Capitulo XII – Los dioses deben estar Locos

1 Ago

1.-  Capítulo I    – La despedida de Mu (El inicio de las  desgracias)

2.- Capítulo II   – Confesiones.

3.- Capítulo III  –  Y las Desgracias continúan

4.- Capítulo  IV  – Una Estrella Para Aries.

5.- Capítulo V     – El Recuerdo Más Preciado

6.- Capítulo VI   – Entre Amores y Venganzas

7.- Capítulo VII  – Padre Maestro y Amigo

8.- Capítulo VIII –  Respuesta al Tiempo Cambio Y Fuera

9.- Capítulo IX     – Entiéndeme

10.- Capitulo X –  Un Incidente Inesperado

11.- Capítulo XI – Un Dios Para El Santuario 

 

12.- Capítulo XII –  Los dioses deben estar locos

13.- Capítulo XIII – Un ocaso para un mañana

CAPITULO XII

Los dioses deben estar Locos

Olimpo Morada de los Dioses. Templo de Zeus.

El poderoso Dios entre los dioses, yacía sentado en su trono, una serie de rayos divinos dibujaban su silueta, mientras que con magnificencia observaba a su hermano con absoluta seriedad.

– ¿Quien te dio el permiso de apropiarte del santuario de Atenea?

– ¿Para qué me citaste a tu templo? ¿Acaso no ves que estoy ocupado tomando mis nuevas posesiones?

– No me respondas con otra pregunta – elevó la voz el dios de dioses – Poseidón, siempre anhelaste todo cuanto pertenecía a otros. Esa actitud debe cambiar ¿Acaso quieres ser recordado como el envidioso, arrogante, orgulloso, resentido y vengativo dios de los mares? – el silencio incómodo entre los dioses se hizo notar; Poseidón levantó la mirada intentando responder la pregunta, mas fue interrumpido por el poderoso Zeus – No son buenos títulos para un dios que se jacte de tener tantos dominios.

– Esos derechos me corresponden ¡cuantas veces debo repetirlo! – respondió Poseidón golpeando la base de su tridente con fastidio.

– Te corresponden, claro – Zeus se levantó de su asiento y sin quitar la mirada puesta en su hermano caminó hasta llegar cerca a él susurrándole al oído – ¿Sabes? Todos se preguntan ¿Por qué Atenea se casó contigo? !Por Zeus, es una locura! repiten y repiten hasta el cansancio y en voz alta dicen que solo yo sé los motivos de esa unión. Pero, si debo ser sincero aún siendo el Dios del Olimpo ¡no lo sé! Ignoro los motivos que pudo tener esta niña, pero confío que hará honor al título que ostenta como diosa. Poseidón, eres consciente que tu matrimonio no fue ordinario ¿no es así?

– Es cierto. Un matrimonio sin intimidad, no es matrimonio. – interrumpió esta vez una voz distorsionada por encontrarse bajo los efectos del alcohol.

– Dionisio ¿De dónde sacas eso? – preguntó sonrojado Poseidón sin perder el tono de reclamo.

– Por el amor de Zeus. No tendrías ese carácter si disfrutaras de los deleites de una diosa. Con mucha suerte ustedes dos solo durarán unos cuantos años. De eso estoy seguro.

– ¿Que sucede Dionisio? – preguntó Zeus volviendo a ocupar su trono olímpico.

– Tengo un recado para usted mi señor – respondió el dios del vino por lo que el magnánimo Zeus lo miró extrañado.

– Pero ¿Dónde está Hermes?

– En el santuario- se escuchó la respuesta en un susurro apenas audible del dios del vino.

-¡Y que hace ahí! ¿Acaso esta de niñera? – los rayos y truenos que denotaban la ira del poderoso dios no se hicieron esperar llegando a escucharse por todo el Olimpo y también por tierra – Poseidón exijo una explicación de esto y te recuerdo que pactamos un acuerdo entre dioses.

– Acuerdo que por lo visto no fue acatado por algún rebelde – se escuchó del dios de los mares.

– ¿Que dices? Explícate.

– Aunque por su origen no son mis guerreros y probablemente jamás tenga su lealtad ganada, lo cual sería natural porque los aborrezco; debo comunicarte que una de mis amazonas… – aclaró su voz y atropellando sus palabras continuó – quiero decir, una amazona de Atenea fue violentada. Yo me pregunto, querido hermanito… Si tu palabra es ley, entonces alguien se atrevió a desobedecer tus órdenes abiertamente.

– ¡Tonterías!. Nadie se atrevería a desobedecerme.

– Una amazona yace mal herida en el santuario de Athena. Podría decir que ella estuvo en el momento menos indicado, y a la hora menos pensada para encontrarse con algún sujeto siendo víctima de las circunstancias, pero nada puede negar que fue atacada por alguien que maneja el cosmos.

El silencio reinó por unos segundos y la mirada de Zeus se fijó con preocupación al dios de los mares.

– Podría ser Hades.

– Imposible, él está muerto; no podría…

– Hermano, dormir en el último milenio aturdió tu mente – sonrió el dios de los dioses – Escucha bien lo que voy a decir: “un Dios jamás puede morir” somos la energía que mueve al mundo. No, más que eso, a todo el universo. Recuerda que cuando derroté a Cronos él no murió, de lo contrario el tiempo no existiría y aún después de que su cuerpo fue destruido por un mortal, él no dejó de existir. Solo es cuestión de tiempo para que vuelva a materializarse.

– Pero, entonces Hades…

– Está vivo. Sin embargo ahora recuerdo que él nada puede hacer – respondió el dios de los dioses sonriendo al recordar su más reciente travesura – Te aseguro que Hades no fue, pero quizás…- dijo llamando la atención del dios de los mares – quizás alguien cercano a él se atrevió a desobedecer mis órdenes.

Dionisio, aunque estaba bebiendo, no dejó de advertir el silencio; y hablando al dios Zeus, pronunció las que deberían ser las aladas palabras de Hermes:

– Oh gran Zeus, gloria insigne a usted; el mensaje que debo remitir pertenece a su esposa; ella dice que se encuentra muy a gusto en su nuevo hogar y que pensará muchas veces antes de volver junto a usted al Olimpo; sin embargo, cuando regrese ella espera un cambio de actitud de su parte, puesto que ahora conoce el verdadero significado de dar y amar.

– ¡Por mi mismo! Nunca debí permitir que bajara a tierras mortales. ¡Hera! Tu dura reprensión me ha llegado al alma; estoy seguro que fuiste seducida por alguna cara joven y bonita haciéndote eternas promesas de amor. Ya sé cual será el final de esta historia ¡Ordeno que vuelva enseguida!

Y entonces le dijo el dios Dionisio, valiente ante tal orden:

– Poderoso Zeus comprendo su preocupación, yo también llevo tiempo buscando a mi bella esposa. Le ruego la haga volver.

– Debe tratarse de un error. Hace unos momentos vi a Ariadna caminando en los jardines del Olimpo. Ahora, si te refieres a Afrodita, debo advertir que más de uno la reclamará como esposa. ¡Oh Afrodita! – suspiró Zeus – No fue mi decisión su partida. Por propia voluntad se sometió a la lección que impartí a algunos dioses. Solo debes esperar un tiempo para volverla a ver.

Dicho esto el dios del vino se retiró por unos segundos para luego volver a aparecer.

– Hablando de esposas ¿Dónde está la mía? – preguntó el dios de los mares.

– Espero que te refieras a alguna de las muchas esposas que tienes y no a mi niña. Quizás puedas tener sus dominios por su capricho pero a ella nunca la tendrás – respondió de manera tajante e imperativa. Volteando la vista al dios del vino dijo: – Dionisio, te dije que la hagas volver ¿dónde está ella?

– Gran Zeus estás fueron sus palabras en respuesta a sus órdenes: “Gracias querido, pero no”

El poderoso dios Zeus emanó rayos, relámpagos y truenos en su furia, asustando a los pocos dioses que quedaban en el Olimpo y a toda la humanidad. En la tierra Hera, la de áureo trono, miró con sus ojos a la cima del Olimpo, conoció la furia de su esposo ante su negativa y se regocijó en el alma. Entonces pensó en un momento que la vida en la tierra era buena. Al fin le pareció que fue la mejor decisión que tomó en toda su larga vida de inmortal. Ella gozaba de su nuevo hogar y quería continuar experimentando el dulce y placentero amor que ofrecía en esta faceta.

– ¡Por un infierno! ¡Ella me está desafiando! ¡Desprecia al dios de dioses para irse con un mortal! ¡Acabaré con toda la humanidad! Ya lo verá. Así veré su cara llena de remordimiento suplicando por mi perdón.

– Si te metes con mi tierra. Yo destruiré tu cielo – respondió Poseidón a la amenaza que representaba la furia de Zeus – Destruiré todo. Sabes que puedo hacerlo.

– ¿Así? ¿Que harás? ¿Nos enviarás olitas, sirenitas o a ese singular guerrero guardián que toca su flautita?

– No me subestimes. Recuerda que ahora tengo al santo de Pegasus de mi lado.

Zeus enmudeció por unos segundos, para luego emitir una sonora carcajada haciendo tronar una vez más la bóveda celestial.

– ¿Contar con él? Que iluso. Primero te salen ninfas del trasero antes de contar con el apoyo de Pegasus.

– Teniendo esa capacidad, si yo fuera el santo de Pegasus, llegaría al Olimpo, derrotaría a todos los dioses y me quedaría con la chica de mis sueños – expresó el dios del vino aún bajo los efectos del alcohol, dejando en absoluto silencio a los dioses presentes.

– Ni una sola vida deberá ser tomada – se escuchó una agradable voz femenina – Padre, fue el acuerdo que firmamos ¿lo recuerdas?

– Atenea… – susurró el dios de los mares abriendo los ojos de par en par tras observar la exquisita figura de la diosa cargando el casco que la representa, calzando sus nítidos pies con bellas sandalias.

– ¿Querrás complacerme, padre querido, en lo que yo te diga, o te negarás, irritado en tu ánimo, ahora que tu esposa adora la vida en la tierra y a los humanos?

– ¡Atenea! Ten paciencia y compréndeme hija mía. Debo reconocer que no fue la mejor manera de reaccionar. Di qué quieres; mi corazón me impulsa a efectuarlo, por el inmenso amor que siento por ti.

Conservando la sonrisa que dio pie al saludo le contestó la venerable deidad de ojos verdes:

– Deja que mis guerreros lleven una vida normal y quiérelos con el mismo amor que rindes a todos los inmortales. Si en otra ocasión escuchaste mis plegarias, escúchame también ahora, y mi gratitud será perenne. Te ruego que cumplas mis deseos por tu mano, puesto que no puedo volver hasta dentro de 200 años.

Así se expresó Atenea para el dios de los dioses, dando lugar a la afirmación de este tras su pedido.

El dios Zeus dio órdenes de retirarse a los presentes, ellos le escucharon y obedecieron. Dionisio iba adelante, mucho después el ilustre Poseidón, que ahora domina la tierra y el mar, muy atento a los pasos de Atenea, que con notable calma se dirigió a él:

– Tienes miedo – susurró – Tienes miedo de lo que pueda lograr Seiya de Pegasus.

– No tengo miedo – respondió cortante, para luego detenerse y volteando lentamente miró fijamente a la diosa – Reflexiona y dime sinceramente: ¿La desaparición de muchos dioses no es suficiente motivo para temer lo que pueda hacer el humano que tanto amas?

La deidad de ojos verdes se mantuvo en silencio mientras Poseidón continuó:

– No parece vil, ni despreciable; al contrario, en otras condiciones me hubiera gustado que formara parte entre mis súbditos; pero él no nació para eso. Hace honor al nombre de santo de la esperanza. Lo admiro, pero al mismo tiempo su sola existencia es una amenaza para nosotros los dioses.

– Acaso estas sugiriendo… – La diosa de la sabiduría por un instante consideró un error el haber depositado su confianza al dios Poseidón.

– Escucha Athena. El santo de Pegasus debe desaparecer.

– Poseidón, pongo en duda tu actuar. – respondió la diosa guardando calma, estudiando la respuesta próxima del emperador, quien con el ceño fruncido dio su respuesta.

– Athena, me estás desafiando. Te demostraré que soy capaz de hacer muchas cosas más de las que te imaginas.

– ¡Poseidón!

Santuario de Athena

El dios mensajero sonrió sin perder de vista a ningún caballero diciendo:

– Señores, yo prefiero divertirme de otra forma – juntó las manos y al separarlas dio forma a un hermoso arco que tenía una flecha de punta dorada bellamente trabajada – siempre quise saber como funciona – dijo dibujando una sonrisa y mostrando picardía creciente en los ojos.

– Acaso ese arco es… – murmuró Shiryu.

– Es el arma de Artemisa – respondió Pegasus consternado ante tal aparición.

– ¡No! ¡Es peor aún! – gritó el sumo pontífice con debilidad marcada en la voz – ¡Es el arco del dios Eros! – terminó de decir causando disturbios entre los presentes, quienes vagamente sabían lo que podía ocasionar alguna de sus flechas y pese a su condición muchos hicieron el intento de moverse con rapidez aunque eso significara sentir más dolor. Todos corrian menos el santo de Pegasus quien yacía de pie meditabundo, sin prestar importancia a lo que ocurría a su alrededor.

El dios Hermes sin piedad, pero con la pasión de un niño travieso disparó a diestra y siniestra sin prestar atención a quienes enviaba las flechas. Algunas flechas tenían la punta de oro cargando en ellas el amor, otras eran de plomo las cuales daban origen al odio y la indiferencia. Aunque los santos afectados no salían heridos físicamente experimentaban algunos cambios conductuales.

La sonrisa del dios travieso no cesaba de escucharse por cada rincón del gran salón, disfrutando del espectáculo que ofrecían los santos de Athena, hasta que un enfurecido patriarca lo tomó de sorpresa por la espalda, forcejeando con él.

– ¿Esto significa ser un dios? – preguntó Shión tomando con fuerza la flecha que ya tensaba del arco, sin quitar de vista al dios – Juegas a tu antojo con la vida de los humanos.

– Gran patriarca – respondió el dios con mofa – No debe tomarlo con seriedad. Después de todo solo son jóvenes humanos con muchos deseos de experimentar.

– Te diviertes a costa nuestra. Pero… pero esta vez te equivocaste Hermes. No resultará conmigo. Conozco tu juego – el hermoso padre se aferró con más fuerza mientras era zarandeado por el dios alado con rapidez extrema.

– El brazo derecho de Athenea… – habló la divinidad de casco y sandalias aladas – El hombre que fue fiel al recuerdo de una amazona por más de 200 años y que a pesar de haber tenido la oportunidad de cumplir sus sueños renuncio al amor de una mujer para hacerse cargo de sus niños en el santuario – despertó con este comentario la curiosidad del pontífice, quien se mostró extrañado sin disimular – La mente es ingrata, pero el corazón nunca olvida – entonces cambió su forma adoptando la figura de la amazona amada por el patriarca – Shión Sama… – se escuchó de la hermosa rubia.

– Yuzuriha – susurró extasiado observando la imagen que tenía en frente; los recuerdos de las escenas vividas en inframundo, el caminar tomando sus delicadas manos, la estola rodeando sus cuerpos y el único beso concedido desafiando la muerte agolparon su mente causando temblor en todo él. Recordó entonces que aunque la ceremonia fuera en inframundo y solo con Seiya de testigo, él ya no se pertenecía por completo; ahora debía respeto a la persona que por tanto tiempo amó.

– Shión de Aries por más de doscientos años entregado plenamente a tu labor de patriarca ¿Cómo podría alguien como tú cumplir con la última voluntad de su diosa? – dijo el dios aún en la forma de amazona de la Grulla – Desde mi basta experiencia como dios que todo lo ve, puedo decirte que ademas del compromiso con tu trabajo existen otras cosas más importantes a las que no debes renunciar – volteando hacia Shión continuó hablando – Debe haber sido difícil tener la oportunidad de tenerla contigo y no haber hecho nada. Pero eres afortunado, si no resultó con ella puede resultar con alguna otra. Alégrate, tengo la solución de tus problemas en mis manos- terminó de decir mirando la flecha con la que forcejeaban hace poco. Sin perder más tiempo la soltó del arco siendo esquivada rápidamente por Shión.

– Demonios, dejen de hacer tanto ruido ¡No puedo dormir con un escándalo asi! – entró de manera inesperada el león Aioria abriendo las cortinas de par en par, sin advertir que la flecha destinada a Shión fue a parar en él.

– Aioria, aléjate de aqui ¡pronto! – reprendió Shaka de Virgo.

– ¡Calla! ¡No voy a tolerar tus órdenes Shaka! – respondió molesto aún bajo los efectos del alcohol y con el dolor de cabeza propio de una resaca, mirando con enojo al santo de virgo.

– En ese estado nada puedes hacer. Abandona este salón ¡Ahora! – volvió a reprender el hindú.

– Molestas demasiado, por supuesto que me voy – dijo el castaño, dándose vuelta dió un paso para luego volver la mirada hacia el gran salón, observando a todos sus compañeros desvanecidos en el piso, al patriarca vistiendo boxers y a una sexy rubia que se encontraba muy cerca de él – Shaka ¿Y me reprendes por como estoy? miralos a ellos – respondió el león; pero no pasó mucho para que ante sus propios ojos esa hermosa jovencita cambie de forma mostrándose como un hombre desnudo con apenas un casco y sandalias – Pero qué…-dijo cerrando los ojos, para abrirlos nuevamente, encontrándose con la misma imagen del dios, percatándose al mismo tiempo de la presencia ilógica de Mu en el santuario – Rayos, nunca más volveré a beber más de la cuenta – volvió entonces la mirada hacia el santo de virgo para agregar algunas palabras, cuando de pronto experimentó cosas que jamás había sentido antes; un sentimiento especial invadió su corazón, de pronto apreciaba como nunca los cabellos largos y sedosos del guardián de la sexta casa, adorando las lagunas azul verdosas de los ojos que la mayor parte de su vida permanecieron cerrados ocultando su belleza y anheló hacer suya la calma que proyectaba en todo momento. Sí, el santo de Virgo era un dios. Ahora lo veía así. Entonces, por un momento se reprochó y maldijo para sus adentros estas sensaciones que lo hacían dudar de sus gustos y preferencias por las chicas y sin perder el tiempo buscó con la mirada a la amazona del Águila, quien aún se mantenía tendida en el piso mirando la escena con extrañeza; lamentablemente el mirar a Marin no causó ningún efecto para sacarlo de aquel extraño trance. Esta vez ella no era su salvadora.

El guardián de Leo, se acercó al santo de Virgo cual zombi, ofreciéndole una sonrisa embobada, al mismo tiempo lo sujetaba con firmeza de los antebrazos tomando por sorpresa al hindú quien no esperó que ocurriera algo más para reprocharle.

– ¡Qué estás haciendo! Suéltame de inmediato Aioria ¡Obedece! – ordenó el rubio de virgo imprimiendo severidad en su voz, muy sorprendido por la actitud de su amigo.

El sonido de una melodía francesa cubrió el escenario. De pronto se escuchó el perfecto y seductor timbre de voz del guardián de la casa de acuario, deliciosamente matizado con su dejo francés.

– Ooh la la monsieur. Ye ne pui demerer luan de tua plu langtamp ( Yo no puedo esperar lejos de tí más tiempo) – dijo el santo de acuario tomando las manos de Afrodita, estampando cálidos besos en ellas.

– Kamus, no entiendo a dónde quieres llegar con esto. Ya sabes cual es mi posición al respecto- respondió Afrodita cerrando los ojos con tranquilidad ante la atónita mirada de Milo que no daba crédito de lo que veía.

– ¡Kamus! ¡por Athena reacciona! – habló un escorpión sorprendido levantándose a pesar del dolor de sus heridas, recibiendo de reojo la mirada del santo de piscis quien no perdió el tiempo y sonriendo al guardián de acuario le dijo:

– Ya déjalo Milo. Alégrate tu amigo demostró tener buenos gustos.

– Ahora sí – dijo el escorpión remangándose y fijando la mirada en el dios alado; de inmediato el cuerpo de Kamus aún en su letargo reaccionó ante esta figura sudando frío como si la muerte se acercara – no me importa dios de que seas, pero ya me diste una buena razón para acabar contigo. El trato entre los dioses se va al Hades ¡entendiste!

– ¡Aguarda Milo! – ordenó el patriarca surtiendo efecto en el escorpión – Nadie se atreverá a ir contra los deseos de Athena, mucho menos por una situación tan absurda como esta.

– Pero su ilustrísima…no es absurda en absoluto, es lo mejor que pudo pasarme – cortó el gemelo menor de geminis quien se encontraba rodeado por un buen número de amazonas quienes lo observaban como si fuera un dios – ¿lo ves Saga? aún en tiempos de crisis todos me aman.

– Yo no estaría tan seguro de eso – respondió el gemelo mayor – ellas te aman solo por el efecto que tienen las flechas. Responde ¿eso tiene algún mérito?

– Quítate maledetto pedazo di… – se escuchó la voz desesperada del caballero de la cuarta casa llamando la atención de todos.

– ¡Death! – gritó el castaño de libra tratando de imponer orden en su lenguaje, al mismo tiempo que observaba como el gran Aldebarán abrazaba al santo de cáncer como si se tratara de un lindo conejito.

– Al diavolo con usted también vecchio (viejo)

– ¡Death Mask de Cáncer! – el patriarca recriminó la actitud del santo – Discúlpate con Dohko ahora mismo.

– Io quizás me excedí. Ma questo gigante me mira con ojos de enfermo mental. De tuttos modos me disculpo con usted vecchio.

Las carcajadas del dios mensajero no se hicieron esperar al ver la escena que había logrado por su travesura.

– ¡No somos marionetas! – increpó el antiguo santo de aries – Ahora, devuélvelos a como realmente son.

– Un dios nada puede hacer en estas circunstancias – respondió la deidad – aún para mi resulta imposible revertir los efectos que tienen las flechas sobre los humanos. Sin embargo… – el diálogo de la deidad fue cortado por la voz de un dolido Milo.

– Genial, primero nos quitan a nuestra diosa, luego mi armadura y mis guitarras y ahora también a mi mejor amigo. ¿Acaso hay algo más que puedan quitarme? ¡Ya lo tienen todo! ¡Absolutamente todo! – reclamó Milo a voces conteniendo las molestias ocasionadas por una creciente opresión en el pecho.

– Aún me queda algo por tomar – dijo el dios con un brillo especial en los ojos y sonriendo maliciosamente – Quiero tu vida como santo de Athena – la voz del emperador de los mares interrumpió al triste escorpión y de inmediato todos fijaron la vista en él.

– ¡Tonterías! ¡¿Acaso crees que reúnes los requisitos para ser venerado en lugar de Athena? ¡Un dios es justicia, nosotros jamas veneraremos a un dios maligno como tú! – exclamó el caballero Seiya de Pegasus corriendo hacia el dios de los mares intentando arremeterle un golpe; ante esa muestra de rebeldía el dios Poseidón inmovilizó el cuerpo de su contrincante dejando el ataque sin efecto, más, los santos que observaban la escena no toleraron tal actitud y reuniendo sus fuerzas se colocaron en posición de ataque, sin embargo la barrera que impedía los movimientos de Pegasus fue rota en pocos segundos. El santo de Pegasus con renovada fuerza y determinación en la mirada habló para sus compañeros presentes – Aunque sea un poco… – caminó con esfuerzo – Aunque sea poco a poco…Seguiremos adelante…Esa voluntad de Persistir, ¡Es la que logra milagros! – volvió entonces la mirada al emperador de los mares, incrementando sus fuerzas, llamando al cosmos dentro de si – La persistencia y la fe en nuestros actos lograrán hacer los milagros. Hemos aprendido eso de nosotros mismos, ¡Peleando con nuestros camaradas por Athena…¡Te derrotaremos Poseidón!.

Los sucesos estaban saliendo fuera de control; el patriarca sabía que el santo de Pegasus podía lograr cualquier cosa que tuviese en mente, pero, sin la fuerza del cosmo sería una locura, un suicidio, enfrentarse contra el poder de un dios y aunque tuviera toda la fuerza del cosmo y lograra su cometido faltaría al acuerdo pactado entre los dioses y sería el final del santuario; como pontífice tenía que hacer algo pronto o sus amados niños perderían la vida en vano producto de la ira de Poseidón u otros dioses.

– ¡Basta! los caballeros estamos aquí para cumplir la voluntad de Athena, esa es nuestra misión, así que si algo debemos hacer ahora es evitar caer en provocaciones.

– Pero…¿Que cosas dice, maestro? Yo no dejaré de pelear contra Poseidón porque usted me lo pida…¡Yo…Pelearé por Athena!

– Seiya, deberías saberlo mejor que nadie. Un santo no puede estar orgulloso de ir contra la voluntad de su diosa. Para un santo, respetar las órdenes son la prueba máxima de lealtad y fidelidad a Athena. ¡No debería tener la necesidad de decirlo! ¡Alguien como tú, debería saberlo! – los santos presentes bajaron la guardia y el patriarca complacido dijo para todos – El confiarle la voluntad de Athena a ustedes no fue ningún error – luego el hermoso lemuriano dirigió la mirada y el cuerpo hacia el dios de los mares diciendo – Somos los orgullosos guerreros de Athena y cumpliremos su última voluntad para honrarla. Pero… no debes olvidar que no dudaremos en levantarnos en contra de los dioses si el pacto realizado por nuestra diosa es burlado. Yo, como máximo representante responderé por todas las faltas. ¡Escuchaste Hermes! ¡Escuchaste Poseidón!

“A pesar de todo lo que a vivido, nuestro patriarca mantiene la confianza, la calma y la serenidad para resolver los problemas con sabiduría” “Esa es la verdadera actitud que un patriarca debería tomar; yo…aún tengo mucho por aprender” pensó Saga de Géminis, recordando sus no tan lejanos días como pontífice del santuario, “Mientras tenga vida, nunca es tarde para comenzar”

El dios alado, visiblemente incómodo por lo que acaba de ocurrir, habló para Poseidón.

– ¿Mortales amenazando a los dioses? Vaya, veo que Atenea los tiene demasiado engreídos, por eso tienen la libertad de cambiar de opinión fácilmente. – dijo Hermes causando extrañeza entre todos, al mismo tiempo buscaban descifrar lo que quería decir con el último comentario; el mensajero continuó – Poseidón, diles de una buena vez porqué estás aquí y gracias a quien dominas tierra y mar.

El dios de los mares caminó hasta quedar frente al padre de los 88 santos y mirando uno a uno los torturados rostros dirigió sus palabras para el patriarca.

– Es gracioso como puedes pensar en defender a estos chicos, cuando uno de ellos me abrió las puertas de este refugio.

– De que estás hablando – respondió Shión al escuchar las últimas palabras del dios, mirando luego al santo de libra.

– En este sentido, tu fiel amigo de Libra fue la puerta que facilitó mi ingreso a este templo, pero no fue el responsable directo – el emperador fijó la mirada en su antiguo súbdito, en el gemelo menor – Yo les pregunto, ¿En realidad creyeron en el arrepentimiento de Kanon?

Todos los santos miraban con asombro al menor de los gemelos, comenzando a pensar que una vez más fueron víctimas de sus mentiras y deseos de poder.

– No los culpo – se escuchó de Hermes – mírate Poseidón, con todos los siglos que tienes como un dios logró engañarte.

– ¡Tonterías! Kanon luchó junto a nosotros en la batalla contra Hades – respondió Ikki enérgicamente.

– Es cierto – con gran pesar el cisne Hyoga se reincorporó diciendo – Athena limpió su alma y corazón de toda maldad. Yo veo en él a un leal caballero que luchó por derrotar al dios de inframundo.

– ¡Y quien no lo haría! Hades es simplemente insoportable – respondió Poseidón con fastidio – Y en realidad les agradezco que lo hayan derrotado. No por nada desperté para enviarles sus armaduras ¡Por Zeus! siglos y siglos escuchando sus lamentos de: ¿Por qué me tocó la pajita más pequeña?, que Zeus es un tramposo, que soy su favorito, que ¿por qué a Atenea le tocó gobernar la tierra si nunca participó del sorteo? ¡Dioses! ¡Solo los muertos pueden soportarlo!- el emperador guardó silencio por breves segundos, ante la mirada de todos nuevamente tomó el asiento perteneciente a Athena, mirando altivamente dijo: Kanon, al final nadie sabe para quien trabaja, solo resta decirte gracias. Yo, Poseidón el emperador de los mares con un general marina que no me corresponde, conquisté el reino de Athena.

– Kanon, nunca despertaste del lado de la justicia… – susurró Saga, llamando la atención de su hermano quien lo buscó con la mirada a través de la multitud, pero no encontró en él el apoyo que esperaba.

– Saga, yo…yo no haría nada contra el santuario – respondió el gemelo menor rogando credibilidad.

– Ya no sé que pensar.

– ¡Dijiste que siempre estarías conmigo! pero ahora… – buscó entonces a Milo que en la batalla contra Hades le había otorgado su reconocimiento y perdón, pero fuera de encontrar fe en él, vio como el santo de escorpio expresaba su furia contenida en el sollozo de sus ojos, uno a uno sus camaradas bajaban la mirada desentendiéndose del que hasta hace poco formaba parte de los guerreros que se sacrificaron por Athena.

Continuará…

7 comentarios to “Capitulo XII – Los dioses deben estar Locos”

  1. shaki leo octubre 12, 2011 a 9:29 pm #

    que tal…
    no me lo espersba
    bien kanon te mareses una madayita de honor…
    TODOS CONTRA EL SANTUARIO

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  1. Capítulo XVIII_ Al Otro Lado de la Puerta _ TxP | Janniceg Frankfurt - mayo 22, 2013

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  6. Bitacoras.com - agosto 27, 2011

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