dioses – Todos por Papá

1 Nov

1.-  Capítulo I    – La despedida de Mu (El inicio de las  desgracias)

2.- Capítulo II   – Confesiones.

3.- Capítulo III  –  Y las Desgracias continúan

4.- Capítulo  IV  – Una Estrella Para Aries.

5.- Capítulo V     – El Recuerdo Más Preciado

6.- Capítulo VI   – Entre Amores y Venganzas

7.- Capítulo VII  – Padre Maestro y Amigo

8.- Capítulo VIII –  Respuesta al Tiempo Cambio Y Fuera

9.- Capítulo IX     – Entiéndeme

10.- Capitulo X –  Un Incidente Inesperado

11.- Capítulo XI – Un Dios Para El Santuario

12.- Capítulo XII –  Los dioses deben estar locos

13.- Capítulo XIII – Un ocaso para un mañana

14.- Capítulo XIV – Hijos míos

15 .- Capítulo XV- El Camino que debemos  recorrer

16.-Capítulo XVI – Una Gran Familia

17.- Capítulo XVII – el Destino de  los Dioses

CAPITULO XVII

El Destino de los Dioses

Un presentimiento se apoderó del corazón de Saga. No dejaba de pensar en su hermano Kanon y los sinsabores que podría estar pasando; si bien lo conocía, él jamás abandonaría sus obligaciones como santo. Debió ocurrir algo muy serio, pensó.

El timbre de una llamada telefónica lo sacó de sus cavilaciones y se apresuró en contestar, escuchando una voz femenina del otro lado del auricular.

— Argus debes volver a casa, es urgente. Tu hermano te necesita.

Escuchaba Saga sintiendo la falta de aire. No pasó mucho para contestar con voz apesadumbrada:

— Lo lamento señorita. Número equivocado.

Colgó el teléfono sintiéndose angustiado, volviendo la mirada para ver la hora; deseó que el tiempo avance lentamente. Cómo deseaba que tuviera mucho trabajo por hacer, cualquier distracción sería buena con tal de no llegar a su templo y admitir que necesitaba de su hermano.

Un hombrecillo bajito, de aspecto bondadoso que no era otro más que su jefe se acercó a él.

— Saga, ¿continuarás trabajando hasta tarde? — preguntó desde el marco de la puerta de la oficina, deteniéndose a observar el semblante poco animado del gemelo mayor.

— Así es. Continuaré trabajando por un par de horas. —Respondió el geminiano quitando de momento la mirada del ordenador para coincidir con aquel honorable señor.

— ¿Tuviste problemas durante mi ausencia?

— No señor.

Aquel observó a Saga por unos segundos con verdadera preocupación; pero cambiando el tono de voz comentó con mucho ánimo:

— La presentación del nuevo representante de la familia Antzas fue amena. Debiste acompañarme; asistieron muchas personas jóvenes de los diversos círculos sociales. —Se acercó al geminiano y en voz baja dijo—: Conocí al primo hermano del comerciante más poderoso del mar. Es un muchacho magnífico; tiene gran futuro en el campo de los negocios–. Agregó sin recibir comentario alguno, solo la mirada perdida del atractivo guardián de Géminis.

Saga

Siendo su jefe una persona muy respetuosa y analítica. Concluyó fácilmente que algo no iba bien con él y preguntó:

—Saga, eres un magnífico trabajador, pero veo que sucede algo contigo ¿Quieres hablar al respecto?

— Descuide estoy bien — dijo sin lugar a discusión; sin embargo, sintió la insistente mirada de su jefe y luego respirar profundo reafirmó—: Estoy bien.

Con compasión en los ojos, el jefe se acercó a Saga dejando una bolsita de galletas chinas sobre el fino escritorio del Gerente. Sin mencionar palabra alguna el dueño de aquella afamada empresa se retiró dando unas palmadas en el hombro del guardián del templo de Géminis, reconfortándolo.

Por supuesto el caballero de Géminis no tenía ni la menor intención de tomar el obsequio y fue así que la oficina quedo en silencio, teniendo como compañía el sonido de estática que desprendían los artefactos encendidos. Bufó cansado y se decidió a seguir trabajando. Sin embargo, esa sensación de auxiliar a Kanon resonó en su interior. Sin cosmo era imposible comunicarse con su hermano, no tenía idea de lo que el menor de Géminis planeaba, “si es que planeaba algo”, puesto que conociendo a Kanon dejaría todo a la suerte. Sonrió para teclear un momento y luego pausó. Sí las cosas en este mundo dependieran de la suerte entonces “todo estaba perdido” se dijo. Sonrió apenas al considerar las galletas que se encontraban en el paquete. “Galletas para leer” pensó ignorándolas nuevamente, más la voz de su hermano reapareció en su consiente ” la suerte tendría que ver en nuestras vidas, hermano, nacemos bajo una estrella pero tenemos el poder de cambiar lo escrito, mas no pienso negar lo bueno que nos concedió nuestra estrella, a veces debemos escuchar al destino”. Al poco no podía concentrarse en una sola silaba y número que veía, “Saga hermano” Él había intentado cambiar el destino del mundo con sus propias fuerzas y la suerte se había negado a caer en sus manos, si esta vez se presentaba en forma de galleta ¿para qué se molestaba en evadirla?

No pasó mucho tiempo para que aquella bolsita llamara su atención y sin ánimos de contener su curiosidad abrió una de las galletitas, las mismas que anteriormente había visto en el templo de Libra.

“Alguien poderoso está observándote de cerca”. – Dijo leyendo el primer mensaje de la galleta. Juntó el entrecejo, cerró los puños y pensó en Poseidón.

— ¡Maldición, nos tiene controlados! –Exclamó con la voz imperiosa voz de cuando era patriarca. Y lanzó una carcajada, “qué frase absurda” se dijo, eso era evidente.

Segundos después luego de probar tan curioso bocadito, se aventuró a sacar otra galletita.

“La persona más leal hoy te necesita”— Leyó sin prestar mucha importancia puesto que se encontraba obsesionado con el jueguito y comer las galletas. Sin reparar en lo que acababa de leer continuó con otra más.

“Dios te ama y te cuida con inmenso poder”.Una sonrisa se dibujó en su rostro y volvió a pensar en el “inmenso amor” de Poseidón.

— Claro. Nosotros también lo amamos. —Habló con la voz cargada en ironía—. Ahora entiendo de dónde Dohko saca tantas frases. —Susurró al fin rompiendo el silencio de sus pensamientos.

Sonriendo guardó de manera inconsciente alguno de los papelitos. Tomó su abrigo para salir de su lujosa oficina, saliendo para tomar un café.

Sentado, tomó un periódico y lo primero que salto a su vista fue el horóscopo del día.

“Géminis: Hoy alguien del signo Capricornio necesitará tu ayuda. No intentes solucionar los problemas en un solo día. Cuidado con tu salud (mental). Tu número de suerte es el 3”.

—Que tonterías – susurró cerrando el periódico, tamborileando los dedos sobre la mesa esperando su pedido.

— ¡Oye tío despabila que tengo prisa y me pilla el toro!

Escuchó de un hombre y sonrió al recordar a…

—¡Shuraaaaaaaa! ¡Shuraaaa espérame! – Unos niños en la calle corrían jugando y llamando al homólogo de su amigo.

— Luego luego. Antes debo llegar a casa. – Se escuchó del niño también con acento español.

Al geminiano le extrañó el hecho de encontrar alguien llamado Shura y además a muchos españoles paseando ese día por el centro comercial. Entonces se levantó de su asiento pensando que sería presa nuevamente de sus arranques bipolares. Sin duda extrañaba a Kanon; de una u otra forma sus constantes discusiones lograban mantenerlo en un plano real, sonrió al saber que comparaba a su hermano como su cable a tierra. No tomó el café, solo se limitó a pagar, sacando entre el dinero el mensaje de la galleta: “La persona más leal hoy te necesita”. Sin perder el tiempo salió de prisa, pues comenzaba a creer que era necesario descansar.

Al llegar al santuario deseaba encontrar a Shaka para hablar de lo sucedido pero no encontró a nadie en Virgo, ni en Leo, ni Cáncer y Tauro; subiendo a Libra, Escorpio y Sagitario sin novedad. Entonces las palpitaciones en su pecho se hicieron presentes, estos ataques no eran simples alucinaciones.

Pensó en Afrodita y fue entonces que sintió una energía maligna proveniente del décimo templo.

Sin perder mucho tiempo el guardián de Géminis se apresuró a llegar al templo de Capricornio. Ingresó sigilosamente, escuchando a lo lejos los quejidos ahogados de Shura en sus sueños.

— ¡Joder no!… ¡Hombre! ¡Eso no es posible! Os dejo todo incluso mi cabrita ¿vale?

Se ocultó detrás de la enorme puerta que estaba entreabierta para observar algo inusual; el alma de Shura se desprendía de su cuerpo y frente a él la nube negra tomó la forma de un ser al que no había visto antes pero adivinaba con facilidad de quien se trataba. Manteniendo silencio escuchó de Shura:

— Eres tú ¿verdad? El rey de los infiernos. Exijo que me devuelvas a mi cuerpo. Solo fue un sueño. ¡No! Fue una pesadilla. No hablaba en serio cuando dije que os dejaba todo. –Apesadumbrado susurró—: Incluso mi cabrita.

— Lo dicho, dicho está. – El ángel negro, sonrió victorioso cruzando los brazos con aires de superioridad.

— Ya te dije que no hablaba en serio.

— No me digas – respondió imprimiendo sarcasmo en su voz.

— Vale, ¿acaso nunca tuviste una pesadilla? ¿Qué harás?

— Shura, sabes muy bien lo que haré. Solo bastaba decirlo. Ahora, vuelve a tu cuerpo, disfruta de tus amigos, del santuario y de tu cabrita dorada. Cuando despiertes todo estará solucionado y olvídate del resto. — Habló con satisfacción.

— No puedo. No debo y no lo haré.

— Te traje un obsequio – deslizo sus dedos graciosamente formando una bella visión de las más hermosas mujeres del mundo; todas miraban al santo de capricornio con lascivia.

— Venga tío ya te dije que esas cosas no pueden conmigo y no es que sea malagradecido.

— Shura de Capricornio, no me desafíes. Nunca fuiste rival para mí.

— Eh dicho tío que no quiero tratos contigo, ¡que te den por culo mal follado!

El ángel malvado se indignó y estuvo a punto de perder la paciencia, sin embargo, contuvo su ira con una sonrisa camuflada.

— No quería llegar a este extremo, pero creo que debes observar lo que sucederá a futuro de mantener esa posición.

Con un movimiento de brazos rasgó el tiempo y el espacio, demostrando imágenes del futuro que les esperaba, siendo observado también por Saga.

— ¿Acaso ese es el santuario? Quiere decir que… ¿lo perdimos todo? – Suspiró y dijo—: No está mal, después de todo aún vivimos como una familia.

— Ya veo—. Respondió el ángel negro sin dar importancia al último comentario.— A ese lugar lo llaman Palestra.

— ¡Válgame Dios! Es como mi escuela cuando crío. Que trajes tan monos llevan.

— No son trajes. Son sus armaduras.

— ¿Esas son armaduras? – Palideció — ¡Por Athena! ¿Nunca recuperé las armaduras?

— No te sientas mal, después de todo tienes un buen cargo dentro de… — contuvo sus risas – la Palestra.

— ¿Qué dices?

— Si bien es cierto, no eres tú, pero el futuro santo de Capricornio supo representarte muy bien.

— Pero qué demonios… ¿Un libro? ¿Dónde está excalibur?

— Aquí no existen tales cosas. Recuerda que ahora como humano ordinario te defienden tus libros y leyes. ¿Ya viste que ahora cada santo domina un elemento? Atrás quedaron las épocas de entrenamientos exhaustos y de pesadas cajas que los ponían en evidencia.

— Todo esto es obra tuya ¿no es cierto?

— Yo no perdí ningún juicio. ¿Es mi culpa ofrecerte ayuda y que la rechazaras?

— ¿Todo esto es por mí? ¿Soy el culpable? – Se dijo, sintiendo desfallecer. Pensó en todo el santuario, la historia de infinitas generaciones de guerreros al cuidado de Athena, la sonrisa de sus amigos, los momentos vividos y…recordó también al patriarca.

— Te ofrezco la ayuda que nadie te ofrece. Los santos de Athena no son tontos ¿O sí?— Tentó una vez más—. De acuerdo Shura, teniendo en cuenta que lo dijiste en sueños seré benevolente contigo. Tienes 12 días para ganar tus juicios por tu propia mano o de lo contrario ya sabes que sucederá si rechazas mi ayuda. Es una auténtica pena. – Se despidió desapareciendo. Pesadamente el alma de Shura cayó fundiéndose dentro de su cuerpo.

Suspiró profundo y levantó la cabeza observando donde se encontraba. Su impecable habitación con cada detalle, fijó la vista en sus libros y sonrió al pensar lo absurdo de realizar técnicas de ataque con su código civil, penal, etc. Había escuchado de sus maestros sobre el poder de las palabras, pero sin lugar a dudas eso superaba todo contexto.

A carcajada limpia suspiró profundamente y se dijo: — Solo fue un sueño. Un sueño absurdo. Pero era tan real… Pude sentir mi armadura vibrar, como si quisiera saludarme o…quejarse. Observó, su portafolio con muchos documentos encima, se apresuró en acomodarlos cuando escuchó la voz de Saga.

— Siento desbaratar tus ilusiones, pero todo lo que viste fue real.

El pánico se apoderó del rostro de Shura, mostrando verdadera preocupación, angustia y temor en sus ojos. En tanto el guardián de géminis se acercó quedando frente a él.

Los ojos azules del griego y la mirada del español hablaban en silencio.

— Ahora da comienzo a la auténtica batalla y estaré aquí para ayudarte. – Se escuchó del guardián de géminis, llamando la atención de Shura.

— ¿Qué dices Saga?

— Ahora más que nunca debes creer que en tu brazo todavía reside la espada excalibur que Athena decidió confiarte. – habló Saga sosteniendo la mirada con serenidad.

— Comprendo. – Fue la única respuesta del español.

Mansión Antzas

En la gran mansión Antzas, el patriarca Shión se despedía de cada uno de los invitados llegando hasta el santo de Piscis.

— Tengo una conversación pendiente contigo. Te esperaré en mi templo.

Por la expresión que llevaba el patriarca en el rostro Afrodita de Piscis veía sus horas contadas. Dejó escapar una sonrisa nerviosa logrando llamar la atención de la señorita Minerva que se encontraba haciendo compañía al nuevo representante de la familia Antzas. Por su parte Death Mask sin perder el tiempo y sin reparos se acercó a ella solicitando bailar una pieza y aunque esa propuesta fue rechazada, se las ingenió para terminar llevándola consigo a la pista de baile. Cambiando el tono de su voz habló la presidenta.

— Veo que está ansioso por hablar conmigo – respondió sin hacer caso a la mirada psicópata que comenzaba adoptar el italiano.

— E vero. Siempre procuro parlar antes de tutto.

— No mienta. Sé que pretende algo con Afrodita ¿O de qué quiere hablar? – preguntó lanzando una mirada sutilmente amenazadora.

— Chiero parlar de usted.

— Escucho.

—Quella persona que más quieres nunca podrá ser tuya.

— ¿Qué dices?

— Ma cómo te explico. – Dijo sin apartar la mirada de Antzas–. ¿La signora conoce las historias de las maldiciones de la diosa Afrodita?

Minerva sonrió con ironía bajando la mirada, para luego responder:

— Por supuesto. Las conozco de memoria.

— Va benne. Ma creo que desconoce una.

La presidenta detuvo sus pasos de baile. Cambiando el tono de su voz se dirigió para el italiano diciendo:

— Creo que deberíamos conversar en los jardines Sr… ¿Angelo d’ Fiore? Acompáñeme.

Ambos se dirigieron a los jardines de la mansión ante la mirada atónita de Afrodita y de todos los presentes. Para el santo de Piscis era inconcebible que Death gustara de Minerva y ella de él. Siguió los pasos de su amigo y presidenta hacia los jardines para escuchar la tan discreta plática.

Apolo por su parte no dejaba de observar al león con curiosidad; recordando los minutos que vivieron en la oficina, cuando lo vio llegar con rosas y un inmenso león. Recordar aquellas palabras pronunciadas con tanta ternura contribuía alimentando el ego del pelirrojo seductor, sin importar si estas provenían de un hombre. Se acercó con absoluta confianza, estudiándolo de pies a cabeza como una fiera a su presa y con ánimos encendidos habló:

— Buenas noches Sr. Aioria de Leo.—Saludó cortésmente.

— Es Paolo Dianz–. Pensó en voz alta. —No entiendo por qué le guardé tanto rencor—. Hizo memoria e interrumpiendo sus pensamientos habló enojado juntando el entrecejo–. Como sea. Hoy intentó llamar la atención de Shaka. Y eso no lo puedo tolerar. –Entonces reclamó—: Usted podrá ser quien quiera entre los suyos, podrá tener todo lo que desee en la vida, podrá estar rodeado de muchas personas influyentes, hasta podrá comprar la admiración de otros por su posición y dinero, pero nunca podrá impresionar a Shaka con todo eso, porque simplemente él no valora esas cosas. Shaka de virgo se encuentra más allá de lo que puede imaginar.

— Aioria…— Interrumpió Marín.

— No me detengas Marín.— Miró a Paolo y continuó—: Pierde el tiempo al intentar llamar su atención él… es distinto a otros.— Agregó siendo interrumpido por Paolo.

— Ciertamente Shaka de Virgo es una persona distinta a otras, pero no tengo interés por él.

El último comentario puso en alerta al santo de Leo, sobre todo al sentir el evidente acoso por parte del pelirrojo.

Esta reacción preocupó más de la cuenta a la amazona del águila.

— Marín— Se escuchó de Paolo – Es hora de retirarnos. –Paolo volvió la mirada para el santo de Leo; sonrió de manera graciosa y se despidió. —Aioria, espero muy pronto volverlo a ver.

Marín sonrió y se despidió de Aioria, mirándolo de vez en cuando cada que se alejaban. Luego de llegar a la salida Marín interrumpió el paso de Paolo y se disculpó por tener que atender “asuntos” con el Asistente de Minerva, que no era otro que Afrodita; sin embargo, cuando apenas perdió a Paolo de vista volvió con Aioria para decirle:

— Aioria, creo que ya fue suficiente con este juego. ¿A dónde quieres llegar? No puedo creer que Shaka de Virgo, el hombre más cercano a Dios, se preste para, para… Las palabras no salieron ante esta realidad.

El Santo dorado de Leo se limitaba a observar y callar, para luego de unos segundos responder.

— Dime, a qué te refieres con juego. — El tono de su voz y semblante cambió reflejando la seriedad propia de un poseso por el Satán Imperial. Sin recibir respuesta continuó–. No te confundas, ahora todo ha cambiado. Gracias por haberme dado el tiempo necesario para replantear mi vida. Creo que es explicación suficiente. ¿Están resueltas tus dudas?

— Aioria, te pedí un tiempo, no que te enamores de alguien, así que…

— ¿Así que qué? Qué quieres que haga. – Respondió con la mirada fría y plena de indiferencia.

— Shaka de Virgo no te corresponde.

Los ánimos del guardián de Leo se enervaron, juntando el entrecejo y conteniendo la evidente molestia por el último comentario, dijo:

— Se supone que querías una explicación al respecto, y te la di. Eso es todo. No hay nada más que decir.

— No puedo creer que el poder de la flecha que te alcanzó sea más fuerte que tú, que… Aioria, eres un hombre diferente.

— No tengo nada que hablar contigo— diciendo esto se retiró y salió a bailar con la primera persona que pasaba por ahí, que por coincidencia era la señora que llego con Shaka y quedo también maravillada con el santo de Leo. Sin embargo el águila no se movió y espero a que la pieza termine para intentar hablar con el león furioso otra vez.

— Aioria, si fuiste tocado por la flecha de Eros, entonces el mito del arco es… pero Shaka…

— Aún insistes con eso. Esto no tiene nada que ver contigo.

— ¿Qué puedo hacer?— Comenzó a sentirse angustiada al vivir la realidad en la que se encontraba aquel que siempre había estado con ella en todo momento. Pensó y pensó rápidamente hasta que un brillo se apoderó de sus azules ojos y levantando el rostro dijo—: Según la mitología, solo el verdadero amor logrará romper ese sortilegio o maldición. Aún si es tejido por un dios.

— ¿Así? Y entonces qué harás.

— ¡Intentarlo todo! – Se mostró exaltada y apenas terminó de decirlo, ante la vista de todos y sin tener en cuenta la presencia cercana del patriarca, se lanzó como un águila rapaz apoderándose de los labios del León.

marin aioria

Lo besó con fiereza, como si con sus labios pudiera sacar al antiguo Aioria. Aquel hombre que estuvo con ella en todo momento de su vida en el santuario. Y por unos instantes, sintió contradecir los reflejos en el León. Estos querían aceptarla y rechazarla, se separó de él por unos instantes y pudo escuchar aquella dulce voz pronunciando su nombre con ternura, como antes, grabándose en su corazón. Ella se abrazó a él creyéndolo suyo, pero la figura de Shaka a lo lejos desvió la atención de su amado, quebrando sus esperanzas por entero al entender que esa no era la solución. Escuchó la voz de Aioria que al mismo tiempo la separaba de su cuerpo.

— No, no puedo— y la separó de sí mismo. –no siento nada por ti. Lo lamento.

— Aioria – Ella no podía concebir la frialdad que desprendían los ojos del León. ¿Es que antes no conocía realmente a Aioria? — Es imposible. Este no eres tú. Llegaré al fondo de todo esto. Volverás, lo prometo.

— “Aioria no podía ver nada más que a Shaka y Shaka no quería ver más a Aioria”.— Milo sonrío sarcástico acercándose a la amazona — No te sorprendas siempre fue así. – Dijo tomando de un brazo al Águila y distanciándola del León. Sin ánimos de reprender y aconsejar habló–: Tuviste tu oportunidad y acabo el día que rompiste su corazón.

Ella soltando su brazo en un movimiento respondió:

— Yo quería tiempo, caballero de Escorpio. – Sin lograr sostener la mirada por más tiempo, volvió la espalda para el guardián del octavo templo. Sin embargo no fue impedimento para que este último acercándose hable con ella.

— ¿Tiempo?, ¿para qué? Acaso no tuviste todo el tiempo suficiente luego de su muerte. —La amazona volvió la mirada con fastidio hacia el caballero de Escorpio y se dispuso a salir pronto del lugar.

— Fuiste muy duro con ella—. Comentó Aioria.

— ¿Qué yo fui rudo? –Preguntó incrédulo –. Tú terminaste con ella después de todo. Yo solo la ayude a entrar en razón.

Japón- Orfanato de los Kido

Entrada la noche en Japón Seiya demoró en despedirse de los niños del orfanato. Luego, junto a Miho observaba cada detalle, desde ampliaciones, reducciones e implementaciones a realizar; cuando de pronto sus pensamientos fueron interrumpidos por una presencia que sospechó haber sentido antes. Poniendo a Miho en buenas manos junto con Eri, decidió buscar aquella presencia que inquietaba su ser.

Seiya recorrió cada una de las instalaciones hasta llegar a un espacio estrecho entre los escombros propios de la demolición que dejó la supermillonaria compañía que compró el orfanato con el objetivo de ampliar sus dominios, pero que gracias al trabajo de Shura se vio frustrada.

Dentro de aquellos escombros se encontraba encogido aquel niño de ojos fríos y enigmáticos, temblando como una hoja en el viento. La superioridad y el orgullo claramente marcado en su carácter imponían respeto a pesar de la condición en la que se encontraba.

– ¿Por qué estás aquí? – Preguntó el santo de bronce sin obtener respuesta alguna, solo el silencio incomodo entre ambos.

Seiya lo tomó en brazos, llevándolo consigo dormido y aún con lágrimas en los ojos; contemplándolo pausó sus pasos. En la memoria de Pegasus el recuerdo de Shun cruzó por sus ojos, pequeño con las mejillas ruborizadas y llorando, con edades iguales, pero actitudes distintas.

Ingresó encontrando a Miho sorprendida viéndolo ingresar y acomodar al pequeño en un mueble cubriéndolo con una manta.

– ¿Pero qué…? – La pregunta de su compañera de infancia fue interrumpida.

—Este niño debe ser lo más parecido a un demonio-. Se escuchó de Seiya que cruzando de brazos sonreía.

— Es distinto a otros niños. Siempre callado y distante. –Respondió Miho observando al santo de Pegasus—. Deberías hablar con él. – Continuó la mujer sosteniendo la mirada en tanto Seiya asintió.

El santo de Pegasus observó al durmiente; juntando el entrecejo e invadido por la curiosidad preguntó—: ¿Cuál es su nombre?

—Aita—. Escuchó de la mujer.

Camino rumbo a la mansión Kido, una extraña sensación lo embargó; aunque las circunstancias eran distintas aquel niño poseía la misma soledad, los mismos temores y pensamientos, pero sobretodo la misma mirada que era tan inquietante como la profundidad de un lago. Pero… ¿Por qué esa apariencia? ¿Por qué entre mortales?

A la mañana siguiente de vuelta en el orfanato, encontró al pequeño practicando un juego con tapitas, enojado tiraba una tras otra tratando de voltear las que se encontraban en el piso. Sintiendo la presencia de Seiya dijo:

– No me agradas. ¡Vete! —Volteó continuando su solitario juego; sin embargo, al observar que el santo de Pegasus se puso ante él exclamó con furia creciente-: ¡No habrás venido hasta aquí para reírte de mí! ¿O sí? – Se escuchó del pequeño que no volvía el rostro para Seiya.

– No tengo la menor idea de por qué estás diciendo esa clase de cosas. – El santo de bronce poniéndose de cuclillas extendió una mano y con voz animada dijo—: Al igual que tú, tuve la suerte de crecer en este lugar con mis amigos, creyendo en un futuro de felicidad.

– Yo no creo en la felicidad y no creo en la suerte. ¡No las veo, no existen!-. Reclamó el pequeño aún con evidente enfado.

– Alguien me dijo una vez que todos los humanos deberían vivir de acuerdo con la estrella bajo la que nacieron.

– ¿Estrella? – preguntó Aita con creciente curiosidad.

– Así es. –El castaño lo tomó por los hombros-. Algunos nacen con estrellas de buena suerte y otras de mala suerte. Lo único que puedo decir es que siempre debes dar lo mejor de ti, cualquiera que sea tu estrella.

Por un momento el santo de bronce creyó ver una ligera y casi imperceptible sonrisa en el rostro del pequeño; sin embargo, este último rehuyó la mano que el santo de Pegasus le ofrecía con un ligero golpe.

—Entiende una cosa, no me gustas. No me gustas ni un poquito. – Tomando un poco de aire y con fastidio en la voz continuó-: Evidentemente estás equivocado y no quiero seguir con esta discusión. La felicidad y la suerte no sirven de nada, son cosas que no existen-. Dijo el pequeño saliendo del lugar ante la mirada desconcertada de Seiya.

Galopando y sin dejar de mostrar una sonrisa triunfal Kanon de Géminis se encontraba muy pronto a salir de los dominios del Dios Eolo cuando una suave brisa interfirió su camino, cambiando el panorama para convertirse en un verdadero paraíso de deidades y ninfas. Muy pronto el caballo se mostró cansado y vio por conveniente descansar por un momento en una cueva; siendo también presa del cansancio se recostó para descansar junto a él.

Se levantó pesado, algo confuso. Prendió una antorcha pues deducía que había ido a parar a una vieja cueva marina con charcos de agua salada alrededor suyo, un viejo de barbas largas y blancas sentado al frente suyo. Y se dio cuenta de que lo habían atrapado nuevamente.

_ Athena dejo un mensaje enviándome con ustedes, sin embargo sospecho de que ni siquiera ustedes saben de lo que se trata.

— Si te enseño lo que ella quería tampoco salvarás sus destinos, esa no es la solución.

— Usted es… — Kanon dudó un poco pues no concebía ver un dios tan viejo, conociendo a los otros que en su momento se presentaron prácticamente con apariencia adolescente—. ¿Eolos?

— Si no me equivoco tú eres Kanon Dragón Marino, hermano menor de Saga de Géminis.

— Sí. Soy yo.

— ¿Y quiere la semilla del mal recibir respuestas mías? JA JA JA – intentó reír pesadamente y una brisa escapó de su boca llenando el lugar de frescor. – Voy a enseñarte, “mala semilla”. Aunque no valga la pena pues caíste rendido ante el sueño de mi pequeño Céfiro.

Ahora mismo me quito a tu mascota de encima. Kanon trató de burlar a la brisa que con alas de mariposa se burlaba atacándolo con leves brisillas sin mayor esfuerzo. Eolos se desesperó y acomodo sus trajes para apoyar una pierna sobre una roca y en actitud soberbia estudió:

— ¡Tonto! – Se escuchó del dios. – No es en balde que eres discípulo de Athena y Poseidón. Pensando en el honor y las reglas. No sabes actuar con flexibilidad. Usar tu astucia tiene mucho que ver con usar la flexibilidad en tus acciones. ¿Piensas derrotar a una brisa usando un cosmo que no tienes y la fuerza que obtuviste entrenando?

— Kanon se sintió ofendido al ser señalado como un mal representante de su diosa, sin embargo con tres movimientos seguidos haciendo gala de su inteligencia, encerró a Céfiro en su alcanfora de beber.

— Soy un Santo de Athena y usted no tiene derecho de ofender a mi diosa por los errores que yo cometa.

El dios dio un salto hacia Kanon y se estiró haciendo tronar muchos huesitos.

— ¡Qué bonito Sol! ¡Cuánto tiempo sin ver un sol tan bonito! – El menor de géminis buscó algún rayo de sol dentro de aquella cueva y no lo encontró pues apenas y se iluminaba con una antorcha vieja, sonrió al pensar que era un dios senil y lo siguió con la mirada. — Tu diosa, aún le faltan eternidades para llamarse así. Sin embargo, va por buen camino. 

– ¿Entonces me dirá lo que Athena guardó con usted?

– ¿Me crees idiota? A mí no me dio, dijo e insinuó nada. No tengo nada que darte, sin embargo si tú caballero quieres aprender de mí, no te negaré el pedido. Sería en esta vida un aliado estupendo.

— No quiero aprender nada que venga de usted. No seré aliado suyo ¡ni me interesa pertenecer a su secta de los vientos!– respondió Kanon ofendido, ¿burlarse de Athena negándose a contar lo que su diosa había intentado decirles’.

— Ni que estuviera rogando que vengas conmigo. Mira a tu alrededor, en verdad crees que un pacto entre dioses puede traer paz a este mundo? Los espectros de Hades luchaban por una causa justa, como lo hizo Poseidón, Eris, Abel y la Propia Atenea en su momento. Sin embargo, ninguno comprende que los movimientos realizados en el tiempo en verdad no defienden su propia causa y Atenea apenas llegó a entender la importancia del hombre en sus acciones.

— ¡Cómo te atreves!

El viejo tomó una rama torcida que había ido a parar a la cueva marina por efectos de la marea y con ella en un movimiento rápido y limpio señaló al Dragón Marino.

— ¡Qué es eso que haces! ¡No tengo Cosmo! ¡Cobarde! ¡No puedo responder como quieres!

— Ja ja ja ja – Carcajeo como si fuera a morir con esa risa — no usaré ni fuerza ni cosmo… Aún así intenta responderme. Ja ja.

Kanon sonrió con placidez y dijo:

Kanon

— Estás subestimando a un santo de Athena y… ¿crees que no podré contra ti viejo demente? – Una de sus manos fue en posición de defensa en tanto la otra buscaba por donde atacar al anciano. Giró 30° de su oponente en tanto era seguido por el brazo del Dios de los Vientos con la mirada fija. Se acercó peligrosamente intentando provocar una reacción y se dio cuenta de que Eolos no respondía a sus ataques fingidos mirándolo fijamente–. Pero ¿qué se supone que haces? Eso de apuntarme con una rama a punto de quebrarse no es ningún movimiento. Cómo quieres que responda a eso. ¡Oh gran Athena!, este viejo me reta sin siquiera saber lo que es una posición de ataque.

— Ja ja Ja Kanon dijeron que eras pura astucia… Si no te mueves ¿cómo podrán responder los enemigos?

Los ojos de Kanon se abrieron desconcertados

— ¿si no me muevo? ¿Cómo podrán responder los enemigos? – Bajó la mirada un poco y empezó a estudiar la situación, — Si no me muevo… — se repetía— Claro que si no hay movimiento no habrá respuesta. ¡Acción y reacción!— dijo, pero al momento negó con la cabeza, creo que esto no tiene nada que ver con el asunto al que vine. Y si es así, no lo entiendo.

—Me tomó menos instruir a mis caballos— Suspiró el dios de los vientos dejando salir un viento pesado, tomó nuevamente la rama y la cambió de mano a la izquierda. — Y éste ¿qué es? Ninguno es real, ¿cómo respondes?

—Si nada es nada, nada es nada—. Pensó nuevamente intentando ser listo. —Venga, cualquiera que sea, ganará quien eleve más su cosmo. — Y trato de atacar a la figura intentando tomarlo desprevenido moviéndose a una velocidad sobrehumana.

Eolos, no se inmutó y continúo con sus interrogantes

—¡Kanon! ¿Y qué es éste?—… dijo tomando aún la rama vieja por la mano izquierda, desapareciendo por unos segundos y reapareciendo sobre unas rocas a una distancia media. — ¿Y esté? ¿qué es?

El gemelo menor se lanzó con furia contra el dios, arremetió con dureza, más el dios de los vientos regresó donde antes estuvo en un abrir y cerrar de ojos.

— ¿Y ahora?— dijo el dios sacudiendo la rama con palmaditas.

Kanon se dio cuenta de que no llegaba a nada usando la fuerza, así que suspiró y miró a las rocas que hacían de techo.

— mmm, bien. – Con una mano en la roca y otra en la cadera inicio su proceso de deducción— Usted no tiene movimientos reales, yo tampoco.— se dijo, – Si todos reaccionan de la misma forma no habrá más peleas en el mundo. – Sonrío y procedió a tomar asiento sobre una roca larga, ya bien cómodo continuó: — Y más vale que usted y yo tomemos algunas copas, porque no tendremos en qué ocuparnos. ¿Eh?.

— Ja ja ja ja ja —, se escuchó del dios, quien procedió a votar la rama vieja. —Veo que entre todos los jóvenes de Athena, eres el único con talento.

Kanon no podía creer el cambio de actitud que demostraba el dios ante esa respuesta y una sonrisa se escapó de él– Estaba siendo reconocido por un dios como un talento de Athena. Por tanto, no iba a dejar que su ego gané esta vez así que respondió.

— No lo soy tanto, como usted dijo soy la semilla del mal en mi santuario. – Luego pausó y con las cejas fruncidas preguntó— Una cosa más… ¿por qué nuestros dioses siempre terminan muertos o en guerra por lo que llevan existiendo?

— ja ja ja ja Athena tiene un seguidor tan distraído, que tiene mucho interés en cosas de los dioses. ¡qué bien!

— Disculpe usted mi curiosidad–. Se inclinó al entender que su pregunta podría molestar al dios presente.

— No, no. Eres muy ingenioso y eso me gusta mucho. Todos esos dioses que se metieron alguna vez con esta tierra, también eran sobresalientes. Superaron todas las dificultades impuestas a los dioses y llegaron a ser los Olimpicos, un título allá y otro por acá. Pero no entendían que lo más temible eran las trampas o intrigas que urdían sus propios corazones, ja ja ja su naturaleza divina no los exime de las dudas que en ellos se crean y su voluntad, puede llegar a ser su propio enemigo si se mantienen errados….

—Después de caer en dudas, la fuerza, los ideales no sirven de nada, pues serán errados.

Entonces el Dragón marino pudo ver que en los espacios de la cueva, brillaban un sinfín de constelaciones, muchos dioses habían habitado en el espacio y tiempo y muchos de ellos ya ni siquiera eran recordados, de que les valió el sacrificio si nunca pudieron disfrutar el valor de vivir sus propias vidas. Teniendo celo de que otros vengan y se adueñen de su mundo.

Conversaron de largo y tendido ambos sobre la roca plana dejando salir cuanta interrogante tuviera el caballero de Athena. 

—Kanon, no dormirás por unas noches puesto que debo enseñarte algunas cosas que se pueden realizar sin cosmo.

—No puedo perder el tiempo aquí—, dijo tomando su bolso y poniéndose de pie— le agradezco su ayuda pero ya debo regresar.

—Primero devuelves lo que me pertenece y luego decides si vuelves o aprendes algo. Ja ja ja.

En la mansión Antzas, los invitados no dejaban de observar al patriarca y comentar sobre su presencia. Se escuchaban susurros como: “¿Se refieren a Shión de Aries? Se ve tan joven”, “Tenía entendido que no le agradaban las reuniones sociales”. Debe existir un motivo muy poderoso para que haya aceptado la invitación de la familia Antzas”.

aioros sagitario

Aioros caminaba apenado junto al patriarca, luego de haber recibido un largo discurso sobre la moral y las buenas costumbres. Estaban dispuestos a retirarse cuando fueron interceptados por el nuevo representante de aquella prestigiosa familia.

– Buenas noches, Mrs. Shión de Aries -. Escuchó de un hombre que no pasaba de los treinta años, con porte militar y mirada gallarda.

-Es un placer saludarlo Mrs. Enialio Antzas – Respondió el ex santo de Aries.

– Sería tan amable de decirme ¿quién es este galante joven que le acompaña?

– Es Aioros de Sagitario, mi hijo. – Presentó al guardián de la novena casa-. Aioros, debes saludar a Mrs. Enialio Antzas – recomendó Shión en voz baja.

– Aioros, es un placer conocerte. Quiero presentarte a mi sobrino. El orgulloso jugador de arcos Valentino. – Habló el noble señor trayendo del brazo al otro jovencito.

– Ya lo conozco. Pero no sabía que era arquero. ¿ De la selección Griega? – Respondió el guardián de sagitario tomando un bocadillo de la bandeja de uno de los sirvientes que pasaba por ahí.

– ¡Aioros! – Susurró sutilmente a modo de reclamó el Pope.

– Aioros, Valentino… Espero que disfruten la velada. –Se escuchó de Mrs. Enialio apartando a los dos jóvenes, quedando únicamente en compañía de Shión.

Con el porte de un héroe de guerra extendió la mano para el ariano y comentó-: Ha pasado mucho tiempo. –Dijo formando una sonrisa de lado en su rostro.

El patriarca observó al hombre tratando recordar dónde lo conoció, pero todo intento fue en vano; entonces palideció y sus ojos se abrieron de par en par; con espanto recordó la imagen del fin de sus días, volvió a escuchar el sonido seco de aquella vez y vio caer su cuerpo con violencia en el piso frio de su templo, mientras la silueta de un hombre yacía en pie tras él.

La sonrisa retorcida del nuevo representante Antzas se regocijó al comprender que Shión había caído en cuenta en quien era realmente.

Continuará…

   

5 comentarios to “Capítulo XVII – El Destino de los Dioses – Todos por Papá”

  1. Iris Ferrufino Prada junio 13, 2013 a 4:50 pm #

    Me encanta el capitulo

  2. A.deLeo abril 27, 2013 a 3:08 am #

    wow! en 2 días he llegado hasta aquí y premiteme felicitarte, tu trabajo es realmente fantástico. Espero con ansias el siguiente capitulo!!

  3. tatiblinkTatiblink diciembre 3, 2012 a 1:58 am #

    Que capitulo tan intrigante, me pregunto como le irá a Marín con aioria???????? Pobre Shaka. Me encantan tus historias, ahora me vuelvo a sentir muy feliz de volver a leer estas magníficas historias, tendré todo el tiempo del mundo para esperar la siguiente, sigue escribiendo con pasión e inspiración.

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  1. Capítulo XVIII_ Al Otro Lado de la Puerta _ TxP | Janniceg Frankfurt - mayo 22, 2013

    […] 17.- Capítulo XVII – el Destino de  los Dioses […]

  2. Bitacoras.com - noviembre 1, 2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Un presentimiento se apoderó del corazón de Saga. No dejaba de pensar en su hermano Kanon y los sinsabores que podría estar pasando; si bien lo conocía, él jamás abandonaría sus obligaciones como santo. Debió ocurrir ……

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