CAPITULO II: EL DESTINO DE POLARIS

15 Sep

Después de muchísimo tiempo en las heladas tierras del blog  se presenta como caído del cielo el capítulo II de “MÁS ALLÁ DE MIS SUEÑOS”. Si aún no leíste esta hermosa historia, puedes comenzar a leerla ahora mismo, haciendo click en los siguientes enlaces:

Capítulo I : “ Dos Amantes Corazones

Capítulo II: “El destino de Polaris”

Capitulo III “la Redención del dios Guerrero”

TE RECUERDO , QUE LOS SOUNDTRACKS SE ENCUENTRAN DANDOLE CLICK A  LAS IMAGENES QUE ACOMPAÑAN EL FIC.

CAPITULO II

EL DESTINO DE POLARIS

Temblores, frío, muerte, llanto y destrucción se apoderaron de las pacificas tierras de Asgard. Un momento de desesperación invadió los corazones de todo el reino, en tanto los pasillos del castillo se llenaban de guardias y caballeros que a prisa corrían buscando a su rey.

– ¡Alteza!, ¡alteza! ¿donde estais? – gritaban los guardias impotentes ante los tiempos vividos.

Alberich de Megrez fue el primero en darse cuenta, y es que era evidente que si Asgard se sumía en caos, era solo su majestad el Rey Roderik, quien sabía el porque de la ira de Odín. Desde muy pequeño sentía gran admiración por su rey, él era el protagonista de incontables victorias, aquel héroe reconocido por su nobleza, valentía e inteligencia, la máxima aspiración del joven Megrez era ser como su rey y superarlo.

– Majestad… – dejaba escapar de sus labios, mientras contaba las posibilidades infinitas de esta catástrofe. El Rey bueno, gentil, noble y justo sabría dar solución a cualquier adversidad, se convencía a si mismo, tratando de evitar ser invadido por el más cruel sentimiento que iniciaba la conquista en su interior. De pronto, un golpe seco se escuchó y al levantar la mirada sus ojos vieron caer la mano que alguna vez fué fuerte y la más valerosa del reino extendiéndose en los suelos frígidos del palacio de manera violenta y sin vida; en milésimas de segundos aquel oscuro sentimiento lo trasladó al pasado, poseyéndolo.

———-Flash back———-

¡Plap!, ¡plap!

– ¡Insensato!, !¿por qué lo hiciste?!, ¿acaso no te preocupa el bienestar de la familia?. ¡Mira los harapos en los que andáis!; nuestra familia se enorgullece de ser la preferida del Reino y voz … y tú… ¡tú llevarás a la ruina todo nuestro trabajo!, vuestra madre se desvanece en sus sábanas, mientras el cerebro diáfano de Asgard juega a las batallas perdiendo el tiempo. – reprendía el noble más orgulloso y distinguido del reino de Asgard, mientras yacía en el piso un dolorido y avergonzado niño de 8 años con una espadita de madera hecha pedazos al mismo tiempo que frotaba sus mejillas .

Siegfried la talló para mí… – respondió Alberich con tristeza y pensó “es la primera vez que alguien hace algo sinceramente por mi”- un sentimiento de ternura y de especial cariño nació desde el fondo de su corazón por el detalle desinteresado que tuvo su aquel entonces amigo.

-¡Silencio!, Un noble como tú no debe hacer amistad con pueblerinos huerfanos y advenedizos – increpó su padré señalando la espada hecha pedazos.

– Syd y Hagen también… – comenzaba a hablar cuando fué interrumpido por segunda vez.

– ¡No compares a los Mizard con nuestra familia! – respondió su padre para luego emitir un suspiro profundo, suavizando sus facciones, tomándo al pequeño por los hombros y hablando con suave voz – Escuchad Alberich, hijo mío, admiro tu valor, tu sed de conocimiento y tu inteligencia, algún día seréis el rey más grande de Asgard y os recordarán por generaciones, dejando a un lado a los reyes del pasado, será entonces cuando la dinastía Megrez se abrirá paso a la inmortalidad y la gloria, pero para ello debes mantener la compostura.

– El pueblo ama a nuestro Rey porque es justo y trata a todos por igual – respondió el pequeño al mismo tiempo retirando el mechón rojo que caía cubriendo medio rostro, dejando ver sus hermosos ojos verdes.

– ¡El rey es débil!, cuando vais a comprender – hablaba mientras sacudía a su hijo – Terminad vuestros deberes. Los tutores no tardaran. – dió unos pasos fuera de la amplia y elegante biblioteca y concluyó – Recuerda que para ganar una batalla solo debes dedicarte a ella y concentrarte – y continuó su camino sin dar la espalda, mientras se escuchaba la voz del pequeño decir:

– Mil perdones. Padre, os suplico que no le digáis nada a mamá, su estado es muy delicado y no quisiera causarle un disgusto, pasaré hoy a verla. No temáis, os haré caso…padre – respondía el pequeño con lagrímas duramente contenidas en los ojos.

Una criada hizo su aparición abrupta ante el Cabeza de los Megrez horrorizada le dijo algo en voz baja, haciendo que el noble corriera por los pasillos, siendo poco usual en un Megrez . La madre de Alberich había fallecido y el pequeño nunca pudo decirle lo mucho que la amaba . Todo por haber pasado el día entero con sus amigos. Esto hacia que el pequeño Alberich se sintiera muy mal consigo mismo. Jamás volvería a ver esa dulce sonrisa dedicada solo a él.

—— Fin del Flash back ——



– ¡Padre!

Pronunciaron al unisono Hilda y Siegfried, mientras ingresaban a los aposentos, lugar que en más de una ocasión fue confesorio, o parte de un retiro espiritual ante los ojos del Rey.

– ¡Padreee! – gritó desgarradoramente Hilda al ver el cuerpo de su amado padre inerte, acercándose a él prontamente y acariciando su suave cabello – ¡Padre! ¡padre mio! ¡nooo! ¡dime por qué! – sacudiole- ¡Que será de mí, si necesito de vuestra luz para vivir! – hablaba con su padre ya fallecido, mientras que las lágrimas caían como torrentes por su níveo y delicado rostro, sintiendo como si de pronto alguien habría estrujado su corazón hasta dejarlo vacío – ¡Abra los ojos mi señor usted no puede irse así!!. ¡Noooo!-  El llanto de la princesa conmovió el corazón mas duro de todo el reino.

– ¡Alteza! – dijo Siegfried desconcertado, impotente y muy dolido ante semejante escena, mientras se preguntaba a si mismo quien podría ser el causante de aquella tragedia que enlutaba una vez más al reino. Considerado el hombre más valiente y fuerte de entre todos el rey Roderik no debió ser vencido con tanta facilidad, pensaba para si mismo, conteniendo enojo, tristeza y sed de venganza por la muerte de su amado rey y al ver a su adorada princesa sumida en un dolor indescriptible.

No obstante, el guerrero con la mente más brillante se percató de la presencia de un objeto singular que yacía al otro extremo del salón; una lanza, el símbolo del dios de dioses, un objeto tan divino y preciado estaba ahora entre humanos comunes ¿que podía significar?, solo el dios Odín podía portar semejante arma de guerra y únicamente su representante en la tierra podría tocar tan valioso objeto; de pronto la mirada estudiada de Alberich recorrió el salón hasta fijarse en la joven princesa, comprendiendo el significado de la lanza y la muerte del rey, era evidente que el regente, ahora muerto, quiso evitar la profecía e imponer sobre el destino que los dioses habían escrito para la mayor de sus hijas, fué entonces cuando pudo ver las cosas con los ojos de su padre y pensó: – “Insensato y débil. Jamás, jamás seré como vos, olvidasteis que el deber de un Rey es para con su pueblo; muchas vidas a cambio de una sola ¡Que clase de rey sois! ¡con sentimentalismos no llegareis a nada!. Pero yo, yo seré la salvación de este pueblo, ¿habéis entendido…Alberich?” – con una nueva perspectiva en mente el juego de los Megrez comenzó con el primer movimiento.

– Divina Hilda – dijo Alberich llamando enseguida la atención de los presentes – esta lanza ahora os pertenece, vuestro padre se sentiría muy orgulloso siendo esa su última voluntad, estoy seguro de ello – terminó de decir extendiendo su mano en dirección al divino objeto.

– ¡Odín! – susurró Siegfried, cayendo en cuenta que la muerte del Rey no fué a manos de un simple mortal y pensó: ” Odín estuvo aquí. Pero acaso él… ¿Será posible?”

Fue así que la hermosa princesa tomó en sus manos aquel objeto divino predestinado desde la época del mito para que de comienzo la profesía, la cual sería causante de los temores arraigados en lo más oculto del corazón de los segunda jugada de los Megrez fue hecha.

15 días pasaron y los funerales seguían amargando los espiritus de toda Asgard, la nieve perdió su brillo y se podría decir que los colores desaparecieron, ni un ave trinó de nuevo, hasta la flora escasa se había dejado marchitar. La única luz era dada por las miradas perdidas de las más dulces princesas conocidas en la tierra del frío implacable.

Un hermoso barco vikingo suntuoso lleno de manjares y pertenencias guardadas a lo largo del hilo de la vida, y un rey que duerme el sueño de los justos, con las manos entrelazadas y entre ellas su fiel espada, iba al encuentro de aquellos que partieron antes, su amada esposa y sus queridos amigos con quienes compartió un sin fin de emociones, la vida fue completa para aquel gobernante, justo, bueno y valiente, tan amado por su pueblo que ahora lloraba su partida.

– Adiós padre querido… – dejó escapar entre sus suaves labios la representante de Odín en la tierra, encendiendo la flecha para darle paso al Valhalla, un lugar de promesas y encuentros

Las lágrimas no tardaron en caer por toda la multitud y un canto solemne inició en susurro para crecer en orgullo, el cual pudo ser escuchado por las naciones cercanas.

– “El rey Roderik ha muerto, mi amigo partió antes que yo, que tarea tan grande y noble me dejáis amigo. Vuestras hijas no están solas, viviré por ellas como también lo hubiese hecho con el hijo de Sigmund y Siglind”. – Se prometió Wolfangüer antes de lanzar también la flecha de despedida. – Adiós amigo mio.

Caía la noche y el barco seguía ardiendo en llamas, dejándose ver por última vez…. así también los coros y las personas del reino fueron menguando hasta no dejar a nadie más que Siegfried… quien pasó la noche entre la oscuridad de las olas, dejando caer la amargura contenida por todos esos días, buscando al mismo tiempo la respuesta a aquella interrogante que no lo dejaría descansar en paz. El único padre que había conocido se alejaba de su lado para vivir tan solo en sus recuerdos.

– Siegfried… – escuchó la dulce voz de la princesa Hilda nombrarlo logrando voltear para ver la silueta de la hermosa dama – eh decidido cumplir mi destino como la representante de nuestro dios Odin; comprendeis lo que significa ¿no es así? – decía esto entre lágrimas haciendo caer en cuenta a Siegfried, todo lo que ello implicaba .

– Una princesa que ama a su pueblo, lo haría… para evitar algo tan espantoso como lo que hemos vivido. – hablaba Siegfried mientras se inclinaba ante la ahora soberana de Asgard, con lágrimas en los ojos continuó – Una princesa lo haría aún a costa de ser algo que le molesta. – decía mirando al mismo tiempo los hermosos ojos lilas que también lloraban junto con él, fué entonces cuando tomó la mano de la princesa con absoluta delicadeza estampando un dulce besó en el revés – permitid que dedique mi vida a mi amada princesa, yo estaré a su lado siempre, nunca la dejaré sola. Escuchando estas palabras la princesa Hilda no pudo resistir más el contacto de los labios de Siegfried en sus manos mientras sentía caer la tibieza de las lágrimas del caballero, se alejó enseguida, unos segundos más y el destino de Asgard volvería a ser una tragedia.

La silueta de princesa se alejó lo suficiente para que el caballero dejara caer sus rodillas en la arena manteniendo la mirada baja. – “Aceptaré contigo el mismo destino. Brilla princesa mía, lo que siento por ti no lo llegues a saber, estaré aquí tranquilo y silente por el resto de mis días. Usted ahora está “más allá de mis sueños”.- terminó sus palabras levantando la mirada observando la estrella Polaris en toda su magnitud – Brilla princesa, brilla como tu estrella guardiana.

 Pasaron los años, Asgard volvió a ser una nación hermosa y pacífica, los caballeros crecieron en talentos, destreza y belleza..Los Dioses guerreros de Asgard fueron despertados , el tercer movimiento en el juego de los Megrez fué desempeñado, Alberich que se había convertido en un joven amargado y ambicioso juraba vengar la muerte de su padre aquel trágico día de la también muerte del Rey, vengaría la muerte de todo inocente sin darse cuenta que por su mano perdieron la vida, tambien, justos e inocentes.

La princesa Hilda que oraba fielmente a su amado Dios Odín que la complacía en todo llegó a ser la favorita del Dios entre los mortales y divinos; sin embargo fué poseída por el dios griego de los mares, para así controlar la fuerza más poderosa, reinando tierra y mar.

– Jaque Mate – sonrió el joven Megrez dejando que el destino continúe su camino.

Más no contó que Atenea Diosa de la sabiduría reencarnada también en estos tiempos, no se dejó vencer fácilmente.

Cumplieron los dioses guerreros, grandes hazañas en el país de Asgard durante la guerra Santa contra el reino de Atenea.

Residían , poderosos, en el palacio Valhalla. Rindieron vasallaje en sus tierras con orgullosa caballería, honor y lustre hasta sus últimos días.

Perecieron, finalmente, de muerte lastimosa por la rivalidad de dos nobles damas, mas ellas no tuvieron culpa alguna y sus lágrimas y lamentos por años derramados fueron escuchados por los cuervos de Odín que le daban sabiduría y memoria, conmovieron entonces el corazón del mas poderoso de los dioses que reinaba sobre las estrellas en el Valhalla.

El gran dios Odín devolvieseis la vida para cumplir su destino final, el cual se jugaría esta vez con participación de los eternos míticos dioses nórdicos.

Esa noche los cuervos de Odín se posaron en el Palacio Valhalla, sin duda los dioses regalaron una noche especial, la luna brillaba como nunca antes vista. Odín quería ofrecer un regalo tan divino que alegraría el corazón de más de una persona, desde la guerra santa librada por influencia de Poseidón y la muerte de los dioses guerreros, las princesas y el pueblo lamentaron grandemente su pérdida. Hilda todas las noches rogaba a Odín por sus caballeros muertos en batalla al punto de desfallecer siendo encontrada en varias oportunidades en altas horas de la noche desvanecida en el lugar de oración, siempre con lágrimas en los ojos. Se culpaba grandemente el haber sido causante de muerte a aquellos caballeros que juraron lealtad siendo tan jóvenes, ella no podría disfrutar de las maravillas de la vida, sin pensar que eran momentos robados a las ocho almas divinas de su pueblo. Recordaba el juramento que hizo ante Atenea, “Con la ayuda de Odín protegeré a Asgard de toda clase ser maléfico como Poseidón. Siegfried todo va a cambiar”.

Era cierto todo cambió para Asgard, el blanco de la nieve, era lo mismo que la oscuridad, para Hilda de Polaris ya no habia diferencia. Su hermana Flare intentaba disimular su tristeza frente a la soberana, que envejecía cada día manteniendo su voluntad firme con sus oraciones.

Cuando la Osa mayor, guardiana de los dioses guerreros se posó sobre la estatua de Odín, estas empezaron a brillar a la par de sus estrellas descendiendo de ellas 8 hilos de plata que coincidían curiosamente con el lugar en el que cada dios guerrero recibió su armadura. De pronto sintieron volver ocho cosmos muy familiares, el corazón de la moza se alegró al punto de casi estallar de amor e ilusión, esperando que no sean vanas; sintió entonces que alguien llamaba a su puerta. Era suhermana menor Flare, quien también percibió los cosmos y sin siquiera cruzar palabras ambas salieron corriendo hacia donde las luces provenían.

Los cascos de los caballos se escucharon a todo galope ante la sorpresa de los guardias reales que no tardaron en seguirlas. Flare a todo galope desvió su camino apartándose de Hilda, comprendió entonces Hilda que su pequeña hermana se dirigía hacia la luz que venía de la estrella de Beta, dejándola sola ante el bosque iluminado lleno de sombras que lejos de presagiar desdichas solo pintaban nuevas esperanzas.

Hilda sentía un llamado muy fuerte, una presencia familiar que armonizaba con su alma, llenándola de gratos recuerdos.

Decendió del caballo, ante el impedimento que las ramas y arbustos ponían en el camino; corrió y corrió sin importarle que sus vestidos fueran desgarrados por las ramas que azotaban sus brazos y piernas a su paso. Si bien es cierto Flare corría para Beta, Hilda corría con destino a Alfa, la respiración entrecortada y el cansancio de recorrer el trayecto muy amplio no se hizo esperar y como por arte de magia aquella luz que llamó su atención desde un principio se encontraba frente a ella; en su interior se dibujaba el perfil de la armadura ya conocida por Hilda. Tanta era la emoción que hasta escuchaba el latir su corazón, ¿sería acaso posible que Odín haya escuchado sus rezos después de tanto tiempo?. Fijó sus ojos en aquella armadura que alguna vez vistió al Dios Guerrero más amado por ella. Observando cada detalle estaba, cuando sus hermosos ojos lilas se percataron de la presencia de un cuerpo que yacía desvanecido a los pies de la divina armadura. Cabellos castaños semi ondulados, piel blanca fue lo primero que llegó a ver, haciendo que sus ojos se abrieran más de tanto asombro, llevándose la mano a la boca.

– ¡Por Odín!- exclamó y fue corriendo donde yacía el durmiente; quitándose su capa,  cubriéndolo.

 La Redención del Dios Guerrero – Capítulo IV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: